La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

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Paul Davies y la Fe implícita en la Ciencia

Posted by Carlos en diciembre 19, 2007

El debate entre ciencia y religión es recurrente, y con frecuencia cansino y repetitivo. A fuer de ser sinceros, en muchas ocasiones es también artificial, al menos en el contexto del judeo-cristianismo, en general alejado de literalismos (por supuesto, con clamorosas y ruidosas excepciones). En cierto sentido, esto es lo que llevó a Stephen Jay Gould a postular su principio de los magisterios separados, esto es, que ciencia y religión son paradigmas diferentes cuyos campos de aplicación son distintos, y para los que en cada caso uno es apropiado y el otro no. Esta idea no está exenta de crítica, ya que por ejemplo Richard Dawkins -rememorando u honrando quizás cuitas anteriores- considera que cuestiones tales como la existencia de Dios entran dentro del ámbito de lo científico, y son falsables. Un punto de vista diferente al de los dos anteriores es el expuesto recientemente por Paul Davies en un artículo de opinión en el New York Times titulado “Taking Science on Faith“. El argumento principal de Davies es negar la separación entre el magisterio científico (basado en modelar, explicar y predecir lo empírico) y el magisterio religioso (basado en la creencia de lo que aparentemente carece de base empírica), no porque el objeto último de la creencia sea falsable, sino porque el propio paradigma científico tiene también su propio sistema de creencias. En sus propias palabras:

Toda la ciencia se basa en la suposición de que la naturaleza tiene un orden racional e inteligible. Uno no podría ser científico si pensara que el universo es un revoltijo sin sentido de probabilidades y sucesos yuxtapuestos azarosamente. Cuando los físicos investigan un nivel más profundo de la estructura subatómica, o cuando los astrónomos extienden el alcance de sus instrumento, esperan encontrar un elegante orden matemático. Y hasta el momento esta fe ha estado justificada.

Indudablemente, este anhelo de orden y elegancia matemática existe, y va más allá de que sea imprescindible para poder realizar ciencia: está profundamente imbricado en nuestras mentes, constituyendo en muchas ocasiones el motor del avance científico. Sea como fuere, ¿es racional esta suposición? En términos prácticos está claro que hasta el momento funciona, y que si resultara irracional, la propia ciencia -incluso el universo- lo sería también. En el mejor de los casos todo sería una siniestra broma, un castillo en el aire sin razón ni base.

La cuestión -una vez que se tienen las leyes físicas- es entonces dar con el porqué de dichas leyes. Al llegar a este punto es donde la física puede empezar a convertirse en meta-física. Considerar que las leyes físicas son así como las observamos, pero que el motivo de las mismas está fuera de nuestro alcance nos lleva a una suerte de deísmo, aunque sea involuntario. Uno de los argumentos más recientes para explicar el origen de estas leyes, y cómo éstas parecen estar finamente ajustadas para nuestra existencia es el bien conocido Principio Antrópico. Este principio encaja muy bien con los modelos que emanan de la Teoría de Cuerdas y que sugieren que hay un gran número de universos posibles (en torno a 10500, correspondientes a diferentes mínimos dentro de un paisaje cósmico). A nadie escapa que una explicación antrópica es poco atractiva en términos científicos, lo que indirectamente resulta en la paradoja de que que se refuerce su aceptación por parte de la comunidad física ante el fracaso en la búsqueda de explicaciones no-antrópicas (mucho más “digeribles”).

Cosmic Landscape

En cualquier caso, Davies argumenta en relación a la existencia y funcionamiento de este paisaje cósmico (y en realidad de cualquier multiverso que pudiera existir), y sobre cuáles son los mecanismos físicos que llevan a la creación de estos múltiples universos, y que fijan sus leyes locales. La cuestión sobre el origen de las leyes físicas se traslada entonces a otro nivel superior. Suponer que las meta-leyes que gobiernan la existencia de las leyes locales son eternas y prefijadas es una suposición que puede hacerse transitoriamente, pero que en última instancia ha de poder plantearse y explicarse en términos científicos. Según Davies:

[…] Las leyes deberían tener una explicación desde dentro del universo, y no apelar a un agente externo. Los detalles de la explicación son materia de investigación futura, pero mientras la ciencia no encuentre una teoría comprobable de las leyes del universo, la afirmación de que está libre de fe es manifiestamente falsa.

Como dicen los angloparlantes, food for thought.

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Paul Davies y la colonización de Marte

Posted by Carlos en enero 4, 2007

Hace un par de días hablábamos del programa espacial y su interrelación con la ciencia-ficción, y en particular de si esta última puede estar sesgando las líneas prioritarias de actuación. El tema da mucho de sí, y precisamente acabo de llegar -via Backreaction– a unas declaraciones de Paul Davies, el famoso físico británico, que pueden tener que ver con este asunto. Dichas declaraciones las ha realizado para la Edge Foundation, una sociedad compuesta por intelectuales de ciencia y tecnología que intenta suscitar interés por cuestiones científicas en el público general (frecuentemente de manera un tanto provocativa), y en ellas muestra su optimismo hacia la colonización de Marte.

Paul DaviesEl Prof. Davies empieza su toma de posición con una predicción: poco antes de fin de siglo habrá una colonia humana en Marte. Según él, esto pasará cuando la gente se dé cuenta de que son innecesarios los viajes de ida y vuelta al Planeta Rojo (no en vano el título elegido para su comentario es “Un billete de ida a Marte”). Al eliminar el viaje de vuelta se conseguirá un doble objetivo: (1) un ahorro de recursos considerable, y (2) una reducción de los riesgos para los astronautas, ya que el despegue y el aterrizaje son las fases más delicadas del viaje.

En mi opinión, esta justificación es bastante cuestionable. Empezando por (2), hay que tener en cuenta que los mayores riesgos de una misión de este tipo no estarían en el viaje, sino en la supervivencia en Marte. El Prof. Davies argumenta que en misiones previas se podrían haber enviado los suministros y las fuentes de energía nucleares necesarias para un asentamiento. Lógicamente, todos estos preparativos y viajes previos a Marte para asegurar la presencia de un asentamiento viable cuando lleguen los colonos tienen un elevado coste que ha de sumarse al total, lo que pone en cuarentena el punto (1). De todas formas, asumiendo que ya se dispone de los medios básicos para un asentamiento en la superficie de Marte, los riesgos seguirían siendo enormes. El Prof. Davies aduce que la vida sería complicada para los pioneros, pero la realidad sería mucho más dura: cualquier situación imprevista (una tormenta gigante de arena, un corrimiento de tierras, etc.) pondría a los colonos en una situación potencialmente crítica.

Habitat en Marte

Puede aducirse a todo lo anterior que en un escenario de 90 años vista, los medios técnicos pueden facilitar enormemente la supervivencia de unos hipotéticos colonos en Marte. Esto es cierto, pero dicha mejora de la tecnología también sería aplicable a todas las fases del viaje, lo que no está contemplado en el argumento del Prof. Davies (por ejemplo, menciona los riesgos de la radiación interestelar y de la falta de gravedad durante el viaje como riesgos comparables a los de la supervivencia en la superficie). Hay también otras consideraciones importantes, tales como la reacción de la sociedad en general ante la perspectiva de enviar alguien a Marte sin posibilidad de regreso. No me cabe duda de que no faltarían voluntarios, pero ¿se trataría de una situación admisible? Nuevamente, la sociedad puede haber evolucionado de manera insospechada para finales de siglo, por lo que esta observación puede ser absolutamente irrelevante (o crucial).

Quizás lo más interesante desde el punto de vista de lo que comentábamos el otro día acerca del sesgo del programa espacial, son las palabras finales del Prof. Davies, que traduzco tal cual:

¿Cuando podrían enviarse los primeros colonos? En unos pocos años, si los políticos no se inmiscuyen. La NASA podría enviar una tripulación de cuatro personas a Marte usando la tecnología actual, pero la agencia carece del coraje y la imaginación para una misión aventurera de estas características. Sin embargo, soy optimista en que los nuevos actores espaciales —China y la India— no padecerán la misma timidez occidental. Una colonia conjunta chino-hindú en Marte para 2100 no sólo es tecnológicamente factible, sino políticamente realista.

Hay que aclarar que Paul Davies es un gran físico, con una fantástica capacidad divulgadora, pero el programa espacial no es su especialidad. Lo anterior responde por lo tanto a un deseo, más que a un juicio técnico. A priori, una extrapolación de nuestra tecnología actual a un futuro cercano podría indicar que antes de colonizar Marte habría que continuar con la exploración robótica, y eventualmente construir una estación orbital como avanzadilla de una posible exploración humana. Saltarse todas estas etapas previas parece cuanto menos temerario.

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