La Singularidad Desnuda

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Biotrajes espaciales: La segunda piel

Posted by Carlos en julio 26, 2007

Si uno observa alguna de las famosas imágenes de Neil Armstrong caminando sobre la Luna, o las de cualquier astronauta actual realizando alguna labor de mantenimiento por el exterior del transbordador espacial observará que a pesar de los 40 años transcurridos no hay gran diferencia entre los trajes espaciales de los protagonistas. Por supuesto, la tecnología ha avanzado enormemente y se han conseguido mejoras sustanciales en materiales, electrónica, capacidad de soporte vital, etc. Sin embargo, la idea básica sigue siendo la misma: situar al astronauta dentro de una burbuja presurizada. El resultado no es sólo incómodo y pesado (alrededor de 150 kg), sino que limita la movilidad del usuario, y le deja a merced de una descompresión fatal en caso de que se produzca una perforación accidental.

Dava Newman in space biosuit - Copyright 2005 Volker Steger / Science Photo LibraryTodo esto puede cambiar con los biotrajes espaciales que se están desarrollando en el MIT, bajo la dirección de la Prof. Dava Newman. El concepto de los mismos es totalmente diferente al anterior, y se asemeja más al de una malla elástica al estilo de lo que la ciencia-ficción clásica solía imaginar. La idea básica es la de disponer de un traje que se ajuste al cuerpo, aplicando presión sobre el mismo para aislarlo del posible vacío exterior (puede verse una recreación en la imagen lateral; evidentemente, las zapatillas deportivas no forman parte del traje). Esto permitirá sobre todo que brazos y piernas tengan mucha mayor libertad de movimientos (para el torso no es precisa tanta flexibilidad, y se puede disponer de un chaleco rígido, amén de un casco, como es lógico). Para combinar esta flexibilidad con la necesidad de disponer de un soporte estructural que dé consistencia al conjunto, los investigadores del MIT trabajan en identificar las denominadas “líneas de no-extensión” en brazos y piernas, esto es, segmentos longitudinales que pueden doblarse, pero no extenderse. A partir de estas líneas de no-extensión puede llegar a definirse una especie de exoesqueleto que asista al astronauta (y que le ayude a mantener la musculación, ejerciendo cierta resistencia al movimiento).

Por supuesto, el traje podrá estar dotado de todo tipo de tecnología electrónica, incluyendo por ejemplo sistemas de auto-reparación. Incluso en el caso en el que se produzca una perforación en el traje bastaría con realizar el equivalente a una vendaje sobre la zona dañada para evitar la descompresión (en una de las últimas películas de de Star Trek, Worf usaba un torniquete en un momento de apuro en el exterior de la USS Enterprise). Más aún, la capa externa del traje podría ser reciclable y/o desechable, aplicándose mediante un spray sobre la malla interna, lo que podría ser de gran utilidad a la hora de realizar reparaciones rápidas sobre el terreno. Todo esto está evidentemente en pañales, pero si la raza humana pretende extenderse alguna vez por el espacio, es algo que sin duda habrá que resolver convenientemente.

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Una respuesta to “Biotrajes espaciales: La segunda piel”

  1. pedro said

    hoola esta padrisima su informacion gracias

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