La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archive for the ‘Libros’ Category

«Spin» de Robert Charles Wilson

Posted by Carlos en agosto 6, 2008

Spin (Robert Charles Wilson) Spin es la novela con la que Robert Charles Wilson, estadounidense afincado en Canadá y con una larga trayectoria a sus espaldas, ganó en 2006 el Premio Hugo. El punto de partida de la historia es muy atractivo: una noche de otoño de un año indeterminado del presente la Luna y todas las estrellas desaparecen de la vista, y todos los satélites que orbitan la Tierra caen al suelo. El planeta ha sido envuelto en una barrera (o más apropiadamente, una membrana, como luego se demostraría) denominada el Spin. La falta de información debida a la disrupción de comunicaciones causa un primer momento de gran incertidumbre hasta comprobar que el Sol (al fin y al cabo una estrella más) se hace visible al amanecer. No es el fin del mundo, máxime cuando se comprueba que aparentemente la Luna sigue en su sitio a juzgar por la normalidad de las mareas, pero el extraordinario fenómeno demanda explicación y empieza a suscitar todo tipo de reacciones, entre las que destaca el surgimiento de un culto religioso que lo interpreta como señal divina, quizás marcando el comienzo del Apocalipsis.

La historia se centra en tres personajes, Diane y Jason Lawton, hermanos, y Tyler Dupree, amigo de la infancia y cuyo punto de vista es el que narra la trama. Los hermanos Lawton son de familia adinerada y poderosa, sobre todo a partir de que su padre E.D. Lawton reinvente las redes de telecomunicaciones a partir de globos aerostáticos, y eventualmente alcance un nivel de influencia del más alto nivel político. Extremadamente inteligente y con un enorme tesón, Jason dedicará su vida a intentar entender la causa y finalidad del Spin, cuyo origen no natural queda claro en el momento en el que se descubren unos objetos desconocidos orbitando sobre los polos, y un fallido ataque termonuclear sobre los mismos provoca una momentánea fluctuación de la membrana. La creación del Spin se atribuye a unas entidades denominadas los Hipotéticos, a falta de mejor nombre. Se descubre que el Sol que se ve no es más que una simulación generada por el Spin para mantener las condiciones de habitabilidad en la Tierra, pero el descubrimiento más asombroso se produce cuando a partir del testimonio (inicialmente desechado por absurdo) de astronautas en órbita en el momento de la aparición de la membrana y de los datos de sondas lanzadas con posterioridad, se llega a la conclusión de que el Spin está introduciendo una distorsión temporal: cada segundo en la Tierra corresponde a 3.17 años fuera de la membrana. Esto lleva a dos conclusiones inmediatas: (i) el Spin es a la vez la causa y el remedio al problema, proporcionando un apantallamiento protector para toda la radiación letal que la Tierra recibiría de estar desprotegida frente al gradiente temporal, y (ii) en el lapso de una generación el Sol se tornará una gigante roja que engullirá a la Tierra.

La constatación de este hecho, a la vez que espada de Damocles sobre la Humanidad proporciona posibilidades inimaginables: puede intentarse la terraformación de Marte en el lapso de unos años. Sucesivas oleadas de microorganismos cada vez más complejos son lanzados en dirección al Planeta Rojo. Debido a la distorsión temporal, un segundo en la tierra después de atravesar la membrana, los envíos ya han llegado a Marte; una hora después llevan milenios reproduciéndose; al cabo de un año en la Tierra han pasado casi 100 millones de años de evolución. Los cambios inducidos por la creciente biosfera marciana, y la evolución del Sol, desplazando la zona habitable del Sistema Solar hacia fuera, permiten que eventualmente se envíen colonos a Marte como salvaguarda de la civilización terrestre. No habrán de pasar muchos años hasta que se den dos acontecimientos cruciales. Marte, un mundo ya con una desarrollada civilización, se ve envuelto a su vez por una membrana de Spin, y poco antes de ello envían a la Tierra a un emisario que porta una propuesta que puede dar respuestas sobre el Spin: lanzar al espacio una colonia de organismos autorreplicantes que medrarán en los fríos cuerpos de la Nube de Oort, y de allí se desplazarán a otras estrellas, creando una red de cómputo de escala galáctica que recopilará información sobre otros planetas con membranas de Spin, y su evolución a largo plazo.

A pesar de que las anteriores pinceladas hagan pensar en una obra de ciencia-ficción hard, hay algunas consideraciones que hacer. Suele comentarse a menudo que la literatura de ciencia-ficción adolece de personajes planos y poca profundidad narrativa. Este tópico no anda desencaminado en ocasiones, lo cual no es óbice para que su máxima expresión haya producido algunas de las más grandes gemas del género. Pensemos por ejemplo en el añorado Robert L. Forward, cuyos personajes eran poco más que instrumentos al servicio de un grandioso escenario de ficción científica. Bien es verdad que no todos los autores tienen el talento para componer un mundo que haga volar la imaginación, alienígenas que provoquen asombro, o tramas de escala cósmica que enganchen al lector, y es en esos casos en los que las deficiencias de caracterización se hacen más evidentes. Una de las reacciones ante esta situación es que los autores intenten compensarla trufando la historia de vivencias de los personajes, en un intento de dotarlos de profundidad y relieve. El peligro viene de la sobrecompensación, que a veces hace que el resultado sea un drama con un telón de fondo de ciencia-ficción. Un ejemplo notable de esto lo encontramos en novelas como Cronopaisajede Gregory Benford, o la anterior obra de Robert Charles Wilson, Los Cronolitospor citar un par de casos. La lectura de las mismas deja a veces un poso de oportunidad perdida para una gran historia de ciencia-ficción. Es como si George Lucas hubiera dedicado una hora de La Guerra de las Galaxias a mostrarnos lo dura que era la vida en las granjas de humedad, cuánto madrugaba Luke, y cuán compleja era su relación personal con Owen Lars.

Spin tiende a caer a veces en este problema: la trama se desarrolla en dos hilos, uno de los cuales narra la hstoria desde el comienzo del Spin, y el otro –un par de decadas en el futuro- muestra a Tyler y Diane como fugitivos en busca de su destino final (en el sentido geográfico), y una gran proporción de ambos se dedica a las tribulaciones personales de los personajes. Personalmente encuentro poco interesante los problemas de la madre de Jason y Diane con el alcohol, o los problemas de la secta religiosa en la que esta última se introduce. Tampoco puede decirse que haya un clímax en la historia, ya que lo único parecido es la revelación que Jason hace finalmente sobre la naturaleza de los Hipotéticos y la finalidad del Spin. En resumen puede decirse que se trata de un plato con buenos ingredientes (no totalmente originales también es cierto, véase por ejemplo Cuarentenade Greg Egan), pero que no ha sido cocinada al gusto de la CF hard. Hay una secuela ( Axis) y una trilogía en el horizonte, pero no ocupan los primeros puestos de mi lista de prioridades.

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Guía de Campo de la Programación Genética

Posted by Carlos en abril 9, 2008

La programación genética es uno de los cuatro paradigmas principales de la computación evolutiva. Básicamente consiste en el empleo de un enfoque evolutivo para la generación de programas que resuelven una cierta tarea. Tradicionalmente, estos programas se representan mediante árboles sintácticos a través de los que es posible expresar funciones complejas e incluso programas, dependiendo del conjunto de símbolos disponible (no es extraño en cualquier caso encontrar también representaciones lineales de programas, o representaciones basadas en grafos). Para construir dichos árboles es preciso especificar el conjunto de símbolos terminales que se emplearán como hojas de los árboles (variables, constantes, etc.), así como los símbolos no terminales (funciones básicas) que se emplearán en los nodos internos, y si es preciso las reglas sintácticas y semánticas de indican qué árboles son correctos.

Genetic Programming Tree

A partir de ahí, se emplean los mecanismos de selección, reproducción y reemplazo para hacer evolucionar una población de programas en pos de la solución de un cierto problema (ya sea de tipo supervisado, en el que se desea producir una cierta salida conocida ante ciertas entradas, o no supervisado, en el que típicamente se desea un cierto comportamiento de un sistema controlado por el programa, pero no se dispone explícitamente de las salidas precisas que hay que producir para ello). Lo mejor de todo es que este enfoque funciona, y es posible resolver satisfactoriamente problemas de diferente índole (clasificación, síntesis de circuitos, control de sistemas, etc.). A modo de muestra, pinchando en la imagen inferior se puede acceder a un applet de java que emplea programación genética para realizar regresión simbólica, esto es, encontrar la curva que mejor se ajusta a unos datos sin conocer no ya los parámetros de la misma (eso sería simple regresión numérica), sino la propia forma funcional de ésta (que puede ser sumamente compleja).

Symbolic Regression with Genetic Programming

Hay disponibles diferentes libros de texto o colecciones de artículos más o menos avanzados sobre el tema, y desde hace unas semanas una guía de campo introductoria. Los autores de esa guía son Riccardo Poli, William B. Langdon (ganador por cierto este año de la tercera edición del premio a la contribución sobresaliente a la computación evolutiva, ex aequo con Marc Schoenauer; Poli y Wolfgang Banzhaf lo ganaron el año pasado, y Jennifer Willies antes que ellos), y Nicholas McPhee, y durante la conferencia de hace dos semanas acudieron con una caja de ejemplares que fueron regalando a cambio de la voluntá (y que firmaron a quien quiso). Quien esté interesado en el área puede encontrar interesante que el libro está bajo una licencia CC y puede bajarse gratuitamente de aquí.

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«Starplex» de Robert J. Sawyer

Posted by Carlos en diciembre 26, 2007

StarplexRobert J. Sawyer es uno de los valores seguros de la ciencia-ficción hard actual. Últimamente había leído cuatro obras suyas (End of a Era, Calculating God, Flashforward, Iterations), y todas me dejaron una buena impresión, tanto por su talento imaginativo (Iterations por ejemplo es una colección de relatos cortos que contiene algunas gemas notables), como por el cuidado de los detalles científicos, y por algunos de los temas recurrentes en sus novelas (dinosaurios, racionalismo, inmortalidad, …). Starplex, la novela que nos ocupa no es una excepción en este sentido.

El punto de partida de Starplex es la existencia de una red de «atajos» similares a agujeros de gusano que permiten desplazarse por la galaxia (en realidad no se trata de agujeros de gusano al uso, ya que las bocas de entrada/salida tienen una complicada interconexión múltiple, y existe un cierto hiperespacio que les da soporte). Esa red de pasarelas cósmicas fue construida -tópico al canto- por una civilización de la que no se tiene noticia alguna, y tiene una curiosa característica: no se puede emplear una cierta pasarela como salida hasta que no haya sido empleada antes como entrada. De esta forma, una zona de la galaxia no se abre al resto de la misma hasta que no hay una especie inteligente que desarrolla la tecnología del viaje espacial y atraviesa su pasarela local por primera vez (reminiscencias aquí del concepto del Centinela de Arthur C. Clarke). En el momento en el que la raza humana alcanza su pasarela más cercana, ésta se abre a las dos otras civilizaciones que parecen existir: los Waldahuds y los Ibs (hay una cuarta inteligencia, pero también terrestre, los delfines). Tras el contacto se pone en marcha una Commonwealth de planetas, al más puro estilo Star Trek. De hecho, los Waldahuds tienen mucho del carácter agresivo de los Klingon (aunque el físico no les acompaña, ya que son una especie de mamíferos hexápodos achaparrados, similares a cerdos), y los Ibs son fríos y calculadores como los Vulcanianos. Los Ibs están particularmente bien conseguidos: se trata de seres gestalt, constituidos a partir de la simbiosis de seis organismos diferentes (con distintos grados de inteligencia, desde el completo intelecto racional al puro instinto).

El desarrollo de la historia se divide en dos hilos separados que al final convergen. En la primera vemos las vicisitudes de la nave Starplex cuando atraviesan una de las pasarelas y llegan a una región inexplorada de la galaxia. En ella encontrarán sorpresa tras sorpresa, cada cuál mayor. Se establecerá contacto con una especie alienígena realmente exótica (los darmats) cuyos orígenes se remontan al Universo primordial, y se empezarán a revelar aspectos de una historia de escala cósmica que se extiende durante miles de millones de años. La difícil relación entre humanos y Waldahuds (en la nave y fuera de ella) llevará a una escalada de tensión en los acontecimientos y a una posible guerra. El segundo hilo comienza también el principio del libro, pero cronológicamente empieza en el punto intermedio de la trama anterior, y salta a través del tiempo al futuro profundo. El protagonista (que hace doblete en ambos hilos) entabla contacto con los constructores de la red de pasarelas, y se nos van desgranando detalles que nos ayudarán a recomponer el puzzle final.

Como decía anteriormente, hay aspectos en Starplex que ya aparecieron en otras novelas anteriores (la posible inmortalidad, el papel del observador consciente en la mecánica cuántica, o el principio antrópico por ejemplo), pero las situaciones y el rol de los mismos mantiene cierta originalidad. A fuer de ser sinceros, comencé a leer la novela con algo de escepticismo, debido a algunas críticas no muy positivas que había leído. Sin embargo, la impresión final ha sido bastante positiva. La historia es entretenida, tiene escala cósmica, y la revelación final sobre la razón de los acontecimientos es interesante. End of a Era sigue siendo mi novela favorita de Sawyer, pero ésta no está nada mal.

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«Médula» de Robert Reed

Posted by Carlos en agosto 21, 2007

«Médula» ( Marrow) es la más exitosa novela hasta la fecha de Robert Reed, escritor estadounidense de ciencia-ficción, biólogo de formación, y que atesora 20 años de experiencia como escritor, así como cuatro designaciones para el premio Hugo y una para el Nébula. «Médula» es una novela que se puede clasificar como space opera, a pesar de que toda la acción transcurre en el interior de una astronave. Claro que no se trata de una astronave cualquiera. La Gran Nave tiene un tamaño comparable al de Júpiter y una masa equivalente a unas 20 Tierras. En su interior hay enormes cámaras equipadas para su ocupación, y debajo de las mismas vastos depósitos de agua, amoniaco, metano y silicio, así como la maquinaria necesaria para sintetizar otros compuestos a partir de los mismos. Más debajo aún hay ingentes tanques de combustible que almacenan océanos de hidrógeno líquido para alimentar las toberas de la nave, cada una del tamaño de un pequeño planeta. Por debajo, roca y un núcleo de hierro. La astronave es también inmensamente antigua; las estimaciones de su edad oscilan en los 6,000-15,000 millones de años, lo que la convierte en un objeto creado en los albores del Universo. Para hacerlo todo más enigmático, esas toberas están ahora apagadas, y en el interior de la nave no hay ningún rastro de los Constructores de la misma, ni indicación del propósito por el que la construyeron.

Por motivos de cercanía espacial, los primeros en llegar a la Gran Nave cuando ésta se aproxima a la Vía Láctea son humanos. Otras especies intentan hacerse con el control de la nave por supuesto, pero dado que su casco de hiperfibra es capaz de soportar sin inmutarse el impacto de un cometa a velocidades relativistas, no hay forma de conquistarla por la fuerza desde fuera. El control de la nave por parte de los humanos es pues definitivo. Cuando estos analizan la situación, llegan a la conclusión de que dada la inmensa velocidad de la nave es imposible detenerla: los motores de fusión sólo permiten realizar ajustes en el rumbo. Por este motivo, deciden circunvalar la galaxia, y abrir la astronave a cualquier especie que quiera habitar en una de sus cámaras (y pueda pagar el precio para ello). Eventualmente la astronave llega a estar ocupada por cientos de miles de millones de individuos de centenares de especies alienígenas. El control de la nave se mantiene siempre en manos de una jerarquía de capitanes humanos.

A pesar de la continua ocupación y exploración de las diferentes cámaras de la nave, un artefacto de ese tamaño y antigüedad guarda sorpresas. El impacto casual de un cometa contra el casco genera ondas sísmicas que revelan que en el núcleo de la astronave hay una enorme cámara en cuyo interior hay un objeto del tamaño de Marte. Se organiza una misión encubierta con los mejores capitanes de la nave para llegar hasta este mundo oculto que recibe el nombre de Médula. Mientras todos los miembros de la expedición se hallan sobre este planeta interior, un súbito fenómeno de formidable energía -el Incidente- destruye su vía de comunicación y los deja aislados en la superficie. Con la incertidumbre de si el Incidente ha podido eliminar todo rastro de vida en el resto de la nave, los capitanes han de reinventar la civilización en Médula, un mundo de hierro que a pesar de su enorme inestabilidad sísmica y volcánica alberga una flora y fauna de diversidad sin precedentes. El objetivo es retornar a la Gran Nave, y para ello hay que embarcarse en un periplo de cinco milenios, y superar una división entre los miembros de la expedición (y sus descendientes) motivada por el surgimiento de una mitología sobre los Constructores y sus lucha contra unos seres coetáneos de aquellos, los Inhóspitos. La acción y los secretos de la astronave se precipitarán cuando el retorno a la Gran Nave sea un hecho…

El punto de partida de la historia y algunos de los elementos que van surgiendo le dan a la trama un sabor a tiempo profundo y a escala cósmica que la hacen muy atractiva. La novela tiene un buen ritmo y se lee fácilmente, aunque algunos detalles pueden resultar un poco insatisfactorios. Por ejemplo, los humanos proceden de un futuro no muy lejano en el que gracias a la ingeniería genética, la nanotecnología y los cráneos de biocerámica, la inmortalidad es prácticamente un hecho. En esto se podría trazar una analogía con Schild’s Ladder de Greg Egan, y como en aquel caso contribuye a que la tensión por la supervivencia de un individuo, y la simpatía por los mismos sea bastante pequeña. No obstante, hay que decir que mientras que en Schild’s Ladder los individuos guardaban copias de seguridad remotas de la mente y podían recontruirse a partir de las mismas en cualquier momento, aquí la reconstrucción requiere la recuperación física del cráneo de biocerámica, por lo que su destrucción es de facto la muerte final. Esto le da algo de fragilidad a los humanos, y se agradece en las situaciones de peligro. Puede también encontrarse alguna similitud en la trama relativa al aislamiento en la superficie de Médula con los acontecimientos de Pushing Ice de Alastair Reynolds. El cambio de ritmo una vez se rompe dicho aislamiento es brutal, y a partir de ahí el ritmo es mucho más rápido, lo que por una parte se agradece, pero por otra hace pensar que el tramo final podía haberse alargado un poco más. El desenlace final es un tanto ambiguo, en la medida en la que aunque se da una hipótesis consistente sobre el propósito de la nave, no se llega a verificar fehacientemente. Las posibilidades para una secuela son evidentes, y de hecho dicha secuela ya existe: The Well of Stars.

En resumen, «Médula» es una lectura amena y me ha dejado con ganas de hacerme con la secuela. De 1 a 5, la califico con 3.5 estrellas.

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«Star Dragon» de Mike Brotherton

Posted by Carlos en febrero 12, 2007

Star Dragon coverStar Dragon es el debut novelístico de Mike Brotherton, una de las jóvenes promesas de la ciencia-ficción «dura», muy en la línea del gran Robert L. Forward. De hecho, al igual que éste, Mike Brotherton tiene una amplia formación científica en física y astronomía (es profesor asistente en el departamento de física de la Universidad de Wyoming, y dirige un grupo especializado en el estudio de los quásares). Este conocimiento de temas astrofísicos se ve claramente en esta primera novela suya, en la que la dinámica estelar juega un papel muy importante. Otros temas centrales en la novela son la biotecnología, y la exobiología.

Star Dragon está ambientada en un futuro cercano, a finales del siglo XXVI. Es un mundo en el que la biotecnología es omnipresente, y ocupa el nicho que en la mayor parte de las obras de ciencia-ficción ocuparía la robótica: tenemos biodispositivos que hacen las veces de asistentes, «peces» que se ocupan de procesar los desechos orgánicos en el ambiente, e incluso biosillas (chairbeasts es el descriptivo nombre que usa el autor) que se adaptan perfectamente a las preferencias de su dueño; todos estos dispositivos se crean a partir de biomasa cuando se precisa, y se reciclan cuando dejan de ser útiles o hay otras prioridades. Esta biotecnología también alcanza a los humanos que si bien aún no han logrado la inmortalidad efectiva, sí ven cómo su esperanza de vida se cuenta en siglos. No se trata sólo de los previsibles nanomédicos que fluyen por la sangre, sino de la disponibilidad de «módulos corporales» que permiten cambiar tanto aspectos estéticos (uno de los protagonistas tiene al principio de la novela unas pequeñas alas tras las orejas), como aspectos fisiológicos más profundos.

La novela arranca cuando Biolathe, una compañía de biotecnología recluta a varios expertos para una misión. Una sonda lanzada a finales del s. XXI hacia SS Cygni -a 250 años-luz de la Tierra- ha enviado unas imágenes de video en las que se puede apreciar lo que parece una forma de vida extraterrestre. SS Cygni es lo que se conoce como una variable cataclísmica, un sistema binario formado por una estrella de la secuencia principal y una enana blanca que la vampiriza. Concretamente, el material fluye desde la estrella secundaria hacia la primaria (la enana blanca) formando un disco de acreción en torno a ella. Es precisamente en este disco en el que se identifica la criatura que da nombre a la novela. La misión consiste en ir a dicho sistema y recuperar muestras de la criatura, cuyo valor biotecnológico puede ser incalculable.

cataclysmic variable system
Image credit: K. Smale

El equipo que se embarca en esta misión está compuesto por Fang (la capitán de la nave), Fisher (el exobiólogo), Stearn (el tecno-ingeniero), Henderson (el bio-ingeniero), Deveraux (la astrofísica), y Papa (con este nombre en la versión original, una inteligencia artificial que controla la nave). En este equipo no hay equilibrio de sexos, y aunque a lo largo de una misión de larga duración como esta se forman dos parejas, el desequilibrio no llega a formar parte significativa de la trama. Sí será muy importante el que los objetivos (o mejor dicho, las prioridades) del exobiólogo y de la capitán sean diferentes: el primero desarrollando un instinto protector hacia los dragones, la segunda más propensa a bombardear el disco de acreción y conformarse con una pieza abatida. Esta diferencia de pareceres se acentúa hasta el punto de provocar intentos de sabotaje, aunque llegado el momento de cazar un dragón, estos resultan ser mucho más difíciles de abordar de lo esperado, y la propia supervivencia de la nave fuerza la cooperación entre los miembros del equipo.

Durante toda la trama la influencia del estilo de Robert L. Forward es evidente, tanto en la profusa descripción de la dinámica del sistema (la acumulación de material en el disco de acreción provoca una estallido -una nova enana- cada cierto tiempo, lo que debe tenerse en cuenta durante el desarrollo de la misión), como en la descripción de la fisiología de los dragones. Quién haya leído Camelot 30K sin duda encontrará muchos temas comunes. La novela de Mike Brotherton es sin embargo más efectiva en explicar el porqué de la existencia de los dragones estelares. El final puede calificarse de climático y aceptablemente satisfactorio, lo cual redondea una novela bastante amena (sobre todo para quién guste de la ciencia-ficción dura).

Mike Brotherton pasa con nota alta en su debut. Habrá que seguirle en el futuro, y ver si efectivamente se consolida en el área de la ciencia-ficción hard. Seguiremos informando.

NOTA: La novela está disponible en la web del autor en diferentes formatos, bajo una licencia Creative Commons. Un motivo más para leerla, y seguir de cerca a Mike Brotherton.

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El supremo resolutor de problemas del siglo XX

Posted by Carlos en enero 12, 2007

Hans Bethe «Aprende matemáticas avanzadas en caso de que lo necesites, pero usa sólo lo mínimo necesario para un problema determinado.»

Hans Albrecht Bethe (1906-2005), físico germano-estadounidense

La cita anterior y la máxima «prepárate a hacer conjeturas si eso te ayuda» sintetizan la forma de afrontar los desafíos que planteaba un nuevo problema según Hans Bethe, una de las más brillantes personalidades de las que la ciencia ha disfrutado en el último siglo. De la eficacia de dichos principios, y sobre todo del talento de Bethe, da cuenta el hecho de que Freeman Dyson lo denominara «el supremo resolutor de problemas del siglo XX«. Su capacidad de trabajo erá mítica: «trabajaba como un bulldozer, dirigiéndose directamente hacia la luz al final del túnel» decía Gerald E. Brown. Sus contribuciones a la comprensión de los procesos nucleares que alimentan la producción energética en las estrellas le valieron el Premio Nobel de Física en 1967. Como otros exiliados alemanes, participó en el diseño de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, y en el diseño de la bomba de hidrógeno en 1952, para luego -junto con Albert Einstein- liderar la campaña contra la proliferación nuclear y la carrera armamentística. Fue de hecho uno de los artífices de la prohibición de realizar pruebas nucleares a cielo abierto.

World Scientific acaba de publicar una biografía de Hans Bethe titulada «Hans Bethe and His Physics«, editada por Gerald E. Brown y Chang-Hwan Lee. Puede verse una reseña del libro aquí. Sin duda, aquellos que disfruten con la historia de la ciencia lo encontrarán interesante.

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[Relato] El Jugador

Posted by Carlos en diciembre 31, 2006

El jugador no esperaba haber llegado a ese lugar, pero pensándolo un poco, también había habido algo de bondad en su vida. El lugar era incluso mucho más bello y agradable de lo que había imaginado: por todos lados había magníficas lámparas de cristal, exquisitas alfombras tejidas a mano, los manjares más suntuosos y, por supuesto, bellísimas mujeres, intrigadas por su nuevo compañero celestial. Probó su suerte en la ruleta, y sorprendentemente su número salió una vez tras otra. Probó en las mesas de juego, y su suerte fue igualmente notable: ganó una partida tras otra. De hecho, sus victorias causaban bastante agitación, atrayendo la atención tanto del siempre atento personal, como de las mujeres hermosas.

El jugador continuó ganando un día tras otro, acumulando ganancias cada vez mayores. Todo marchaba a su favor, y semana tras semana, mes tras mes, la racha de éxito del jugador seguía sin romperse.

Pasado un tiempo, todo esto empezó a ser tedioso. El jugador estaba empezando a inquietarse: ganar estaba perdiendo su significado. Pero nada cambió, siguió ganando una partida tras otra hasta que, un día, el por entonces angustiado jugador se dirigió al ángel que parecía a cargo del lugar, y le dijo que no podía aguantar más. El Cielo no era para él después de todo. De hecho, había pensado que estaba destinado para “el otro sitio”, y allí es donde quería estar.

«Pero éste es el otro sitio», fue la respuesta.

Relato tomado de «The Age of Spiritual Machines: When Computers Exceed Human Intelligence«, de Ray Kurzweil, inspirado a su vez en un episodio de «The Twilight Zone» (mi traducción).

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Más allá de la nanotecnología en la ciencia-ficción

Posted by Carlos en diciembre 6, 2006

En una historia de hace unos días comentaba cómo la nanotecnología -siendo como ha sido un recurso habitual en las obras de ciencia-ficción– se está haciendo algo cotidano. Esto está forzando en cierta medida a que los autores del género actualicen sus estrategias argumentales. La nanotecnología todavía permite imaginar posibilidades fuera de nuestro alcance actual, pero su utilidad (ya sea como recurso argumental o como mero atrezzo) esta más limitada a escenarios de futuro próximo. Si un escritor quiere presentar algo marcadamente futurista tiene que llegar más lejos de lo que la nanotecnología puede ofrecer. ¿Y qué hay más allá? Pues lógicamente picotecnología, femtotecnología, attotecnología, …

El Otoño de las EstrellasLa primera obra que leí que hacía referencia expresa a este tipo de tecnologías es «El Otoño de las Estrellas» de Miquel Barceló y Pedro Jorge Romero. En esta novela se plantea como una antigua civilización extraterrestre (los Xila; no confundir con los Xeela) desarrolló femtotecnología (se saltarón la picotecnología, que tampoco parece ser muy popular en otras novelas de ciencia-ficción), con lo eran capaces de manipular estructuras en la escala de 10-15m, tales como átomos individuales. Incluso se nos indica de pasada que poseían capacidad de desarrollar attomáquinas (mil veces más pequeñas que las femtomáquinas) y acceder a la (supuesta) estructura interna de los quarks.

Schild’s LadderOtra novela en la que la femtotecnología está muy presente es en Schild’s Ladder («La Escalera de Schild») de Greg Egan. Esta novela se sitá en un futuro relativamente lejano, en el que la humanidad ha cambiado radicalmente. Entre otros aspectos, se pueden hacer de manera habitual «copias de seguridad» de la mente, con lo que en la práctica se alcanza la inmortalidad, pues si un cuerpo físico muere, se crea otro y listos. Incluso hay seres que prefieren vivir separados de un cuerpo físico, morando simplemente en sistemas computerizados. Todo esto ya lo proponía Egan en «Ciudad Permutación«, aunque si en aquella las copias informáticas funcionaban un orden de magnitud más lentas que una mente física, aquí los avances tecnológicos permiten que una femtomáquina soporte la ejecución de una copia a velocidades nucleares. Esta posibilidad -y en general, la capacidad de manipular la estructura fina del espacio-tiempo mediante femtotecnología y/o attotecnología- resultará fundamental cuando haya que tratar con el «novo-vacío», un estado de los (supuestos) grafos cuánticos a los que todo se reduce en última instancia y que es más estable que el vacío ordinario (por lo que consecuentemente «devora» a este último). Eventualmente, los protagonistas tendrán que zambullirse en la burbuja de novo-vacío en expansión, y a partir de ahí la femtotecnología jugará un papel importante. Resulta muy atractiva la idea de los Planck worms («gusanos de Planck», unas attomáquinas que manipulan los grafos cuánticos).

Llegamos finalmente a Pushing Ice de Alastair Reynolds, de la cual hice una reseña hace unas semanas. En esta obra se presentan las denominadas forge vats («tinajas de forja»), una suerte de cornucopia que permite producir cualquier tipo de objeto, si se dispone del programa adecuado. Inicialmente, los principios de funcionamiento de estas forjas son básicamente nanotecnológicos, pero en un momento dado se producira el salto a la femtotecnología, cosa que no está exenta de peligros. Precisamente éste es uno de los aspectos que se echa en falta en general cuando se trata la femtotecnología en otras obras: manipular el tejido del espacio-tiempo no es algo que se pueda hacer como fabricar churros, y se corren ciertos riesgos. Esto es algo que Alaistair Reynolds suele tener bastante en cuenta cuando imagina tecnologías a esta escala (por ejemplo, los supresores de inercia que se usan en el ciclo de «Espacio Revelación»). Hay que decir que las cornucopias también se hallan presentes en otras obras de ciencia-ficción, como por ejemplo «Cielo de Singularidad» de Charless Stross, aunque en esta última no se nos presenta evidencia de que haya femtotecnología implicada en ellas.

En fin, seguro que hay más obras en las que se presenta (femto|atto)-tecnología, y probablemente cada vez habrá más. Habrá que sacar tiempo para irlas leyendo.

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Darwinismo municipal y ciudades urbívoras

Posted by Carlos en noviembre 27, 2006

urbívora: adj., que se alimenta de ciudades.

Los seguidores de «Los Simpson» quizás recuerden un capítulo en el que Homer es elegido concejal de limpieza y medio ambiente de Springfield. Después de gastarse en un mes todo el presupuesto anual de su departamento, se le ocurre cobrar a todas las ciudades vecinas para que viertan sus desperdicios en el subsuelo de Springfield. Finalmente, el terreno no puede dar más de sí, y surgen géiseres de basura por toda la ciudad. La solución que el consejo municipal encuentra es mover la ciudad unos cuantos kilómetros.

Esta idea de ciudades móviles no es del todo nueva. De una manera más o menos directa pueden encontrarse urbes de este tipo en relatos ambientados en el espacio (por ejemplo, grandes naves generacionales), o en futuros post-apocalípticos (por ejemplo, el petrolero de Waterworld). Lo que si tiene su punto de novedad es llevar esta premisa a ciudades actuales, e imbuirla en el marco de un ecosistema en el que unas ciudades «se comen» a otras, reaprovechando sus estructuras y materiales, y absorbiendo a sus habitantes (o utilizándolos como esclavos). Esta es la idea de Philip Reeve en sus Hungry City Chronicles, un ciclo de novelas que empezó con Mortal Engines, y que ya va por su cuarto título. He aquí un párrafo de la misma (mi traducción):

«La pequeña ciudad estaba tan cerca que podía ver a sus habitantes como hormigas, corriendo en todas direcciones en los niveles superiores. ¡Cuán asustados debían sentirse, viendo a Londres abalanzarse sobre ellos sin tener donde esconderse! Pero sabía que no debía sentirse apenado por ellos. Era natural que las grandes ciudades se coman a las más pequeñas, de la misma manera que las ciudades pequeñas se comen a los pueblos, y éstos a los tristes asentamientos estáticos. Eso era el darwinismo municipal, y era como funcionaba el mundo desde hacía mil años.»

Realmente es una premisa que engancha (uno no puede evitar preguntarse hacia dónde se dirigirá Madrid, una vez haya dado cuenta de Torrelodones, Getafe o Leganés, si La Coruña se comerá a Vigo o viceversa, o si Huelva, Cádiz y Córdoba no saltarán sobre Sevilla al unísono). Además, en el fondo no es algo tan descabellado (si se ignora el aspecto ingenieril). De hecho, quizás veamos antes algunas variantes del fenómeno, como el darwinismo universitario. Todo es posible.

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«Pushing Ice» de Alastair Reynolds

Posted by Carlos en noviembre 17, 2006

Pushing Ice es la última novela de Alastair Reynolds, uno de los buques insigna de la nueva ciencia-ficción británica (a pesar de estar afincado en Holanda). A diferencia de casi todos sus anteriores trabajos (la excepción sería Century Rain), la acción de Pushing Ice no transcurre en el universo de Espacio Revelación (Revelation Space), sino en otro que en cierta medida es más próximo: la breve introducción tiene lugar en un futuro que aunque aparentemente lejano (miles de años) no da la impresión de ser alienígeno, e inmediatamente después la acción se sitúa en un futuro muy cercano (mediados del s. XXI). Esto hace que sin duda se pueda empatizar más con los personajes, que están retratados al estilo habitual de A. Reynolds: ambivalentes, nada idealizados, y con diferentes matices que eliminan cualquier atisbo de maniqueísmo.

Durante toda la novela convivimos con la tripulación de una astronave minera, el Rockhopper. Esto no quiere decir que todos los protagonistas de la historia sean rudos astronautas. Por el contrario, la tripulación de la nave está compuesta por científicos e ingenieros, además de ejecutivos de diferente nivel, y por supuesto los astronautas que hacen el trabajo más duro: capturar cometas para explotar sus recursos. A esta labor es precisamente a la que responde el título de la novela, que además es el lema de todos los tripulantes de la nave (y en general de todos los que se dedican a esa profesión). La repetición frecuente del mismo («We push ice, that’s what we do«) en el texto, crea una familiaridad (e incluso una camaradería) con los personajes, casi como si uno fuera uno más del gremio.

Los acontencimientos se desencadenan cuando tiene lugar un hecho sorprendente: Jano, una de las lunas de Saturno, abandona su órbita y empieza a desprenderse de su corteza helada, revelando que nunca fue un cuerpo natural, sino un objeto artificial, posiblemente una astronave de algún tipo. El Rockhopper es la astronave más cercana a Jano, y recibe la misión de acercarse cuanto puedan (idealmente llegando a aterrizar en Jano) y recopilar cuanta información puedan. La misión no es fácil, dado que Jano se aleja a gran velocidad en dirección a Spica, una estrella situada a 260 años luz de la Tierra. La observación detallada con telescopios desde la Tierra revela que en torno a ese sistema hay un gigantesco objeto, sin duda artificial, ya que tiene forma fusiforme.

En su persecución de Jano, que aunque inicialmente viaja cada vez más rápido, parece de repente ralentizar su marcha (como pretendiendo ser alcanzado), el Rockhopper se ve enfrentado a un dilema: intentar alcanzar a Jano o tratar de regresar a la Tierra. Ambas opciones se plantean no ya en términos de cumplir o no la misión, sino de supervivencia, ya que no está claro que regresar sea factible dada cierta incertidumbre acerca de la disponibilidad de combustible. Eventualmente (aproximadamente primer cuarto o tercio de la novela), los acontecimientos depararán que el destino del Rockhopper quede unido al de Jano, pero aquí es donde lo realmente interesante comienza: sobrevivir en Jano, y enfrentarse a lo que espera cuando llegue a su destino…

Quien haya leído las novelas del ciclo de Espacio Revelación, tendrá constancia de cómo A. Reynolds tiene un arte especial para mostrar tanto ciencia como tecnologías hiper-avanzadas de manera posibilista, y en esto Pushing Ice no es una excepción. La noción de relatividad del tiempo es esencial, y la femtotecnología tiene un lugar muy relevante en la trama. También hay criaturas realmente alienígenas, con motivaciones que parecen más allá de la comprensión, y sobre todo, hay un sentido de enormidad cósmica en la trama: no se trata de contar las tribulaciones de unos humanos en el sitio equivocado, sino una historia cuya escala está muchos, muchísimos, órdenes de magnitud por encima de eso. Esto es una de las características distintivas de A. Reynolds, muy presente en Espacio Revelación, y que en contra de lo que la aparente localidad de los acontecimientos en gran parte de la novela pudiera hacer pensar, consigue también en Pushing Ice. Lo fantástico es que a pesar de la majestuosidad de la trama, y cómo ésta se va revelando, Reynolds consigue proporcionar un desenlace satisfactorio. Esto convierte a esta novela en una de sus mejores (si no la mejor, al menos a la par con Espacio Revelación) obras. En resumen, totalmente recomendada para los que disfruten de la ciencia ficción dura, la space opera, y abominen de los personajes en blanco y negro y unidimensionales.

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