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“Dentro del Leviatán” de Richard Paul Russo

Publicado por Carlos en diciembre 28, 2010

Dentro del Leviatán (Richard Paul Russo)Richard Paul Russo (al que no hay que confundir con el también novelista Richard Russo) es un escritor estadounidense de ciencia ficción nacido en 1954. Aunque en los últimos años no se ha prodigado en exceso (más allá de algunos relatos cortos), en su haber tiene el ser ganador en dos ocasiones del premio Philip K. Dick, la primera vez con su novela Subterranean Gallery en 1989 y la segunda vez en 2001 con la novela que nos ocupa, “Dentro del Leviatan”. Este título es una traducción de aquél con el que se publicó la novela en el Reino Unido (Unto Leviathan), distinto del original Ship of Fools (“La nave de los locos” es de hecho el título de la tercera y última parte en las que se divide la novela). Esta elección es acertada, ya que -a pesar de la carga alegórica del original- el título británico resulta mucho más evocador y captura mejor la atmósfera inquietante del libro, haciendo referencia directa a uno de los temas subyacentes a la historia: el Mal.

La historia se nos muestra en todo momento en primera persona a través de Bartolomeo Aguilera, asesor de Nikos Costa, a la sazón capitán de la Argonos, una gigantesca astronave generacional. A bordo de la Argonos viven miles de personas organizadas en una rígida estructura social de dos niveles (tanto alegóricamente como por su situación física en la nave): los inferiores, encargados de las tareas manuales más duras, y los superiores, que conforman una suerte de aristocracia y que controlan los destinos de la nave. Esta última clase, a la que pertenece Bartolomeo, no es sin embargo monolítica: dentro de la misma se encuentran los diferentes miembros de la tripulación y la capitanía, los historiadores, y sobre todo la Iglesia. Esta última juega un papel central en la vida de la nave. Dirigida por el obispo Soldano, ejerce una notable influencia tanto en la toma de decisiones (a través de su participación en el Consejo Ejecutivo que dirije los destinos de la Argonos) como socialmente a través de su actividad eclesial. Este papel preeminente proviene tanto del hecho de que una gran catedral ocupe el espacio central de la astronave, como del hecho de que el paso de los siglos (y una gran revuelta -el Repudio- que ocurrió casi tres siglos atrás y en la que se destruyeron los diarios de navegación) haya hecho olvidar el objetivo inicial de la misión. Desde el punto de vista del obispo Soldano, la Argonos ha existido desde el principio de los tiempos y su misión es evangelizar los mundos que encuentren (cosa que en el último encuentro, 15 años antes del comienzo de la narración, condujo a un desenlace sumamente negativo).

La primera parte de la novela se titula “Insurrección”. En ella vemos la tensa situación política en la que se desenvuelve el Consejo Ejecutivo, con el capitán Costa en una situación de gran debilidad y el obispo anhelando hacerse con la capitanía. A esta situación se une la tensión social y el descontento de la clase baja, oprimida por la clase alta. Los eventos se desencadenan a partir del descubrimiento de un mundo -bautizado como Antioquía por el obispo- que parece habitable y en el que se ha detectado una señal de comunicaciones muy básica, una especie de baliza. Esto sugiere que el planeta está o al menos estuvo habitado en algún momento. La nave toma rumbo hacia Antioquía y se organiza un grupo de exploración en el que toma parte Bartolomeo como hombre de confianza del capitán y la Madre Verónica como representante del obispo. Antes de partir, Pär Lundkvist -un enano de la clase baja amigo de Bartolomeo- le confía la existencia de un plan para que una grupo de inferiores escapen de la Argonos para establecerse en Antioquía; la participación de Bartolomeo es esencial para la viabilidad de dicho plan, ya que él tiene acceso a los códigos necesarios para acceder a las lanzaderas, por lo que le solicita su ayuda. Bartolomeo no responderá a dicha petición sin embargo antes de explorar el planeta. Cuando el contingente de exploración baja por fin a tierra lo que encuentran resulta tremendamente turbador: asentamientos deshabitados con extrañas construcciones primero, una enorme fosa de esqueletos humanos más tarde, y finalmente el más terrible descubrimiento, un edificio de cristal bajo el que hay una gran sala repleta de esqueletos de hombres, mujeres y niños, mutilados y ensartados en ganchos de metal. Esta terrible visión impresiona profundamente a la Madre Verónica y a Bartolomeo, y cuando el Consejo determina que deben abandonar el planeta cuanto antes, surge en Bartolomeo la determinación de participar en el motín. Dicho motín será sin embargo un fracaso y Bartolomeo acabará en prisión como uno de los cabecillas del mismo.

El encarcelamiento de Bartolomeo dura meses hasta que tiene lugar el descubrimiento que marca la segunda parte de la novela (“La nave muerta”). La Argonos encuentra en su rumbo una gigantesca nave alienígena sin señales de vida o actividad. El capitán -inmerso nuevamente en enormes dificultades políticas- ordena rápidamente la liberación de Bartolomeo y los demás cabecillas de la insurrección (a los que realmente nunca se llegó a someter a juicio), ya que precisa de éste para liderar como representante suyo una exploración de la nave alienigena. Ante la amenaza de un nuevo encarcelameniento (y con la amistad con Nikos irreparablemente rota), Bartolomeo accede a ello y tras una tensa reunión del Consejo se acuerda la composición del grupo explorador. Cuando dicho grupo llega a la nave -que ya había empezado a ser explorada y que se había cobrado varias víctimas mortales en diversos accidentes- Margita Cárdenas, uno de los miembros de la tripulación, le hace partícipe de dos confidencias. La primera es que aunque la Argonos está estacionada a una distancia constante de 3 000 km de la nave alienígena, cada dos días deben rectificar la posición ya que la distancia entre ellas se reduce por causa aún no explicada. La segunda es que el hallazgo de la nave alienígena no fue casual: horas después de que el grupo de exploración hubiera llegado a Antioquía, la baliza que les llevó a allí comenzó a emitir una señal compleja y altamente direccional. El análisis de la misma indicaba que no había ninguna estrella en esa dirección en cientos de años luz, por lo que el capitán decidió seguir el camino de la misma con propulsión convencional y los sensores a máxima alerta. Fue eso lo que les llevó a descubrir la nave alienigena. Estas inquietantes revelaciones se unen al desasosegante aspecto de la nave alienígena, cuyo interior está repleto de grandes salas sin calor, atmósfera ni gravedad, conectadas por oscuros pasillos de proporciones no humanas. La exploración se demuestra sumamente peligrosa, debido a la repentina presencia de intensa gravedad al pasar a ciertas salas, y a la existencia de extrañas barras de propósito desconocido que cruzan algunas estancias y de paredes rugosas que pueden rasgar los trajes presurizados. Eventualmente se encuentran cámaras de aire que separan estancias con ambiente de vacío espacial con salas que extrañamente tienen una gravedad, temperatura y composición atmosférica adecuadas para los humanos. Es en una de estas salas en la que hallan a una anciana aparentemente perturbada y cuyo idioma no entienden. A pesar de su agresivo comportamiento, consiguen sedarla y llevarla a la Argonos. El debate surge entonces en el Consejo sobre qué hacer, si alejarse a toda velocidad de la nave como propugna la Iglesia (que la ve como recipiente del Mal), o intentar explorarla de alguna manera por si hay en ella más humanos (como sostiene Bartolomeo). La solución de consenso encontrada se revelará como enormemente desafortunada una vez se revele el ominoso secreto que la nave oculta en su interior…

Estamos ante una obra muy bien desarrollada que combina los escenarios de astronave generacional con los de primer contacto, y en la que es inevitable trazar relaciones con películas como “Alien” y “Event Horizon”, e incluso con novelas como “Cita con Rama”. El poder y las fricciones sociales son dos de los temas que Russo emplea para mover la trama, pero posiblemente el tema subyacente principal es la existencia del Mal, incluso a escala cósmica. Esta existencia (no tanto como dualidad frente al Bien, sino como realidad independiente) no necesariamente ha de ser interpretado desde una perspectiva religiosa, aunque Russo emplea al obispo Soldano y fundamentalmente a la Madre Verónica, uno de los personajes centrales y mejor elaborados, como vehículo para presentar ideas sobre dicho Mal. De hecho, una de los grandes aciertos de Russo es dejar abiertos a la imaginación del lector muchos aspectos de los alienígenas y de su nave. El desenlace de la novela es frenético una vez se revela parte de lo que se oculta en el interior de la nave, y se alcanza un climax de enorme altura y tensión (y con algunas perlas como una frase del obispo que -con ayuda de la imaginación del lector- conducen a conclusiones muy inquietantes). En resumen, un libro muy recomendable, dignísimo ganador del PKD, y que ha hecho que ponga a otras novelas de Richard Russo en el punto de mira.

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