La Singularidad Desnuda

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Los Chicos de Stonehenge (Children of the Stones)

Posted by Carlos en noviembre 30, 2006

Children of the Stones Quien hoy en día ande por los “taytantos” posiblemente recuerde una serie de televisión británica de finales de los setenta y principios de los ochenta (se produjo en 1977, pero en España se debió emitir sobre el 1980), titulada Children of the Stones, y que en España se tradujo como “Los chicos de Stonehenge”. Guardaba un vago pero grato recuerdo de esta serie, y recientemente lo he podido refrescar gracias a la magia de las re-ediciones en DVD. Se trata de una serie que cabalgaba entre la ciencia ficción y lo fantástico (personalmente, me inclino más por englobarla dentro de lo primero), y que sin tener efectos especiales brillantes (no es que los efectos fueran malos -los pocos que había eran aceptables, máxime teniendo en cuenta la época- sino que simplemente no se necesitaban), conseguía enganchar al espectador por el atractivo de la trama. De hecho, siendo como era una serie esencialmente destinada al público juvenil, el argumento no sólo no caía en simplismos y acción fácil, sino que tejía una trama bastante compleja que realmente requería pararse a veces a pensar en cómo encajaban todas las piezas.

Todo empieza cuando el astrofísico Adam Blake y su jovencísimo hijo Matthew llegan a un pueblecito en medio de la campiña inglesa. Dicho pueblecito es realmente pequeño, con su única tienda de ultramarinos, su único pub/restaurante, su colegio con apenas una docena de niños, etc. y tiene un detalle ciertamente interesante: está rodeado de menhires, al estilo de Stonehenge (o quizás más complejo, porque además del círculo que rodea al pueblo, hay una avenida, y un santuario). De hecho, el propósito con el que este astrofísico llega al pueblo es estudiar dichas piedras y su magnetismo (curiosa labor para un astrofísico, pero bueno, su sapiencia se revelará como necesaria más adelante).

Avebury Henge and Village

Nada más llegar, resulta evidente tanto para los protagonistas como para los espectadores que en el pueblo pasa algo raro. Los habitantes nativos se comportan de manera extraña: son sumamente amables, se saludan con un “Feliz Día”, a veces pronuncian frases un tanto enigmáticas, de vez en cuando se reúnen de noche en círculo en torno a la iglesia (en desuso) del pueblo, y parecen tener una especie de relación de subordinación con el Sr. Hendrick, un rico gentleman que tiene diversas propiedades en el pueblo, un porte distinguido y enigmático, y que parece controlar los tiempos de cuanto sucede en el pueblo. El mencionado Sr. Hendrick es a la sazón el casero de nuestros protagonistas, y rápidamente se revela como una persona muy culta, con profundos conocimientos de -entre otras cosas- astronomía y astrofísica.

Hay también otros personajes que también juegan un papel importante en la trama. Están por ejemplo la directora del museo local, Margaret, y su hija Sandra, que enseguida establecerán una estrecha relación con el Prof. Blake y su hijo respectivamente (la primera como contrapartida pseudocientífica al racionalismo del astrofísico, y la segunda como compañera de fatigas en el colegio). Ambas son también recién llegadas al pueblo, y no parecen participar en el extraño comportamiento de los locales. Otro personaje importante en la trama (fundamentalmente a la hora de unir algunos cabos sueltos, o dar pistas importantes a los protagonistas) es Dai, una especie de vagabundo que vive en el santuario de piedras, y que afirma que ahí está protegido de lo que le sucede al resto del pueblo.

Los chicos de stonehengeMargaret instruirá al Prof. Blake en la estructura megalítica, en la historia local, y en la existencia de una serie de “líneas de fuerza” que parecen confluir en el círculo de piedras. Esta supuesta fuerza se irá revelando como real, ya que puede medirse el magnetismo residual de las piedras (impagable una escena en la que la Sr. Crabtree, un ama de llaves mayor y muy del pueblo observa extrañada uno de los aparatos que el astrofísico trajo consigo: “Es un magnetómetro” le aclara el Prof. Blake; “Sin duda” responde ella con esa flema británica). Más aún, cuando el Prof. Blake toca una de las piedras por petición de Margaret, sufre una especie de descarga eléctrica (o psíquica). No acaban ahí los misterios de las piedras, pues no parecen estar alineadas como los típicos observatorios megalíticos, sino que parecen apuntar de alguna manera a un punto del cielo en el que aparentemente no hay nada. Pronto sabremos que en dicho punto hubo una supernova hace miles de años, durante la época megalítica, y que en la actualidad hay un agujero negro. Para rematar los misterios, las líneas de fuerza que confluyen en el círculo de piedras no lo hacen de manera tangencial ni radial, sino que parecen señalar a otro pequeño círculo dentro del pueblo en el que está… la casa del Sr. Hendrick.

No diré nada más sobre el argumento por si alguien decide ver la serie. Únicamente señalaré que a medida que avanza la trama se va haciendo patente la noción de burbuja espacio-temporal (y si esto más que aclarar intriga, pues una razón más para ver la serie). Sí debe destacarse la gran interpretación de los actores. El papel de Adam Blake lo representa Gareth Thomas, al que los de mi generación posiblemente recordarán como Roj Blake en “Los 7 de Blake” (Blakes’s 7), la serie de ciencia ficción británica. Iain Cuthbertson también está espléndido como el Sr. Hendrick, combinando esa apostura flemática tan británica con un punto de científico megalómano. Muy bien también el resto de los actores, con ese estilo más cercano al teatro que al cine, propio de las producciones británicas de la época. En resumen, una serie muy bien desarrollada, con una ambientación muy buena (fantástica la música de entrada), relativamente corta (son siete capítulos de alrededor de 1 media hora, divididos cada uno en dos partes), y que tiene un desenlace interesante.

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