La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Un paseo por el Trinity College de Dublín

Posted by Carlos en noviembre 24, 2006

Acostumbrados como estamos a tener una universidad en cada ciudad (a veces más de una, o muchas más que una), la mayoría de las cuales se fundó anteayer, uno no puede evitar sentir envidia del respeto y orgullo con el que en otros lugares tratan a sus instituciones académicas. Este profundo respeto se puede constatar por ejemplo visitando el Trinity College de Dublín.

El lugar es precioso. Se trata de un enorme recinto en pleno dentro de Dublín, que alberga las diferentes facultades, las zonas de servicio, plazas y jardines, y por supuesto la biblioteca. Decir que la biblioteca está bien surtida es poco; quién publique un libro en el Reino Unido o Irlanda tiene que enviar una copia a la biblioteca del TCD como requisito previo a la expedición de copyright. En total, la biblioteca dispone de más de 4 millones de títulos, algunos de valor incalculable, como el Libro de Kells. Tanta cantidad de saber acumulado hace que al acercarse, uno sienta una perturbación en la Fuerza. Al menos, la debió sentir George Lucas, que la copió como biblioteca Jedi para el Ataque de los Clones (o quizás fue una coincidencia, y los midiclorianos no tuvieron que ver, quién sabe).

Parliament Square, Trinity College, Dublin.

La entrada por la Regent House, y la Plaza del Parlamento (que es la que nos encontramos acto seguido) están dominadas por varias estatuas de diferentes personajes famosos que se formaron en el TCD o que fueron prebostes del mismo. Incluso los bancos del parque tienen reseñas en memoria de antiguos alumnos. Por supuesto, también hay una tienda de marcadería oficial (en la antigua biblioteca; hay otras fuera del TCD que también tienen licencia oficial para vender productos del TCD). Esto es algo muy de las Islas (la ostentación orgullosa del alma mater), y que los colonos exportaron a los Estados Unidos, con gran éxito como es bien sabido.

Servidor se dio el gusto de apurar un café, sentado en uno de esos bancos que, quizás, ocuparon un día Samuel Beckett, Oscar Wilde, o Jonathan Swift. Es sin duda uno de los placeres de Dublín, comparable sólo a tomarse una pinta en un pub de Temple Bar. Sláinte!

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