La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archive for the ‘Ciencia Ficción’ Category

Viajar por el (espacio-)tiempo, o cómo Marty McFly no fue el primer hombre en el espacio

Posted by Carlos en marzo 11, 2009

Hace unos meses teníamos ocasión de celebrar el primer centenario del nacimiento del concepto de espacio-tiempo, y aprovechando la efemérides hablamos un poco acerca de la geometría minkowskiana, y de cómo nos permite entender de manera muy intuitiva las aparentes paradojas que nuestra arraigada concepción del espacio y del tiempo como entes separados y absolutos provoca en el contexto relativista. Viene esto a cuento de una viñeta que Fernando, fiel lector del blog, me ha remitido (¡gracias, Fernando!). He aquí la viñeta, obra de Juan Lao, del blog Imageeknation (por cierto, un blog gráfico muy divertido y recomendable):

Juan Lao Tebar / Imageeknation

Juan Lao Tebar / Imageeknation

Esta viñeta está muy bien traída, y permite ilustrar la aparente futilidad que el viaje en el tiempo tendría en un universo newtoniano, con su espacio y su tiempo separados y absolutos. Recordemos en este sentido la versión cinematográfica (la de 1960) de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells, en la que Rod Taylor se encuentra atrapado en el futuro tras unas compuertas que lo separan de los Eloi. Este problema lo soluciona volviendo a su tiempo en el s. XIX, desplazando unos metros la máquina del tiempo y regresando al futuro para presumiblemente aparecer esta vez detrás de la compuerta. En un contexto como éste cabe hacer una objección como la ilustrada anteriormente: la Tierra gira mientras orbita en torno al Sol, que a su vez orbita en torno al centro galáctico, que a su vez se dirige junto con toda la galaxia hacia el Gran Atractor, etc. En ese espacio absoluto, el punto ocupado por la máquina del tiempo en el instante absoluto t podría corresponder con el vacío espacial (o con el interior del Sol, o …) en el instante t‘. Este factor debería ser tenido en cuenta por el viajero temporal o su aventura acabaría de mala manera. Debería viajar entonces en el espacio y en el tiempo.

La situación en el marco relativista nos ahorra esta consideración. No existe un espacio y un tiempo absolutos y separados: cada observador percibe un espacio y un tiempo, que serán una mezcla del espacio y el tiempo percibido por un observador en movimiento relativo al anterior. Esto quiere decir que cualquier desplazamiento de tipo tiempo (recordemos, aquél en el que el intervalo espacio-temporal es s2<0) será percibido por algún observador como movimiento únicamente en su tiempo, mientras que los demás percibirán un movimiento en su tiempo y su espacio. Dicho de otra forma, en términos de nuestro héroe Marty McFly no existe una forma absoluta de determinar si se ha movido sólo por el tiempo, o si lo ha hecho también (y cuánto) por el espacio ya que espacio y tiempo dependen del observador. Podemos suponer que el condensador de flujo ajusta la trayectoria de manera que se recorra la línea de universo del punto de la superficie de la Tierra de donde parte el viaje temporal, y así depositar a Marty sano y salvo en su destino. Como decía Doc, el viaje en el tiempo es muy peligroso, por lo que es mejor dedicarse al otro gran misterio del Universo.

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Tormenta de Metal: un millón de balas por minuto

Posted by Carlos en diciembre 2, 2008

El último episodio emitido en España de CSI Miami (a falta de Grissom, buenas son tortas) -que aquel que siga la serie por satélite vería hace un año- introdujo un elemento interesante: un arma de alta tecnología denominada DX4, o más informalmente “la vaporizadora”. La introducción del capítulo mostraba como dicha arma (que no sería mostrada hasta más avanzado el capítulo) descargaba su poder sobre tres traficantes de armas, haciéndolos desaparecer en una neblina de sangre. Cuando el equipo criminalístico habitual llega al lugar del crimen, entre los pocos y confusos restos hallados encuentran unos proyectiles de calibre habitual, pero sin casquillo. A partir de estos, los sagaces CSI del condado empiezan a tirar de la madeja, y plantean el uso de la temible DX4, un arma capaz de disparar cientos de proyectiles por segundo, gracias al empleo de un sistema electrónico de disparo que no precisa de percusión. Cuando por fin se nos muestra el devastador dispositivo vemos un prisma achatado, cuyas bases tienen forma de cruz, y en una de las cuales se disponen cientos de orificios disparadores (la otra contiene diferentes visores LCD y los controles del arma). Por supuesto, este formidable dispositivo no es suficiente para detener al teniente Horatio, que finalmente da cuenta de los malhechores. Por si alguien no lo vio, he aquí a la DX4 en acción:

Aunque como era de esperar los guionistas de la serie se han tomado todo tipo de licencias en la concepción artística del arma y en su modo de empleo, lo realmente interesante es que ésta no es totalmente ficticia. Su más que probable inspiración es un prototipo diseñado por la compañía armamentística australiana Metal Storm. Esta compañía se ha especializado en el diseño de armas de fuego basadas en un mecanismo de disparo electrónico como el mencionado. Cada proyectil es un especie de misil en miniatura, con propelente en su base. Dicho propelente entra en ignición gracias a inducción electromagnética, lo que evita tener que disponer de partes móviles para percutir y expulsar el casquillo. En el cañón del arma se alojan en serie numerosos proyectiles, que son impulsados hacia atrás por el retroceso del disparo, comprimiendo la cápsula del propelente (que es una especie de tobera abierta en realidad) de cada proyectil con la cabeza del anterior, sellándola de esta manera y evitando que los gases del disparo previo hagan que se produzca una ignición no deseada en otros proyectiles.

La tecnología descrita permite no sólo diseñar armas cortas con extraordinaria velocidad de disparo, sino que permite la construcción de armas más pesadas con múltiples cañones de disparo sincronizado. Metal Storm ha diseñado un prototipo con 36 cañones que es capaz de disparar a velocidad ajustable, desde unas 600 balas por minuto (lo que una ametralladora normalita) hasta unas increíbles 1,000,000 balas por minuto. El siguiente vídeo muestra al prototipo en funcionamiento, a diferentes regímenes de disparo:

Sólo el zumbido del disparo a 30,000 balas por minuto pone ya los pelos de punta. Se trata en cualquier caso más de una prueba de concepto que de un arma práctica, ya que el tremendo retroceso cuando opera a máxima frecuencia de disparo y la falta de un mecanismo autónomo y eficiente de recarga impiden que se monte en pequeños aviones no tripulados o en robots móviles. Horatio puede estar tranquilo … de momento.

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Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Posted by Carlos en octubre 28, 2008

Al hilo del último apunte en el que veíamos cómo la noción de simultaneidad es relativa y depende del observador, vamos a centrarnos ahora en la relación entre la velocidad de la luz y los viajes en el tiempo. Concretamente vamos a ver por qué superar la velocidad de la luz supone un viaje hacia atrás en el tiempo. En primer lugar, hay que insistir en que al referirnos a la velocidad de la luz estamos indicando la constante física c, que indica la velocidad -medida localmente por cualquier observador- a la que partículas sin masa se desplazan por el vacío. Esto es, ni se trata de ser más rápido que la luz en un medio material cualquiera, ni los fotones tienen algo especial a los efectos que nos ocupan que no tengan otras partículas sin masa.

Dicho esto, lo primero que hay que preguntarse cuando se habla de superar la velocidad de la luz es en qué sistema de referencia se mide dicha velocidad. No hay sistemas de referencia absolutos, por lo que la medición de velocidad no tiene sentido si no se da esa información adicional. A partir de ahí, podemos analizar qué efecto tendría ese desplazamiento a velocidad superlumínica en otros sistemas de referencia en movimiento relativo con el primero. Vamos a verlo con un experimento mental: estamos en la final de la Copa Davis entre Argentina y España, y el equipo local lo ha preparado todo para un juego rápido: pista de moqueta sintética y pelotas de taquiones. Estas pelotas tienen la propiedad de poder superar la velocidad de la luz en el sistema de referencia de la raqueta que las golpea. En el primer partido tenemos a Del Potro al servicio, y a Nadal al resto. En previsión del saque que se avecina, Nadal retrocede a velocidad v. Del Potro se dispone a sacar, bota la pelota, y … punto para Rafa Nadal. Veámoslo en un diagrama:

Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Vamos a suponer por simplicidad que la velocidad de la pelota taquiónica es infinita en el marco de referencia de la raqueta, es decir, llega a su destino instantáneamente. El saque de Del Potro es el evento A, simultáneo en su sistema de referencia con el evento B (la pelota llega a Nadal). Este devuelve la bola a velocidad infinita en su propio sistema de referencia, con lo que llega a Del Potro (evento C) ¡antes de que éste hubiera realizado el saque! De manera cuantitativa: Del Potro saca en el instante t según su reloj, y Nadal recibe la pelota en ese mismo momento según el primero. Dado que según Del Potro Nadal está en movimiento y el tiempo avanza más lentamente para él, cuando para el primero han pasado t segundos para Nadal han transcurrido t‘=t/γ. Nadal está de acuerdo en que recibe la pelota y devuelve el resto en t‘=t/γ, y puede razonar de manera simétrica para determinar cuándo llega la pelota del vuelta a Del Potro, ya que para él es este último el que se mueve. Así cuando en el reloj de Nadal es t‘=t/γ, para Del Potro han pasado t”=t‘/γ=t2<t segundos. Por lo tanto, su resto llega a Del Potro antes de que éste sacara.

Añadamos a esto que si la sorpresa de recibir el resto impide a Del Potro realizar el saque, acabamos de construir una paradoja temporal, de esas que tanto nos dan que pensar. El corolario sería que hay que jugar en tierra batida con pelotas ordinarias para evitar que el espacio-tiempo colapse, pero nos desviamos del tema. Este retroceso en el tiempo desde el punto de vista de algunos observadores es inevitable cuando se produce influencia causal entre dos eventos A y B con separación de tipo espacio, ya que hay sistemas de referencia en los que A es anterior a B y viceversa (además de sistemas de referencia en los que A y B son simultáneos). No se trata de ningún tipo de efecto visual debido al desplazamiento superlumínico, sino de una genuina inversión cronológica, que no sólo puede hacer que en un cierto sistema de referencia el efecto anteceda a la causa, sino que podría dar lugar a que el observador interfiriera con esta última después de producido el efecto, abriendo la puerta a paradojas causales. En el marco de la relatividad especial no es posible en cualquier caso construir líneas de universo de tipo espacio, por lo que este tipo de paradojas estaría excluido. Las cosas no son sin embargo tan simples si nos movemos a la relatividad general, pero eso es ya otra guerra.

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Exposición al vacío espacial

Posted by Carlos en octubre 4, 2008

La exposición al vacío interestelar sin traje protector es uno de los temas recurrentes en la ciencia-ficción, y sobre el que el cine ha proporcionado todo tipo de imágenes erróneas: descompresión explosiva (popularizada por Atmósfera Cero, gran película de 1981, aunque recuerdo haber visto el mismo concepto en un capítulo de Los 7 de Blake, un poco antes) o congelación instantánea (Misión a Marte), por poner un par de ejemplos. Para hacerse una idea del tenor que tomarían realmente las cosas, puede consultarse el interesante artículo de Sergio al respecto. La exposición del vacío acabaría obviamente con nosotros en poco tiempo, pero durante un pequeño lapso no sería fatal. La famosa escena de Dave Bowman saltando sin casco desde la cápsula a la Discovery 1 en 2001: Una Odisea Espacial, o la del ingeniero Justin saltando desde la escotilla de la Event Horizon (para mi gusto la mejor escena de exposición al vacío) son ejemplos menos distorsionados. Viene todo esto a cuento de que, vía menéame, he llegado a un cuestionario on-line que a partir de unas cuantas preguntas te indica cuánto tiempo sobrevivirías en el espacio.

How long could you survive in the vacuum of space?

En mi caso serían supuestamente 83 segundos los que aguantaría, aunque al parecer en apenas 15 segundos perdería la consciencia:

In the first 30 seconds any fluid on the surface of your body would begin to boil due to lack of ambient pressure, this includes the saliva on your tongue and the moisture in your eyes. Your eardrums would most likely burst due to the pressure in your body trying to equalize with the vacuum outside. Unlike what some science fiction films have suggested, your body would not explode.

After the first 15 seconds you would lose consciousness. If you held your breath you could potentially stay alive longer but you risk pulmonary trauma. If you didn’t hold your breath you’d pass out sooner, but your lungs might have a better chance of avoiding permanent damage.

The pressure in your veins would rise until your heart no longer had the capacity to pump blood, at which point you’d die.

En fin, no está de más saberlo, ya que uno nunca sabe lo que se va a encontrar por ahí.

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El Universo Observable (Randall Munroe depinxit)

Posted by Carlos en septiembre 29, 2008

Heights

Posiblemente la viñeta con más guiños geek por mm2 de los últimos meses. Hasta el alttext es de nota (la silueta de la Torre Eiffel es una exponencial -o más precisamente, la unión de dos tramos exponenciales- por lo que al representarla en escala logarítmica vertical, se obtendrían rectas).

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“Timelike Infinity” de Stephen Baxter

Posted by Carlos en agosto 21, 2008

Timelike Infinity es el punto de entrada (o quizás podríamos decir el carril de aceleración) para la secuencia Xeelee, y una de las más brillantes obras de Stephen Baxter. El propio nombre de la novela es toda una declaración de intenciones del autor: el infinito de tipo tiempo es una de las tres condiciones de contorno de Cauchy de un universo abierto como el nuestro, y representa a los eventos en el futuro infinitamente remoto del observador (las otras dos condiciones de contorno de Cauchy serían el Big Bang inicial, y el infinito de tipo espacio). Nos hallamos pues ante una trama con pretensiones de magnitud cósmica, tanto en los objetivos de los personajes como de la secuencia temporal en la que se desarrolla la historia.

La narración comienza en la Tierra de dentro de unos 3200 años. En esa época la raza humana se haya sometida por una especie alienígena, los Qax. No es la primera vez que una ocupación de este tipo ha tenido lugar desde que allá por el año 3000 DC se desarrollaran los motores GUT y la tecnología de agujeros de gusano, la Humanidad se expandiera por el Sistema Solar y se empezara la exploración interestelar. El primer contacto con una raza alienígena -los Squeem- se produjo unos 400 años antes de la ocupación Qax, y el resultado fue nefasto a corto plazo: los Squeem sometieron a la Humanidad, aunque finalmente su dominio fue vencido. En este proceso se obtuvo el acceso a hipermotores (tecnología que al parecer los propios Squeem habían obtenido de los fabulosos Xeelee), lo que facilito una rápida segunda expansión humana. Dicha expansión se vio frenada en seco al entablar contacto con los Qax, y volver al estado de ocupación. En este caso, las perspectivas de futuro son sin embargo mucho más oscuras: los Qax han convertido la Tierra en una gigantesca biofactoría, con granjas de plancton a lo largo de todas las costas, y han proscrito el acceso a la tecnología avanzada desarrollada por el hombre (incluyendo los métodos de anti-senescencia que permitían alargar enormemente la vida).

Todo empieza cuando Jasoft Parz, una suerte de embajador humano, es convocado por el gobernador Qax. La reunión tiene lugar en un spline, una criatura viva y semi-sintiente adaptada para el viaje interestelar, y en ella el gobernador cuestiona a Parz sobre la llegada al Sistema Solar de una antigua nave terrestre. Se trata de la Cauchy, una nave que fue lanzada como parte del Proyecto Interfaz 1500 años antes en una trayectoria circular a velocidades relativistas. Su preciada carga es una de las bocas de un agujero de gusano, que por mor de la dilatación temporal sólo ha experimentado 100 años de tiempo propio. Esto significa que constituye una puerta temporal 14 siglos al pasado. Más aún, el gobernador informa a Parz de que otra nave terrestre, burlando todos los controles y empleando tecnología prohibida, ha despegado de la Tierra y ha atravesado el agujero de gusano. El Qax se halla totalmente fuera de juego y es incapaz de determinar una línea de acción, por lo que solicita consejo a Parz. Al no recibir información de utilidad de éste, finalmente decide crear otro agujero de gusano que conecte su presente con cinco siglos en el futuro, para de esta forma recibir ayuda de él mismo o de sus congéneres de dicha época. En el momento en que esta puerta temporal está lista, de ella emerge uno de los míticos nightfighters de los Xeelee, tripulado por un Qax. Éste les informa de los desastrosos resultados del viaje temporal de los humanos, y castiga al gobernador Qax por su incompetencia. Asimismo, comunica que una flota debe viajar a través del primer agujero de gusano para aplastar a la raza humana en el pasado. Dicha flota está compuesta por dos splines, y Jasoft Parz debe ir también, como parte de la humillación final para la Humanidad.

En la Tierra del año 3800 DC, Michael Poole -el ingeniero del proyecto Interfaz- recibe noticias de que una nave ha emergido del interfaz en Júpiter, aunque no se trata de la Cauchy. La única transmisión de radio de esta nave solicita su presencia, por lo que a pesar de su reticencia inicial, se desplaza a Júpiter desde su retiro en el Cinturón de Kuiper en compañía de Harry, una simulación informática de su padre. El mensaje fue enviado por Miriam Berg, antigua compañera sentimental de Poole y la única componente de la tripulación de la Cauchy que está a bordo de la astronave. El resto de ocupantes de esta nave son miembros del grupo encubierto que organizó su construcción y lanzamiento a través del interfaz. Dicho grupo se autodenomina los “Amigos de Wigner”, en referencia al experimento mental propuesto por el físico Eugene P. Wigner en el s. XX. Aunque su objetivo final es la salvación de la Humanidad, no muestran el menor interés en advertir a la Tierra de lo que se avecina en el futuro. Su plan -que se niegan a desvelar a Poole o a Berg- se basa en una interpretación radical de los postulados de Wigner, y es de una escala muchísimo mayor, tanto que cualquier sacrificio estaría justificado. Los eventos se precipitarán cuando desde la interfaz emerjan los splines Qax de 1400 años en el futuro dispuestos a acabar con la civilización humana.

Timelike Infinity es una novela brillante que conjuga satisfactoriamente elementos de space opera, viajes en el tiempo, y ciencia ficción hard. De hecho, uno de los grandes logros de Baxter en esta obra es encontrar un equilibrio entre la historia “local”, descrita y concluida de manera autocontenida (con algunos detalles ciertamente imaginativos, tales como la descripción física de los Qax, seres increíblemente frágiles físicamente y sin embargo de longevidad potencialmente indefinida), y la historia “global”, ese Universo en el que se desarrollan acontecimientos de escala inimaginable de los que los Xeelee son protagonistas. En este sentido, se introducen diferentes pinceladas sobre la gran obra de ingeniería cósmica de los Xeelee -el Anillo- y sobre el destino final del Universo, que hacen realmente volar la imaginación. Estos aspectos serán tratados en detalle en Ring,la impresionante conclusión (en el sentido cronológico) de la secuencia Xeelee.

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“Raft” de Stephen Baxter

Posted by Carlos en agosto 11, 2008


Raft (1991) fue la primera novela de Stephen Baxter y con la que empezó a marcar terreno como uno de los grandes de la ciencia ficción hard de escala cósmica. Es también la primera novela encuadrada en la secuencia Xeelee, sin duda uno de los universos más cautivadores por la magnitud tanto de la escala temporal como de los eventos y escenarios que en él se presentan. A fuer de ser precisos, en esta primera novela (que como suele suceder en muchas series no es luego el punto de partida cronológico de la secuencia) los Xeelee no aparecen, y de hecho la trama transcurre en un universo paralelo (en el sentido físico, no literario). Se trata además de un universo sumamente interesante y con una peculiaridad notable: la gravedad es mil millones de veces más fuerte que en nuestro universo. Esto tiene consecuencias a muchos niveles como es de esperar. Así por ejemplo, las estrellas tienen una tamaño mucho menor, de apenas unos kilómetros, y queman todo su combustible en alrededor de un año.

A este universo llegó hace muchos años por accidente una nave con tripulantes humanos (tras atravesar el Anillo de Bolder, una estructura cuyo origen y propósito se conocerá en otras obras de la serie). La nave quedó atrapada en una densa nebulosa, mantenida compacta por un agujero negro de un par de milímetros a cuyo alrededor orbita toda la materia de la nebulosa: gases, estrellas en formación, los fríos núcleos de las estrellas muertas, y los restos de la nave humana. Innumerables ciclos de vida estelar produjeron elementos pesados de deshecho que enriquecieron la composición química de la nebulosa, dotándola de una gruesa capa de oxígeno y nitrógeno (intermedia entre la zona más externa de la nebulosa, compuesta de hidrógeno y helio y en la que se forman nuevas estrellas, y la zona más interna en la que está el Núcleo, y en la que la intensa gravedad da lugar a un nuevo tipo de química basada en enlaces gravitatorios en lugar de electromagnéticos). Esta capa es respirable, y al menos en un intervalo de la misma las temperaturas son aceptables para la vida.

Poco conocimiento se ha conservado de la tripulación original de la nave y de los tiempos inmediatamente posteriores al naufragio en este universo. Con el paso de los años, los descendientes de aquellos tripulantes (que curiosamente miden el tiempo en “turnos” de 8 horas, sin saber exactamente el origen de esta unidad de medida) se han dividido en varios grupos. El protagonista principal, Rees, es un habitante del Cinturón, una asentamiento humano que orbita un núcleo de hierro resultado de la combustión de una estrella. Los habitantes del Cinturón son rudos mineros que extraen hierro del núcleo y lo intercambian por alimentos con los habitantes de la Balsa (la que da nombre a la novela). Estos últimos son –y se tienen por– más civilizados; habitantes de una -relativamente grande- plataforma en cuyo centro están los restos de la nave original (las partes que no implosionaron al llegar al nuevo universo), su sociedad está estratificada en científicos, personal de infraestructura y oficiales (casta esta última hereditaria). La comunicación entre la Balsa y el Cinturón se realiza a través de unas criaturas nativas de ese universo, similares a grandes árboles capaces de ajustar su órbita. Otro de los personajes cuyo punto de vista nos es mostrado es Pallis, precisamente uno de los pilotos de estas criaturas.

Espoleado por una gran curiosidad y con una enorme inteligencia innata, Rees escapa de polizón desde el Cinturón a la Balsa, para intentar entender por qué la nebulosa está cambiando y la vida es cada vez más difícil. A pesar del rechazo que un minero del Cinturón recibe en la Balsa, el jefe de los científicos ve en él el talento suficiente como para hacerlo merecedor de ser formado como uno de ellos en lugar de devolverlo a su lugar de origen. Así, Rees aprenderá que la nebulosa está muriendo por agotamiento de sus recursos. Pronto las estrellas dejarán de formarse, y el lugar se tornará frío e irrespirable. Inseguros de cuál puede ser la solución al problema, la situación se vuelve más complicada cuando se produce una rebelión en la Balsa, y el personal de infraestructura toma el control del asentamiento. Científicos y oficiales son o bien ejecutados, o bien reasimilados dentro de una nueva organización, o exiliados al Cinturón. Ése es el caso de Rees, que verá como en su lugar de origen es considerado un traidor, y junto con el resto de científicos exiliados es sometido a un régimen de casi esclavitud. El desarrollo de los acontecimientos y la amistad que existió con la que era y es líder del Cinturón permitirá que sea re-exiliado a uno de los asentamientos más cercanos al núcleo, habitado por los humanos conocidos como “hueseros” (Boneys), protagonistas de las historias de terror contadas a los niños. Allí Rees verá por primera vez a otra de las grandes criaturas nativas, las “ballenas”, y concebirá una idea para que los humanos puedan escapar de la agonizante nebulosa.

Baxter consigue en esta novela imaginar un universo asombroso, en el que la gravedad es tan alta que una persona puede sentir los pozos gravitatorios de los objetos que le rodean. Aunque a nivel microscópico uno puede plantearse si esta elevada gravedad no afectaría a la química básica y a la dinámica de fluidos hasta el punto de hacer imposible la vida humana, la descripción macroscópica de estrellas y nebulosa es convincente. Una vez rota la barrera del escepticismo, el universo parece consistente, y pequeñas deficiencias al margen permite una lectura entretenida. Aunque relacionada con la secuencia Xeelee, la historia es auto-contenida y fundamentalmente tangencial a la serie.

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“Spin” de Robert Charles Wilson

Posted by Carlos en agosto 6, 2008

Spin (Robert Charles Wilson) Spin es la novela con la que Robert Charles Wilson, estadounidense afincado en Canadá y con una larga trayectoria a sus espaldas, ganó en 2006 el Premio Hugo. El punto de partida de la historia es muy atractivo: una noche de otoño de un año indeterminado del presente la Luna y todas las estrellas desaparecen de la vista, y todos los satélites que orbitan la Tierra caen al suelo. El planeta ha sido envuelto en una barrera (o más apropiadamente, una membrana, como luego se demostraría) denominada el Spin. La falta de información debida a la disrupción de comunicaciones causa un primer momento de gran incertidumbre hasta comprobar que el Sol (al fin y al cabo una estrella más) se hace visible al amanecer. No es el fin del mundo, máxime cuando se comprueba que aparentemente la Luna sigue en su sitio a juzgar por la normalidad de las mareas, pero el extraordinario fenómeno demanda explicación y empieza a suscitar todo tipo de reacciones, entre las que destaca el surgimiento de un culto religioso que lo interpreta como señal divina, quizás marcando el comienzo del Apocalipsis.

La historia se centra en tres personajes, Diane y Jason Lawton, hermanos, y Tyler Dupree, amigo de la infancia y cuyo punto de vista es el que narra la trama. Los hermanos Lawton son de familia adinerada y poderosa, sobre todo a partir de que su padre E.D. Lawton reinvente las redes de telecomunicaciones a partir de globos aerostáticos, y eventualmente alcance un nivel de influencia del más alto nivel político. Extremadamente inteligente y con un enorme tesón, Jason dedicará su vida a intentar entender la causa y finalidad del Spin, cuyo origen no natural queda claro en el momento en el que se descubren unos objetos desconocidos orbitando sobre los polos, y un fallido ataque termonuclear sobre los mismos provoca una momentánea fluctuación de la membrana. La creación del Spin se atribuye a unas entidades denominadas los Hipotéticos, a falta de mejor nombre. Se descubre que el Sol que se ve no es más que una simulación generada por el Spin para mantener las condiciones de habitabilidad en la Tierra, pero el descubrimiento más asombroso se produce cuando a partir del testimonio (inicialmente desechado por absurdo) de astronautas en órbita en el momento de la aparición de la membrana y de los datos de sondas lanzadas con posterioridad, se llega a la conclusión de que el Spin está introduciendo una distorsión temporal: cada segundo en la Tierra corresponde a 3.17 años fuera de la membrana. Esto lleva a dos conclusiones inmediatas: (i) el Spin es a la vez la causa y el remedio al problema, proporcionando un apantallamiento protector para toda la radiación letal que la Tierra recibiría de estar desprotegida frente al gradiente temporal, y (ii) en el lapso de una generación el Sol se tornará una gigante roja que engullirá a la Tierra.

La constatación de este hecho, a la vez que espada de Damocles sobre la Humanidad proporciona posibilidades inimaginables: puede intentarse la terraformación de Marte en el lapso de unos años. Sucesivas oleadas de microorganismos cada vez más complejos son lanzados en dirección al Planeta Rojo. Debido a la distorsión temporal, un segundo en la tierra después de atravesar la membrana, los envíos ya han llegado a Marte; una hora después llevan milenios reproduciéndose; al cabo de un año en la Tierra han pasado casi 100 millones de años de evolución. Los cambios inducidos por la creciente biosfera marciana, y la evolución del Sol, desplazando la zona habitable del Sistema Solar hacia fuera, permiten que eventualmente se envíen colonos a Marte como salvaguarda de la civilización terrestre. No habrán de pasar muchos años hasta que se den dos acontecimientos cruciales. Marte, un mundo ya con una desarrollada civilización, se ve envuelto a su vez por una membrana de Spin, y poco antes de ello envían a la Tierra a un emisario que porta una propuesta que puede dar respuestas sobre el Spin: lanzar al espacio una colonia de organismos autorreplicantes que medrarán en los fríos cuerpos de la Nube de Oort, y de allí se desplazarán a otras estrellas, creando una red de cómputo de escala galáctica que recopilará información sobre otros planetas con membranas de Spin, y su evolución a largo plazo.

A pesar de que las anteriores pinceladas hagan pensar en una obra de ciencia-ficción hard, hay algunas consideraciones que hacer. Suele comentarse a menudo que la literatura de ciencia-ficción adolece de personajes planos y poca profundidad narrativa. Este tópico no anda desencaminado en ocasiones, lo cual no es óbice para que su máxima expresión haya producido algunas de las más grandes gemas del género. Pensemos por ejemplo en el añorado Robert L. Forward, cuyos personajes eran poco más que instrumentos al servicio de un grandioso escenario de ficción científica. Bien es verdad que no todos los autores tienen el talento para componer un mundo que haga volar la imaginación, alienígenas que provoquen asombro, o tramas de escala cósmica que enganchen al lector, y es en esos casos en los que las deficiencias de caracterización se hacen más evidentes. Una de las reacciones ante esta situación es que los autores intenten compensarla trufando la historia de vivencias de los personajes, en un intento de dotarlos de profundidad y relieve. El peligro viene de la sobrecompensación, que a veces hace que el resultado sea un drama con un telón de fondo de ciencia-ficción. Un ejemplo notable de esto lo encontramos en novelas como Cronopaisajede Gregory Benford, o la anterior obra de Robert Charles Wilson, Los Cronolitospor citar un par de casos. La lectura de las mismas deja a veces un poso de oportunidad perdida para una gran historia de ciencia-ficción. Es como si George Lucas hubiera dedicado una hora de La Guerra de las Galaxias a mostrarnos lo dura que era la vida en las granjas de humedad, cuánto madrugaba Luke, y cuán compleja era su relación personal con Owen Lars.

Spin tiende a caer a veces en este problema: la trama se desarrolla en dos hilos, uno de los cuales narra la hstoria desde el comienzo del Spin, y el otro –un par de decadas en el futuro- muestra a Tyler y Diane como fugitivos en busca de su destino final (en el sentido geográfico), y una gran proporción de ambos se dedica a las tribulaciones personales de los personajes. Personalmente encuentro poco interesante los problemas de la madre de Jason y Diane con el alcohol, o los problemas de la secta religiosa en la que esta última se introduce. Tampoco puede decirse que haya un clímax en la historia, ya que lo único parecido es la revelación que Jason hace finalmente sobre la naturaleza de los Hipotéticos y la finalidad del Spin. En resumen puede decirse que se trata de un plato con buenos ingredientes (no totalmente originales también es cierto, véase por ejemplo Cuarentenade Greg Egan), pero que no ha sido cocinada al gusto de la CF hard. Hay una secuela ( Axis) y una trilogía en el horizonte, pero no ocupan los primeros puestos de mi lista de prioridades.

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Música para el domingo – Crazy (Gnarls Barkley)

Posted by Carlos en mayo 25, 2008

El domingo es día de asueto y nada mejor que un poco de música para amenizarlo. Tratándose además del Día del Orgullo Friki, el tema “Crazy” de Gnarls Barkley resulta bastante apropiado. Lanzado online hace poco más de dos años, en marzo de 2006, esta canción se ha convertido en el mayor éxito hasta la fecha del dúo estadounidense, siendo la primera ocasión en la que un tema alcanzó la cima de superventas sin haber salido aún a la venta en soporte físico. Para acompañar a la canción el grupo preparó un vídeo bastante psicodélico en la línea del test de Rorschach, pero quizás su actuación durante una gala de la MTV es la más recordada. Los miembros de Gnarls Barkley tiene la constumbre de aparecer disfrazados en el escenario, y para esta ocasión el tema elegido fue La Guerra de las Galaxias. Llegaron a usar de hecho parte del vestuario empleado realmente en la película. Así, podemos ver a Cee-Lo cantando como un Darth Vader con voz más aguda de lo normal, a Danger Mouse como maestro jedi a los teclados con la inestimable ayuda de Jango Fett (¿o es Bobba?), a los oficiales imperiales tocando implacablemente el acompañamiento de cuerda, a los pilotos rebeldes haciendo los coros, a los soldados de asalto tocando guitarra y bajo marcialmente, y ni más ni menos que a Chewbacca a la batería. ¡Que lo disfruten!

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Búsqueda activa de inteligencia extraterrestre: ¿Merece la pena?

Posted by Carlos en mayo 9, 2008

Mensaje de AreciboLa idea de los proyectos SETI es bien conocida: explorar el espectro electromagnético en busca de señales que sugieran la existencia de civilizaciones alienígenas. Se trata de algo muy parecido a la búsqueda de una aguja (que no sabemos siquiera si existe) en un pajar, y de hecho lo infructuoso de todas las iniciativas SETI sugiere que a pesar de lo enorme del pajar hay pocas agujas en él, están muy bien escondidas, o simplemente no sabemos reconocerlas. La paradoja que supone la ubicuidad (supuesta) de la vida en el Universo con la falta de evidencia de vida inteligente es la que conduce a hipótesis como la de la Tierra Rara, de la que precisamente hablábamos hace unos días.

Esta falta de resultados ha inducido a parte de la comunidad científica a proponer estrategias de búsqueda más invasivas, como puede ser el denominado SETI activo: emitir señales que atraigan la atención de hipotéticos alienígenas, con idea de que éstos actúen de manera análoga y podamos detectar su presencia. Sería algo así como llamar a la puerta para ver si la casa está habitada. Un enfoque más extremo es el denominado METI (Messaging to Extra-Terrestrial Intelligence) planteado por el astrónomo ruso Alexander Zaitsev, y en el que la finalidad no es tanto llamar para obtener una respuesta, sino simplemente llamar para decir que existimos (el matiz es del propio Zaitsev, y a fuer de ser sinceros no demasiado relevante en términos prácticos).

Ha habido varios mensajes de este tipo, de los que quizás el más célebre fue el enviado desde Arecibo en 1974, y en cuyo diseño participaron entre otros Frank Drake y Carl Sagan. Este mensaje no llegará a su destino -M13, el Cúmulo de Hércules– hasta dentro de 26.000 años, por lo que se trata de un acto fundamentalmente simbólico. Otros mensajes posteriores como por ejemplo el Cosmic Call 2 sí llegarán en breve a su destino (Casiopea en 2036 en este caso). La cuestión es qué puede pasar si hubiera alguien escuchando. Más aún, ¿qué pasaría si el mensaje lo recibe una civilización hostil con medios técnicos suficientes para plantarse aquí?

Éste es un temor recurrente y bastante razonable (al menos en la misma medida de la propia idea de SETI), por lo que no puede obviarse a priori. No obstante, según los cálculos del propio Alexader Zaitsev, se trata de un riesgo independiente del propio METI. Para llegar a esa conclusión, Zaitsev ha estimado la fracción del firmamento iluminada por señales de astronomía radar y la duración de estas transmisiones, y ha cotejado esta estimación con la correspondiente a las señales METI. La comparativa puede verse en una pequeña comunicación titulada

Para Zaitsev hay una relación de 1/2000 en la fracción de firmamento iluminado y de 1/500 en duración de la transmisión, siempre a favor de la astronomía radar. Por lo tanto -concluye- la probabilidad de que seamos detectados a través de nuestra actividad astronómica es un millón de veces superior a la de serlo debido a METI. Dado que no parece razonable pedir la supresión de la astronomía radar (sumamente útil por ejemplo para el estudio de NEOs), la conclusión sería que no hay que temer a METI. Sin entrar en consideraciones cuantitativas sobre la estimación de Zaitsev, y suponiendo que ésta es correcta, la cuestión que surge en cualquier caso es ¿para qué vamos a perder entonces el tiempo con METI (e incluso con SETI activo), si nuestra propia actividad tecnológica ya nos delata?

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