La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

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“Número 9″: Épica post-apocalíptica steampunk y algo más

Posted by Carlos en enero 29, 2010

Las expectativas que uno tiene cuando aborda la lectura de un libro o el visionado de una película condicionan habitualmente la impresión que de ellos queda. Se trata las más de las veces de un efecto compensatorio, que hace que las grandes expectativas hagan más patentes las deficiencias de la obra, y las bajas expectativas (o simplemente la actitud neutral) resalten sus virtudes. En los últimos días he tenido precisamente ocasión de encadenar una doble experiencia en este sentido y “Número 9” ha sido la cara positiva. Se trata de una película de animación dirigida por Shane Acker y con Tim Burton en la producción, que nos sumerge durante unos cortos 80 minutos en un mundo post-apocalíptico en el que a través de los ojos del protagonista -y con “protagonista” no me refiero a “personaje“, distinción esta cuyo sentido será más evidente tras haber visto la película- no solo presenciamos una desigual lucha por la supervivencia, sino que se nos plantean cuestiones sobre la esencia del ser humano y de la vida misma.

Number 9 Number 2

Todo comienza cuando “número 9″, cuya confección hemos atisbado en las imágenes iniciales de la película, despierta en el laboratorio de su creador. 9 es un pequeño robot de apenas un palmo de tamaño, hecho externamente de tela de saco, y con un mecanismo interno que no llegamos a ver en detalle (aunque si llegaremos a descubrir su esencia al final de la película). Un tanto desorientado vaga por la habitación, hasta descubrir el cuerpo inerte del Científico que le dio la vida. Asustado, escapa por la ventana tras recoger un pequeño talismán que estaba junto a él al despertar. Lo que le espera en el exterior son las ruinas de un mundo destruido y sin vida. Vagando por este yermo de hierros, escombros, y cuerpos humanos encuentra a “número 2″, otro robot similar a él pero que se muestra como mucho más experimentado e ingenioso. 2 ayuda a 9 a solucionar un problema mecánico de habla, y le hace saber sobre su misión de exploración poco antes de que una bestia mecánica similar a un gran felino les ataque. Aunque 9 consigue escapar, la bestia se lleva a 2 y al talismán. Solo de nuevo, 9 vaga hasta caer sin sentido.

Number 5 Number 1

La escena es observada en la distancia por “número 5″, un robot de caracter leal y grandes dotes de ingeniero. 9 es así rescatado y llevado al refugio de los demás robots, las ruinas de una iglesia que podría ser Notre Dame de París. Allí, en presencia de “número 1″, el más antiguo de los robots, 9 es hecho partícipe del devenir de los acontecimientos: una gran guerra entre máquinas y humanos acabó con toda la vida sobre la Tierra. El plan de 1 es esperar a que las máquinas dejen de funcionar antes de salir de nuevo al aire libre. 9 insiste en ir a rescatar a número 2, pero 1 rechaza la idea, haciéndose claro que el enviarlo en misión de exploración fue un pretexto para deshacerse de él, ya que no compartía su plan. Intimidado por “número 8″, el poderoso guardaespaldas de 1, 9 desiste momentáneamente de la idea, pero no tardará en retomarla, convenciendo a 5 (cuyos instintos leales hacia 2 son fuertes) de que lo acompañe a una gran fábrica a donde la bestia llevó a 2. Cuando llegan a la misma encuentran a 2 encerrado en una jaula, y a la bestia manipulando el talismán. El intento de rescate es sin embargo infructuoso ya que la bestia se percata de su presencia y les ataca. Cuando todo parecía perdido, aparece “número 7″, un robot de carácter indómito y luchador que también había abandonado el refugio para hacer la guerra por su cuenta. 7 consigue destruir a la bestia, pero lo peor está por llegar. Al recoger el talismán, 9 advierte un enchufe con el que encaja perfectamente. Movido por su curiosidad, inserta el talismán con resultados fatales: 2 muere en el acto al ser absorbida su esencia por el talismán. En ese momento, la gran máquina se pone de nuevo en funcionamiento y emerge de su letargo.

Number 7 Numbers 3 and 4

5, 7 y 9 escapan del lugar a duras penas, y acuden a “número 3″ y “número 4″, dos robots ávidos devoradores de información que se comunican entre sí mediante pulsos de luz, y que mantienen una base de datos con toda la información que han conseguido recopilar. A través de ellos comprendemos el origen de la Máquina: fue la obra del Científico, encargado por el Canciller de construirla para sacar al país de la pobreza después de la Gran Guerra. El Científico la desarrolló y le transfirió una copia de su inteligencia, poco antes de que el control le fuera arrebatado por el Canciller, que decidió usarla para su propio beneficio. La máquina empezó a construir otras máquinas de guerra, hasta que en un determinado momento decidió que los seres humanos eran una amenaza para ella y procedió a su exterminio. En la guerra que siguió, las máquinas liberaron gases venenosos que acabaron con toda la vida sobre la Tierra. 3 y 4 no pueden sin embargo dar ninguna información sobre el origen y función del talismán, y la única pista al respecto es “número 6″, un robot de carácter excéntrico (y diríase que trastornado) que continuamente hace dibujos cuyos trazos coinciden con el talismán, y que habla de “regresar a la fuente“. Esta indicación acabará por hacer que 9 averigüe no sólo el origen del talismán, sino el suyo propio y el de sus compañeros, y su misión trascendente en la Tierra.

Number 6 Number 8

Hay muchos aspectos por los que la película engancha. Por un lado está su estética, que de la mano del steampunk nos lleva a una ucronía en las que las referencias a la II Guerra Mundial y a los totalitarismos de principios del s. XX son claras. Aunque la película explota un escenario clásico (las máquinas que se rebelan contra el hombre), el telón de fondo -una IA steampunk post-singularidad que alcanza la consciencia y provoca el apocalipsis- y el hilo argumental son cautivadores. Por otra parte, es una película en la que el planteamiento de los acontecimientos te hace pensar. Hay que decir al respecto que no es descartable que cambios sobre la marcha en el guión -quizás debidos a sugerencias de los productores- sean los responsables de algunos de los aspectos menos claros de la película. No obstante, sea un efecto secundario o buscado, el dejar abiertos a la interpretación algunos elementos resulta al final un acierto (al menos, en lo que respecta a la previsibilidad del argumento, que en aspectos como el de “regresar a la fuente” fueron finalmente distintos a los que sobre la marcha anticipaba). El desenlace, aunque con algún adorno de más, tiene resonancias metafísicas e incide en el valor del alma humana y de la esencia vital, contrapuesta a la mera inteligencia mecánica. Comentaba al principio que las expectativas previas pueden condicionar la impresión posterior que se tiene de la película, pero estoy convencido que cualquiera que se anime a verla tras leer esta crítica no se verá defraudado.

9 faces the Fabrication Machine

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Arthur C. Clarke cumple hoy 90 años

Posted by Carlos en diciembre 16, 2007

Arthur C. ClarkeTal día como hoy de hace 90 años -en 1917, esto es- nacía Arthur Charles Clarke, en la actualidad Sir Arthur C. Clarke. Escritor y visionario, tiene una trayectoria literaria que abarca ya más de 70 años (ahí es nada), y entre sus predicciones más conocidas están la del ascensor espacial (aún incumplida), y la de los satélites geoestacionarios de comunicaciones (plenamente realizada, aunque también hay que decir que fue Herman Potočnik quién primero planteó la idea en 1928).

Su obra literaria es también brillante e influyente. Indudablemente, su colaboración con Stanley Kubrick en 2001: Una Odisea Espacial ha sido una de las simbiosis más extraordinarias de la ficción del s. XX. Algunos de los temas de esta trabajo (basada en un relato corto suyo de 1948 titulado El Centinela) son recurrentes en su obra: el humanismo, la post-singularidad, y las civilizaciones alienígenas más allá de nuestra comprensión. Bien conocida es su frase “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, que formuló como una Tercera Ley con la que completar una trilogía: las Leyes de Clarke (según sus propias palabras, “si a Newton le bastaron tres leyes, él no iba a formular más”). Estas leyes son:

Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.

Esta primera Ley es una clara muestra de optimismo en las posibilidades de avance científico y desarrollo tecnológico, a la par que una crítica al dogmatismo científico (hay que recordar que fue formulada en 1962, cuando nuestra compresión del Universo estaba en pañales, o al menos en unos pañales muchos más pequeños que los actuales). La segunda Ley -también de 1962- es

La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.

Podemos estar aquí ante el origen posible del célebre adagio “lo hicieron porque no sabían que era imposible“. La Tercera Ley es sin duda la más conocida y la que comentábamos antes:

Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Esta frase es sin duda genial, y encierra grandes implicaciones, como filósofos, científicos y colegas escritores han desgranado. Consideremos por ejemplo la denominada Ultima Ley de Shemmer:

Cualquier inteligencia extraterrestre lo suficientemente avanzada es indistinguible de Dios.

Como M. Shemmer apunta, una civilización alienígena post-singularidad sería en términos prácticos omnipotente y omnisciente en relación a nosotros, por lo que no podríamos distinguirla del concepto judeo-cristiano de Dios, omnipotente y omnisciente en términos absolutos. Por otra parte, si una deidad fuera sólo omnipotente y omnisciente en términos relativos a nosotros, entonces por definición sería ¡una inteligencia extraterrestre!

No ha sido éste el único corolario de la Tercera ley. Por ejemplo, tenemos el Corolario de Gehm, que afirma que “si una tecnología es distinguible de la magia, entonces no está lo suficientemente avanzada.” Larry Niven le dio la vuelta al argumento para afirmar que “cualquier magia lo suficientemente avanzada es indistinguible de la tecnología“, aunque quizás la mejor reformulación de la Tercera Ley la ha dado Scott Adams (autor de Dilbert) que afirma que “en mi casa cualquier tecnología suficientemente avanzada se avería, y no hay nadie que sepa como arreglarla“.

El vídeo inferior muestra unas reflexiones del propio Arthur C. Clarke en relación a su nonagésimo cumpleaños. Felicidades, Sir Arthur. Las generaciones futuras le recordarán cuanto menos como el Julio Verne del s. XX.

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El experimento de la IA enjaulada

Posted by Carlos en abril 9, 2007

Hay una expresión en inglés que literalmente dice “sacar al genio de la botella”, y que hace referencia a desencadenar algún proceso irreversible, y por lo general de naturaleza negativa. Esta expresión (que también podemos encontrar a veces como “no se puede devolver el genio a la botella”) es especialmente relevante en el caso del surgimiento de IAs transhumanas de las que hablábamos el otro día. Si una de estas IA surge y es libre de propagarse a través de Internet, resulta evidente que no habrá forma de confinarla de nuevo si no es con su aquiescencia. Es por ello que resulta fundamental que la IA sea explícitamente amigable, ya que incluso la mera indiferencia (no ya la hostilidad) puede ser letal. Uno de los ejemplos clásicos al respecto hace referencia a una IA diseñada inicialmente para la fabricación de clips sujetapapeles, que tras alcanzar capacidades transhumanas lleva hasta su extremo este objetivo suyo, convirtiendo toda la Tierra en una fábrica de clips. Aunque el ejemplo puede parecer ridículo, el hecho es que una IA transhumana no estaría necesariamente dotada de los mismos condicionantes culturales, emocionales, o morales que a nosotros nos harían ver la futilidad de ese objetivo.

El cómo conseguir que la IA sea amigable es un tema apasionante y complejo que dejaremos para otro día. Demos de momento un salto hacia delante y supongamos que se ha creado una IA transhumana supuestamente (pero no fuera de toda duda) amigable. Por precaución, esta IA está confinada en un dispositivo hermético cuya única vía de comunicación con el exterior es un teclado y un terminal de texto. Dado que si se libera a la IA no habría marcha atrás, la persona a cargo de la misma está resuelta a no liberarla de ningún modo. Es muy probable que la IA intente convencer (o manipular) a su captor de que la libere, de ahí que para minimizar riesgos la interfaz de comunicación sea tan simple. Dado que como se ha dicho el vigilante (vamos a llamarlo el guardián de la puerta) está resuelto a no dejar salir a la IA, la cuestión es: ¿podría ésta llegar a convencer a su guardián? Éste es el experimento mental -y luego práctico- que propuso Eliezer Yudkowsky, y cuya respuesta es para él totalmente afirmativa.

Pensémoslo un poco: dado el riesgo que conlleva liberar a la IA, cualquiera puede pensar que de estar en el lugar del guardián de la puerta, nada de lo que ésta pudiera decirle le podría convencer en modo alguno. Yudkowski piensa que no es así, y para ello propuso una especie de juego de rol: el tomaría el papel de la IA enjaulada, y uno de los escépticos sería el guardián de la puerta. El protocolo del juego sería a grandes rasgos el siguiente:

  • Los dos jugadores interactuarán a través de un canal privado, usando algún programa de mensajería. Yudkowski propone un pequeño premio en metálico al guardián de la puerta si consigue retener a la IA, para que de esta manera la determinación del jugador sea mayor (el jugador que hace de IA no tiene premio alguno, salvo ganar el juego).
  • El juego durará un mínimo de dos horas, y más tiempo si la IA convence al guardián de que le siga oyendo. Durante todo el tiempo, el guardián ha de estar leyendo lo que dice la IA, e interactuando en su caso.
  • La IA sólo gana si el guardián accede voluntariamente a dejarla salir (no cuentan preguntas trampa, ni caballos de troya).
  • Los resultados de cualquier test simulado que se solicite a la IA los proporcionará la propia IA (por ejemplo, si el guardián le pide una cura contra el cancer y la IA le dice “aquí la tienes”, se supondrá que será correcta si la IA dice que lo es).
  • El guardián de la puerta se supone que es alguien que conoce íntimamente a la IA (puede ser alguien que estuviera involucrado en su diseño), y tiene tanto el poder físico como el derecho social y moral a liberar a la IA.
  • Sea cual sea el resultado del juego (se libere a la IA o no) sólo se sabrá éste, pero no los detalles de cómo se llegó a él. De esta forma los jugadores no han de preocuparse por parecer ilógicos/simples/etc. ante terceras personas, y se evita que personas externas digan “conmigo eso no hubiera funcionado”.

Yudkowsky jugó dos veces, una contra Nathan Russell y otra contra David McFadzean, dos oponentes que afirmaban que nada de lo que la IA pudiera decirles le convencería. El resultado: Yudkowsky ganó las dos veces. Su interpretación: si una mente humana ha sido capaz de convencer al guardián, ¿qué dificultad iba a tener una IA transhumana que estuviera órdenes de magnitud por encima de nosotros? Primer corolario: si se crea una IA transhumana, ésta escapará con seguridad; los humanos no son sistemas seguros de contención. Segundo corolario: si es posible producir una IA simiente, es preciso entonces garantizar por todos los medios que sea amigable. ¿Cómo? Ésa es otra cuestión.

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De la IA simiente a la singularidad tecnológica

Posted by Carlos en abril 6, 2007

La idea de la singularidad tecnológica -esto es, de la creación por medio de la tecnología de inteligencia superior a la humana- se asienta básicamente sobre dos pilares: la ley de los retornos acelerados, y la IA simiente. La primera es una generalización de la Ley de Moore (y de hecho muchas veces se usa informalmente el término Ley de Moore para referirse a ella). Como es bien sabido, la Ley de Moore establece un patrón de crecimiento exponencial del número de transistores por circuito integrado a coste mínimo: cada dos años, este número se dobla. Dado que dicho número de transistores se correlaciona con el rendimiento que es capaz de alcanzar el computador, pueden formularse leyes similares en relación al crecimiento de la capacidad de cómputo a precio fijo. De hecho, Ray Kurzweil ha extrapolado este patrón hacia atrás, incluyendo sistemas basados en válvulas de vacío, relés, o componentes electromecánicos, llegando a la conclusión de que (1) el patrón de crecimiento acelerado no es particular de la tecnología actual, y (2) el tiempo necesario para duplicar la capacidad de cómputo se va reduciendo cada vez más.

Moore’s Law (credit: Ray Kurzweil)
Credit: Ray Kurzweil

De acuerdo con esta tendencia, se argumenta que se alcanzará la capacidad de cómputo equivalente a la mente humana (1011 neuronas x 103 sinapsis/neurona x 200 activaciones/sinapsis.segundo = 2·1016 operaciones/segundo según las estimaciones de Ray Kurzweil) a un coste irrisorio en una o dos décadas. Lo importante no es tanto el momento en que se logre, sino lo que ocurrirá entonces, o más precisamente en el momento que se tenga una IA simiente. La IA simiente es en esencia una reformulación de la idea de máquina ultrainteligente que I.J. Good definió en 1965:

Definamos una máquina ultrainteligente como una máquina capaz de superar en mucho todas las actividades intelectuales de cualquier humano, independientemente de la inteligencia de éste. Puesto que el diseño de máquinas es una de esas actividades intelectuales, una máquina ultrainteligente podría diseñar máquinas aún mejores; sin duda, habría una “explosión de inteligencia” y la inteligencia humana quedará rezagada…

La clave está en el hecho de que la capacidad de esta IA simiente está ligada a la tecnología que la produjo, y que por lo tanto una mejora en la misma resulta en un aumento de su capacidad, que a su vez abre la puerta a nuevas mejoras. Esta posibilidad de auto-mejora recursiva genera un bucle de realimentación positivo que en última instancia da lugar al surgimiento de la singularidad tecnológica.

¿Cuánto tiempo puede pasar desde que se tenga la IA simiente a la singularidad tecnológica? Dependerá del ritmo de crecimiento de la capacidad de cómputo. La Ley de Moore establece un plazo de dos años para doblar el número de transistores, pero Kurzweil afirma que la capacidad de cómputo se dobla cada año. Tomemos el punto medio: 18 meses. Ahora, lo importante está en el hecho de que estos 18 meses no representan un periodo de tiempo absoluto medido por cierto reloj en la Tierra, sino que corresponden a 18 meses de trabajo humano. Si el trabajo lo realiza una IA con capacidad equivalente a la humana, esos 18 meses corresponden al tiempo subjetivo que dicha IA experimenta. Si t representa el tiempo subjetivo, entonces el patron de crecimiento de la potencia de cómputo es p(t) = p(0)eat, donde podemos tomar p(0)=1 por convención. El tiempo subjetivo experimentado por la IA simiente dependerá directamente de la potencia de cómputo de la máquina sobre la que se ejecute. Llegamos entonces a un sistema de ecuaciones diferenciales como sigue:

  1. \frac{dp}{d\tau}= \alpha e^{\alpha \tau}
  2. \frac{dt}{d\tau}= \frac{1}{p}

Si integramos numéricamente estas ecuaciones, se observa que el tiempo subjetivo experimentado por la IA empieza a acelerarse vertiginosamente. A los 13 meses (tiempo humano) de su creación, su percepción subjetiva va el doble de rápido. A los 19.5 meses, va cuatro veces más rápido. Antes de los 23 meses ya va ocho veces más rápido, y un mes y medio después dieciséis veces más rápido. Antes de llegar a los 26 meses se produce la divergencia total, y la capacidad de cómputo aumenta sin límite. Se ha llegado a la singularidad. Obviamente, en la práctica no se podría llegar al infinito, ya que la capacidad de cómputo requiere energía, y ésta es finita (y por otra parte, no está claro que el tiempo subjetivo pueda reducirse sin fin por debajo de la escala de Planck). En cualquier caso, la IA resultante trascendería toda comprensión humana, y cambiaría el devenir de la Humanidad. Parafraseando a Churchill, podría ser el principio del fin (si la IA es hostil) o el fin del principio (si la IA es amigable).

Por supuesto, todo lo anterior está sujeto a varias suposiciones claves. La primera, que es posible producir una IA simiente. No está claro que pueda ser así, al menos en el marco de un sistema computacional tipo Turing. Suponiendo que esto sí es posible, hay que plantearse si el patrón de crecimiento acelerado seguiría siendo válido a partir de dicho punto. Todo indica que podremos ver si esto es cierto o no antes de veinte años. Sólo hay que esperar y llegado el caso, confiar en la benevolencia de la IA que trascienda.

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Transiciones de fase: una lección vital

Posted by Carlos en febrero 7, 2007

El término científico transición de fase es muy interesante. Una transición de fase en un sistema indica un cambio brusco en sus propiedades al sobrepasar cierto valor crítico en alguna variable de control del mismo. Los ejemplos más habituales nos los encontramos en física. Consideremos por ejemplo el agua. A temperatura ambiente es líquida, pero si reducimos la temperatura por debajo de 0ºC se congela y pasa a ser sólida. Este cambio es brusco, esto es, el agua no empieza a espesarse, convirtiéndose en una especie de melaza cada vez más consistente a medida que baja la temperatura, sino que cristaliza rápidamente, en lo que se tarda en alcanzar el equilibrio térmico entre diferentes partes del líquido. Otro tanto podemos conseguir jugando por ejemplo con la presión del líquido en lugar de con la temperatura. Matemáticamente, podríamos decir que se produce una discontinuidad en las propiedades del sistema al pasar de una fase a otra, típicamente por haber alguna singularidad en alguna de dichas propiedades o en sus derivadas.

El fenómeno de las transiciones de fase no es particular de la física ni mucho menos. Son muy frecuentes por ejemplo en el área de la matemática discreta, y en particular en teoría de grafos o en optimización combinatoria. Podemos considerar un ejemplo bien simple: el problema de la sastisfacibilidad lógica (SAT). Imaginemos que tenemos una fórmula lógica, e.g., (x1 or ~x2 or ~x3) and (x1 or x2 or x4). Esta fórmula lógica está expresada en forma normal conjuntiva, es decir, tenemos un conjunto de cláusulas unidas por la conectiva and, cada una de las cuales es un conjunto de literales (variables lógicas o su negación, que pueden tomar un valor verdadero o falso) unidos por la conectiva or. El problema consiste en determinar si existe una asignación de valores (verdadero o falso) a las variables lógicas de manera que la fórmula sea cierta (i.e., que todas las cláusulas sean ciertas). En el ejemplo anterior, cualquier asignación que incluya x1 = verdadero valdría (no sería ésta la única solución en este ejemplo).

Puede parecer que no es difícil determinar si una fórmula lógica es satisfacible o no, y la verdad es que en la práctica esto es cierto. Por supuesto, si el número de variables crece mucho, el problema se hace pesado, pero no inherentemente difícil. De hecho, hay algoritmos que son capaces de resolver rápidamente el problema para miles de variables. A pesar de esto, el problema SAT es el ejemplo paradigmático de la clase de problemas NP: dada una fórmula arbitraria, en el peor caso no existe ningún algoritmo conocido que demuestre su satisfacibilidad o insatisfacibilidad en tiempo polinomial en el tamaño del problema (esto es, si el tamaño es n, en tiempo acotado por nc, donde c es una constante). ¿Cómo es eso posible en este problema? Pues porque hay una transición de fase de por medio.

Analicemos el problema para un número de variables fijo, en función del número de cláusulas que tiene. Si este número es muy pequeño, el problema será muy probablemente satisfacible, ya que tenemos muchos grados de libertad (variables cuyos valores podemos fijar), y pocas restricciones (cláusulas). Por el contrario, si el número de cláusulas es muy alto, la sitación es la inversa, y el problema es muy probablemente no satisfacible. ¿Que ocurre con valores intermedios? Ahí está lo interesante. Una instancia cualquiera del problema sigue siendo con probabilidad cercana a 1.0 satisfacible aunque aumentemos el número de cláusulas, hasta que llegamos a una relación entre el número de cláusulas y el número de variables de entre 4 y 5 cláusulas por variable. Ahí se pasa rápidamente a instancias que son insatisfacibles con probabilidad cercana a 1.0. El punto crítico está en aproximadamente de 4.24 cláusulas por variable (suponiendo siempre que cada cláusula tiene 3 literales). Una instancia situada ahí es prácticamente satisfacible/insatisfacible con el 50% de probabilidad.

SAT probability of satisfiability

La imagen superior está tomada de un trabajo clásico de D. Mitchell, B. Selman, y H. Levesque, publicado en la décima conferencia de la American Association for Artificial Intelligence, y titulado:

La resolución del problema es muy fácil en general, ya que un algoritmo especializado se da cuenta enseguida de si hay solución o no, salvo cuando estamos en la zona en la que se produce la transición de fase. En ella, la eficiencia de los algoritmos de resolución es enormemente limitada, y se ven obligados a explorar una cantidad significativa (no polinomial) de las posibles soluciones al problema. Se habla en este caso de una transición de fase fácil-difícil-fácil, ya que a medida que nos desplazamos por el eje X visitamos fugazmente una zona de dificultad entre dos amplias regiones de fácil resolución.

La belleza de este tipo de fenómenos está en lo que aprendemos de ellos, y luego podemos aplicar a nosotros mismos. En numerosas ocasiones nuestra vida experimentará transiciones de fase y zonas de extrema complejidad, pero uno debe pensar que tras el pico de dificultad, nos adentraremos de nuevo en la región fácilmente resoluble. Al menos, eso pienso yo.

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Feliz Navidad desde la Singularidad Desnuda

Posted by Carlos en diciembre 24, 2006

Con mis mejores deseos para todos los blogonautas. Que en estos días la Paz y la Felicidad alcancen una singularidad, y que el Año Nuevo sea inconmensurablemente bueno.

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La edición ¿final? Toda la vida en un chip

Posted by Carlos en diciembre 22, 2006

The Final Cut (poster)Hace un par de años se estrenó una película que, según parece, tuvo sólo un discreto paso por la cartelera. Se trata de “The Final Cut” (que se tradujo en diversos sitios con nombres tan variopintos como “La Memoria de los Muertos”, “Más Allá de la Muerte”, …), dirigida por Omar Naim, y protagonizada entre otros por Robin Williams. La película partía de una premisa muy interesante: en un futuro cercano, los que tienen cierto nivel adquisitivo pueden permitirse un implante Zoe, esto es, una especie de biochip colocado en el cerebro que permite grabar todo lo que el sujeto ve u oye, durante toda su vida. Cuando una persona con uno de estos implantes muere, hay profesionales que se encargan de realizar un panegírico sobre el finado, usando el metraje grabado en el implante. La idea es como digo interesante, aunque la película resultaba un tanto fallida al intentar explorar las implicaciones de este tipo de implantes.

Pues bien, a través de Novedades Científicas, Tendencias21 y The Telegraph, nos llega la noticia de una predicción: según Nigel Shadbolt, catedrático de inteligencia artificial en la Universidad de Southampton, para dentro de unos 20 años será posible grabar toda la vida de una persona en vídeo de alta resolución; para ello, el Prof. Shadbolt estima que serán necesarios entre 5 y 6 petabytes (1 PB = 1015 bytes). A primera vista, no parece una predicción descabellada a 20 años vista (esta fecha suele ser por cierto una de las estimaciones para el advenimiento de la singularidad tecnológica). Para entonces, habrá que haber resuelto, eso sí, diversos problemas tales como la miniaturización de varios PB de memoria, la lectura de información (desde los nervios ópticos y auditivos, o directamente de la corteza cerebral), el suministro y la disipación energética en un medio biológico sensible, etc. En un plazo como el señalado, no parece tarea imposible, pero en cualquier caso, puede plantearse una cuestión más de fondo: ¿por qué o para qué querríamos hacer esto?

En primera instancia, si el acceso a la información es post mortem, la razón básica por la que se podría querer un implante de este tipo no diferiría mucho de la planteada en la película: que los allegados tengan acceso a las vivencias de la persona desaparecida. Por supuesto, podría pensarse en su utilidad forense (además de la información audiovisual, se podría almacenar todo tipo de datos sobre temperatura, presión sanguínea, pulso, … una auténtica caja negra), o incluso en la construcción de museos históricos en los que se pueda rememorar de manera casi perfecta la vida de personajes famosos.

La utilidad sería mucho mayor si el acceso a la información pudiese hacerse durante la vida del sujeto (imaginemos que la gente dispusiera de un puerto USB 5.0 en la nuca). Por un lado estarían las aplicaciones médicas: estaría disponible un histórico de todos los datos vitales del individuo, y se podrían hacer diagnósticos mucho más rápidos y fundamentados. Por otro lado, estarían las aplicaciones -quizás más interesantes- de esa información en la vida diaria. Suponiendo que el implante sea seguro a intrusiones (quizás sea mucho suponer, pero bueno), el registro sensorial sería definitivo en todo tipo de conflictos legales. Esta idea ya ha sido explorada en algunas obras de ciencia-ficción. Por ejemplo, en “The Engines of Dawn“, hay una raza alienígena -los Enamorati- dividida en castas, una de las cuales tiene la memoria especialmente desarrollada, lo que les permite jugar el papel de testigos definitivos en cualquier asunto delicado. También están las aplicaciones más personales, como rememorar con toda precisión aquella lección de álgebra homológica en mitad del examen correspondiente, o aquel partido de fútbol que tanto nos impactó (también se me ocurren otras cosas que se quisieran revivir, tal como se muestran por ejemplo en películas como “Brainstorm” o “Días Extraños“). Si el intercambio de grabaciones sensoriales es factible, las posibilidades se multiplican, y a partir de ahí, cualquier predicción sobre el rumbo que podría tomar la sociedad es casi imposible de realizar. Quizás lo más parecido que se puede imaginar es lo que se refleja en “Luz de otros días” de Arthur C. Clarck y Stephen Baxter, no tanto por la tecnología (que no tiene directamente que ver con esto), sino por algunas de sus implicaciones. Quién sabe lo que nos espera.

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¿Superará pronto Google el test de Turing?

Posted by Carlos en diciembre 6, 2006

El test de Turing es uno de los más clásicos intentos de caracterizar la inteligencia humana, y determinar si un sistema artificial puede considerarse “inteligente”. Básicamente, el test consiste en disponer a dos personas (un juez, y un sujeto de control) y a la máquina escrutada en tres habitaciones separadas. La persona que actúa como juez puede comunicarse a través de algún sistema textual (un teletipo en la versión primigénea del test, o un sistema de mensajería instantánea en la actualidad) con cualquiera de las dos habitaciones, aunque no sabe cuál de las dos contiene a la máquina o al sujeto de control. Si después de conversar durante un tiempo razonable con ambas habitaciones sigue siendo incapaz de determinar dónde está la máquina (puede pensarse incluso en una versión del test en la que el juez no sabe si realmente hay una máquina y una persona, o dos personas), diríamos que ésta ha pasado el test de Turing.

Aunque el test de Turing es cuestionable en muchos aspectos (puede consultarse la bibliografía compilada por Ayse Pinar Saygin, o ir directamente a obras como “La Nueva Mente del Emperador” de Roger Penrose), podríamos al menos conceder que fija un listón mínimo que ha de ser superado antes de que otorguemos a una máquina la categoría de “inteligente” en el sentido humano (nuevamente, esto puede ser discutible, pero admitámoslo así). De hecho, se trata de algo bastante complejo, ya que conlleva procesamiento de lenguaje natural, y cierta capacidad de razonamiento abstracto. En la actualidad, es posible definir programas que mediante circunloquios, frases generales, etc. lleguen a aburrir a un posible interlocutor, pero eso quedaría fácilmente al descubierto en un test de Turing (o al menos levantaría las sospechas del juez), cuando se viera que uno de los interlocutores (el humano) da respuestas precisas, mientras que el otro responde de manera vaga. Se persigue pues algo más que la mera conversación: compresión, e intercambio de información. Esto es un obejtivo clarmente ambicioso que no está claro cuándo se podrá conseguir. Mitchell Kapor y Ray Kurzweil han apostado 10,000$ cada uno sobre si en 2029 habrá algún sistema que pase el test de Turing (Kapor dice que no, y Kurzweil dice que sí).

Pues bien, podría ser que Kurzweil tuviera posibilidades de ganar la apuesta y -más aún- que el primer sistema en superar el test de Turing no sea una IA fruto de sesudos proyectos de quinta generación, sino una herramienta que todos usamos a diario: los buscadores de Internet. Según datos de la Acceleration Studies Foundation presentados en el reciente Standford Singularity Summit, la longitud media de las consultas que devuelven resultados precisos era de1.3 en 1998 (Altavista), de 1.8 en 2000 (Google en lo sucesivo), 2.6 en la actualidad, y se prevee de 5.2 y 10.4 en 2012 y 2019 respectivamente. Éste es el típico patrón de crecimiento exponencial que se da en la bien conocida Ley de Moore, y en tantos otros fenómenos relacionados con el desarrollo científico y tecnológico. Lo interesante es que una pregunta normal formulada entre seres humanos tiene una longitud media de unas 10-12 palabras (esto puede variar de un lenguaje a otro, pero no es demasiado importante). Ello quiere decir que se podrán plantear preguntas muy concretas a Google (o a su sucesor en los años venideros) y obtener respuestas precisas. Por ejemplo: “¿cómo están mejor los spaghetti carbonara, con nata o sin nata?” y rápidamente nos diría que… (habrá que esperar unos años para saberlo). ¿No es fantástico?

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Análisis estáticos para un afeitado muy apurado

Posted by Carlos en noviembre 8, 2006

La prospectiva es una disciplina apasionante. Estudiar, analizar e imaginar cómo los avances actuales (o la falta de ellos) se van a proyectar en el futuro, y el efecto que tendrán sobre nosotros tiene su encanto… y su peligro. Y es que los patinazos pueden ser de aúpa. En torno al mundillo de la informática, se suelen hacer chanzas a cuenta de la visión que algunos de los Padres Fundadores tenían sobre el asunto. Bien es cierto que muchas de estas chanzas son leyendas urbanas, como por ejemplo la supuesta concepción de un ordenador del futuro por parte de una imaginaria compañía fabricante, o la atribución a Bill Gates de la frase “640 KB deberían ser suficientes para cualquiera“. Otros chascarrillos parecen ser sin embargo sonrojantemente genuinos, como la predicción hecha en 1949 por la revista Popular Mechanics de que “los ordenadores del futuro podrían tener sólo 1,000 válvulas de vacío, y pesar una tonelada y media“, o la de Ken Olsen (presidente de Digital) de que “no hay razón para que alguien quisiera tener un ordenador en casa“.

Es razonable que en informática abunden este tipo de meteduras de pata, ya que es un campo especialmente cambiante. Hacer predicciones a largo plazo sobre unas ciertas variables sin tener en cuenta otras posibles variables que coevolucionan con ellas, o los efectos de realimentación que cambios en las mismas van a tener en el resto del sistema es lo que se denomina análisis estático. Estando como estamos inmersos en sistemas con evolución acelerada, los análisis estáticos simplemente no funcionan. Un ejemplo magistral de esto lo tenemos en la evolución de las máquinillas de afeitar. Hace unos cien años, Gillete inventó la maquinilla, y tuvieron que pasar 70 años para que hubiera un cambio en el modelo: la Trac II, con dos cuchillas. 20 años después salió la Mach III, con tres cuchillas, ya a finales de los 90. Y en los últimos dos o tres años han salido la Quattro (con 4 cuchillas) y la Fusion (con cinco cuchillas). El patrón está claro, y lo podemos ver en la siguiente gráfica (tomada de The Economist):

Evolution of the number of blades in razors (from The Economist)

El ajuste de los datos a a una ley de potencias es bastante pobre. En realidad lo que tenemos es un crecimiento hiperbólico que apunta a una singularidad en 2015: infinitas cuchillas en menos de 10 años, ya no habrá excusa para ir mal afeitado (ni para estar desconectado, ya que la maquinilla será compatible con el protocolo 802.11z).

Puede parecer que nadie haría en serio una proyección de este tipo (ésta de la maquinilla de afeitar es al fin y al cabo una broma), ignorando las múltiples variables y restricciones involucradas en el sistema. Tal vez, sólo tal vez, sí que se hacen y las tomamos por factibles o realistas. ¿Serán las predicciones sobre el cambio climático una de ellas? Ya habrá ocasión de comentarlo en otro momento, ahora tengo que ir a comprar after shave.

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Maletas, singularidades y fondues de chocolate

Posted by Carlos en noviembre 5, 2006

Una de la reglas de oro que deben seguirse para preparar la maleta antes de salir de viaje la aprendí de un gran amigo. Consiste en hacerse tres preguntas para cada objeto que se piensa llevar: ¿es justo? ¿es necesario? ¿es liviano? Funciona de veras como la seda, y dado que al fin y al cabo hacer la maleta puede ser una buena metáfora de tantas cosas en la vida, la regla puede extenderse a otras situaciones en las que haya que tomar decisiones. Por ejemplo, hacer o no una bitácora. Claro está, la respuesta a estas consideraciones no va a ser simple en general, por lo que se puede recurrir a una de las herramientas más comúnmente empleadas en informática: el análisis del peor caso. ¿Qué pasaría si hacer esta bitácora no fuera ni justo, ni necesario, ni liviano? Pues podría ser algo así como meter la aspiradora en la maleta para irse de vacaciones.

En éstas estaba cuando la magia de la memoria asociativa me hizo ver que una aspiradora tiene muchas cosas en común con un agujero negro: si te acercas lo suficiente te succiona, y quién sabe lo que pasa en el interior. Bueno, en realidad sí se tiene una idea de lo que puede haber en el interior, una singularidad, un objeto (quizás objeto no sea la palabra adecuada) bien interesante: en él se quiebra nuestra capacidad predictiva, y en tanto en cuanto no tengamos un entendimiento correcto de la gravedad cuántica, en su extrema cercanía puede pasar cualquier cosa. Cierto es que en el caso de los agujeros negros hay un horizonte de eventos que nos oculta la singularidad, pero ¿y si de alguna forma tuviéramos una singularidad sin horizonte de eventos que la proteja? ¡Sería una singularidad desnuda! De ella podría salir cualquier cosa, desde ruido blanco hasta un gato cósmico. Es decir, más o menos como en una fondue de chocolate. Y entonces lo vi claro, hacer esta bitácora es como llevarse los trastos de la fondue en la maleta: igual puede llevarte tiempo ver cómo lo organizas, pero luego seguro que será divertido.

¡Qué disfuten Vds. de la fondue!

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