La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

El Argumento de la Simulación (II): ¿Y qué si somos Sims?

Posted by Carlos en marzo 20, 2007

Tal como comentábamos ayer, el Argumento de la Simulación tiene una formulación en cierto modo análoga al Argumento del Apocalipsis, lo que lo hace sensible a parte de las críticas que se han vertido contra este último, en particular en lo que hace referencia al principio de indiferencia (o para el caso, el principio copernicano). En esta línea cabe encuadrar una consideración que en cierto sentido también estaba presente en el Argumento del Apocalipsis. La idea de que somos una muestra aleatoria de todas las consciencias que han existido o existirán nos lleva de acuerdo con el argumento de Bostrom a una afirmación mucho más fuerte: con toda probabilidad somos la única (!) vida inteligente (o mejor dicho, consciente) en el Universo. Para ver esto, simplemente tenemos que generalizar el argumento, y reinterpretar el valor psim que presenta Bostrom como la probabilidad de que seamos parte de una simulación por parte de una civilización post-humana. Si consideramos que puede haber muchas otras civilizaciones post-alien, debemos reescribir dicho valor como:

p_{\rm sim} = \frac{f_pf_If_HN}{f_pf_IN+H+A}

donde hemos añadido fH como la fracción de civilizaciones “humanas” (nosotros o indistinguibles de nosotros) que puedan existir o haber existido, y A es el número de consciencias alienígenas que existen o existirán. El principio de indiferencia nos llevaría a decir que la probabilidad de que seamos parte de una simulación post-humana es sólo próxima a uno solo si si fH es próxima a uno y A es próximo a cero. Puede verse no obstante algún problema en el razonamiento anterior, como el hecho de que podríamos decir lo mismo si reinterpretamos post-humano por post-klingon o post-cheela. Esto sin embargo lo que pone en cuarentena es el principio de indiferencia, y que podamos aplicarlo del modo indicado.

Abundando en lo anterior, consideremos que no está ni siquiera claro que podamos razonar con ligereza acerca de fracciones en este contexto, ya que los conjuntos involucrados son potencialmente infinitos. Hay varios motivos por lo que podría ser de ese modo. Pensemos por ejemplo en la interpretación de los múltiples universos de la mecánica cuántica, o en los modelos de inflación eterna. El manejo de conjuntos infinitos (como “el conjunto de todas las civilizaciones que tienen la propiedad P”) es el típico procedimiento para acabar en contradicciones lógicas, como la paradoja de Russell dejó claro.

turtles all the way down (c) Ron HenryUn caso particular de lo anterior surge si consideramos que la conclusión de que la probabilidad de ser parte de una simulación es cercana a uno parte de un razonamiento sobre nosotros mismos, la creciente capacidad en la potencia de cómputo, y lo que podemos llegar a ser. Difícilmente puede este razonamiento llevarnos a afirmar cosas sobre nuestros “directores” que habitan en otro nivel anterior de realidad. Más aún, de ser ese el caso, entramos inmediatamente en un esquema de regresión infinita, ya que nuestros “directores” pueden aplicar el mismo argumento para considerarse parte de una simulación del nivel superior, ad infinitum: como suele decirse, turtles all the way down. Bostrom argumenta que puede ser que la potencia de cómputo requerida para simular una civilización post-humana sea prohibitiva, proporcionando de esta manera una base final a la torre de tortugas. Esta suposición conlleva que en el momento de que estemos cerca de llegar al nivel de ser post-humanos, la simulación terminaría. Parece en cualquier caso una suposición bastante ad hoc.

En resumidas cuentas, hay múltiples razones de índole computacional, lógica y filosófica por la que puede cuestionarse el Argumento de la Simulación, a la que podríamos añadir una adicional: si la simulación es coherente con unas reglas internas y completamente hermética para nosotros, llamarle simulación o realidad es sólo un juego de palabras, ¿no?

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12 comentarios to “El Argumento de la Simulación (II): ¿Y qué si somos Sims?”

  1. Carlos charlie said

    El argumento me remonta al mito de la caverna de Platón en el sentido de que podríamos vivir en una realidad en la que no conocemos las cosas reales, a saber, las ideas.
    También me suena parecido al argumento cartesiano del genio maligno y del sueño.
    Por último, creo que es muy semejante también al argumento de “brains in a vat” de Hilary Putnam.
    Concuerdo contigo la suposición de Bostrom es absolutamente ad hoc. Me recuerda las respuestas religiosas al problema de las causas. Si todo tiene causa, entonces ¿qué causó a dios? Naturalmente la respuesta es que él se causó a sí mismo o que en él no se aplica el principio de las causas.
    También me parece importante la aplicación de la navaja de Occam en este caso. Si mi latín no me falla era “entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem” que quiere decir que no deben multiplicarse las entidades más allá de lo necesario.
    Aplaudo el blog.
    Carlos

  2. Francisco Serradilla said

    Como se indica en Ciudad Permutación de Greg Egan y también en True Names de Vernor Vinge, la velocidad de la simulación es irrelevante; da igual que un segundo de tiempo simulado tarde un mes en simularse en el tiempo real, porque la velocidad subjetiva (dentro del tiempo simulado) depende sólo de los parámetros de la simulación.

  3. Carlos said

    Gracias Carlos. Tal como comentas, el argumento de la simulación es en muchos sentidos una reedición de diversos mitos y/o argumentos filosóficos, aunque hay que reconocerle a Bostrom el mérito de haber intentado darle un soporte matemático. De todas formas, la navaja de Occam (perfecto latín 😉 ) resulta definitiva en este caso.

  4. Carlos said

    Hola Francisco. Tienes toda la razón en lo que comentas, y de hecho, se puede pensar en ejecutar un número arbitrario de simulaciones intercaladas, sin que desde dentro de la simulación se note ningún tipo de ralentización (aunque supongo que podría haber matices dependiendo del sustrato físico).

  5. Resumiendo: nosotros como individuos no podemos percibir la diferencia entre realidad y simulación. Me equivoco?

  6. Carlos said

    Básicamente es así, al menos tal como lo plantea Bostrom. La consecuencia es que en ese caso no tiene sentido hablar de simulación, ya que a todos los efectos es nuestra realidad.

  7. Pedro J. said

    El argumento de la simulación tiene más interés del que pueda parecer a simple vista. De hecho puede ser considerado una variación de la paradoja de Fermi. Si las simulaciones son posibles y en el futuro se simula a un número enorme de seres humanos, la probabilidad de ser una simulación es tremendamente elevada. ¿Cómo es que no somos uno de esos seres simulados?. Si la simulación en infinitamente precisa –una emulación– el asunto se convierte en una variación del solipsismo, lo que puede ser un argumento en contra de la que sea posible hacer una emulación. Pero la mayoría de las simulaciones serán de resolución finita –simplemente extrapolando las que hacemos en la actualidad, y entonces el asunto cobra interés, porque puedes detectar que estás en una simulación. Para crear una simulación de un entorno físicamente creíble tienes que conocer la física “real” que está detrás y la tienes que implementar de alguna forma en la simulación. Aunque crees reglas-atajo para ahorrar capacidad de cómputo, esas reglas-atajo estarán basadas en algoritmos que se ejecutan en algún hardware que tiene que ser físico. Por tanto, un ser simulado puede deducir las leyes de la física “real” y luego inferir a partir de fallos en la simulación o descubriendo las reglas-atajos que no está en un entorno físico real tal y como indican las leyes inferidas.
    De hecho es lo que estamos haciendo todo el tiempo. Nuestro cerebro nos es más que un hardware que está haciendo una simulación bastante mediocre –aunque espectacular para nosotros– del mundo de exterior. Pero somos capaces –supuestamente– de inferir las reglas del mundo exterior desde esa simulación.
    Luego si queremos saber si realmente somos seres simulados, sólo tenemos que seguir haciendo ciencia y el tiempo dirá.

  8. Carlos said

    Hola Pedro J. Es muy interesante lo que comentas, y coincido en lo relativo a la Paradoja de Fermi. Sin embargo, veo algunos problemas en relación con la “porosidad” de la simulación (entendida como el acceso real o lógico a la física del plano superior de realidad). Básicamente, la noción de credibilidad de la simulación hace referencia implícita a la versión “real” de lo simulado, y a su indistinguibilidad (aunque sea a grandes rasgos) para el observador. Sin embargo, si el observador es parte de la simulación carece de ese patrón de referencia: la simulación es su plano de existencia. Los descubrimientos que desde dentro de la simulación se puedan hacer, aun si en algún sentido se derivan de realidades físicas que trascienden a la propia simulación (cosa que en principio excluía Bostrom), serían entonces interpretados como parte de las reglas del Universo (“real” para el observador, “simulado” para el “director). Incluso si se producen incompatibilidades con otras partes del modelo que el observador tiene de su Universo, éste podría pensar que se trata de diferentes visiones parciales de una Teoría del Todo en la que dicha incompatibilidad desaparecería (sería análogo a la situación actual en relación a la Relatividad General y la Mecánica Cuántica).

    Podría por supuesto pensarse en que la Teoría del Todo al final apuntara a un Universo simulado, pero para ello sería preciso que dicha teoría alcanzara un nivel de compresión suficiente de las reglas del universo “real” y de las circunstancias en la que surge la simulación. Una introspección de este tipo chocaría me temo con argumentos tipo-Gödel (y sería -nunca mejor dicho- metafísica 😉 ).

  9. Pedro J. said

    Precisamente las estructuras suficientemente complejas son capaces de hacer representaciones de sí mismas –que es la base del teorema de Gödel–. Por eso parece inevitable que se de la situación del film Planta 13 donde las simulaciones pueden crear a su vez nuevas simulaciones. Pero para eso tienes que de alguna manera ser capaz de dominar reglas similares a las de tus propios simuladores. Y no veo por qué si esas reglas están basadas en la física del mundo “real”, no se podrían inferir éstas de la misma manera que lo hacemos con la inferencia de teorías generales a partir de información limitada.
    Resultan interesantes los [{comentarios de John Barrow http://www.simulation-argument.com/barrowsim.pdf}] en esta artículo, donde afirma que el sitio probable donde poder descubrir la simulación es en los patch que tienen que introducir los simuladores cuando encuentran defectos en la programación de la simulación. ¡Esperemos que los nuestros no sean de Microsoft! 😉

  10. Carlos said

    Bueno, realmente la clave de los resultados de Gödel es la capacidad auto-referencial, que es la que luego permite diagonalizar. La auto-inclusión es todavía más fuerte, y nos lleva a problemas no ya en el marco de Gödel, sino incluso en la teoría de conjuntos (“Hacer una simulación de las simulaciones que no se simulan a sí mismas”). Al margen de esto, la dificultad esencial que veo es que lo que se pueda descubrir permita dar el salto lógico al nivel superior de realidad. No he leído aún el artículo de Barrow (me lo acabo de bajar), pero si imaginamos que en un momento dado se instala por ejemplo el patch lightspeed 2.0, inmediatamente se trataría de incorporar la variación de la constante física a los modelos del Universo (simulación), sin necesariamente asumir que dicha constante se cambió externamente. De todas formas, llegados a esa situación casi preferiría que estuviéramos en algo como un Microsoft Cosmos 3.1416: al instalar un parche crítico habría que reiniciar el Universo, y empezaríamos de nuevo sin darnos cuenta del cambio 😉 .

  11. Francisco Serradilla said

    Quizá estemos cometiendo un pequeño error antropomórfico, porque ¿que no dice que lo simulado tiene que parecerse a la realidad (es decir, al nivel anterior)? Por ejemplo, tiene más sentido emular un Windows sobre MacOS que emular un Windows sobre un Windows.

    Es decir, nuestra realidad podría estar siendo simulada por otra que no tiene nada que ver con ella, ni sigue las mismas reglas, con unas pretensiones que no podemos comprender.

    En general, bastaría simular el substrato más elemental, es decir, las partículas, o incluso los quarks, y a partir de ahí el resto debería “emerger”.

    Da vértigo, realmente.

    Por cierto, excelente artículo y excelente blog.

  12. deif said

    No estoy muy puesto en estos temas, pero me apasiona el indagar sobre el por qué de nuestra existencia… aunque la Duda siempre se topa enfrente mío.
    Creo que la idea de Bostrom es otra más, con muchas influencias anteriores como decís.

    Pero yo me quedo con el escéptico Shermer:
    -Es reconfortante: Muchos creyentes de rarezas lo son porque desean serlo. Se siente bien y es consolador. Es por esto que, aunque algunas personas alberguen dudas sobre la divinidad de un carpintero judío célibe que murió hace dos mil años, asisten sin empacho a misa todos los domingos.
    -Gratificación inmediata: Muchas creencias raras ofrecen gratificación inmediata, ejemplo de esto son los adivinadores, mediums y psíquicos. En este rubro entra también toda pseudomedicina: acupuntura, homeopatía, toque terapéutico, quiropráctica, etc.
    -Simplicidad. La superstición y la creencia en el destino y lo sobrenatural es un camino mucho más sencillo a través de la complejidad de la vida. Las explicaciones científicas son generalmente complicadas y requieren esfuerzo y entrenamiento para ser entendidas.
    -Significado y moralidad. Para la mayoría de las personas la ciencia ofrece sólo lógica fría y brutal para un universo infinito, despiadado y sin propósito aparente. Pseudociencia, superstición, mito, magia y religión ofrecen cánones simples, inmediatos y consoladores de moralidad y significado.
    -La esperanza muere al último. Uniendo todas las razones anteriores se encuentra la más humana de todas. Los seres humanos somos por naturaleza una especie que busca niveles de felicidad y satisfacción cada vez más altos. Desafortunadamente, el corolario de la afirmación anterior es que los humanos somos propensos a abrazar promesas irreales de una vida mejor o creer que una mejor vida puede ser alcanzada a través de la intolerancia y la ignorancia.
    La manera en que el cerebro humano procesa información y la capacidad conciente para ignorar hechos comprobables me hacen preguntar si existe algo así como un “gen de la creencia”. La búsqueda de patrones es extremadamente útil pero es necesario tomar en cuenta las falibilidades del sistema; es en esta aceptación de los defectos del razonamiento y percepciones humanas que se halla el verdadero espíritu humilde de la búsqueda de sentido y significado.

    Creo que nunca sabremos el por qué de la existencia, es más, no tenemos la capacidad para entenderlo. Y creo que ante esa Dudad es donde juegan y tienen cabida la idea de la simulación,de las religiones, de las fuerzas sobrenaturales y demás. “Como no sabemos el origen de las cosas, quizás sea posible aunque filosóficamente estas cosas”.

    La idea de la simulación yo la veo como otra idea más, junto a tantas otras, más o menos extravagantes.

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