Archivos de la categoría ‘Libros’
Stargate meets Narnia
Publicado por Carlos en Noviembre 20, 2009
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“La conspiración lunar ¡vaya timo!” de Eugenio Fernández Aguilar
Publicado por Carlos en Septiembre 3, 2009
“La conspiración lunar ¡vaya timo!” es un libro de Eugenio Fernández Aguilar, físico sevillano afincado en Cádiz y a la sazón editor del estupendo blog “Ciencia en el XXI”. Es el décimo título de la colección “¡vaya timo!”, cuyo común denominador es el abordaje de mitos pseudocientíficos y supercherías de diverso pelaje, y cómo el pensamiento racional y el rigor científico pueden desmontarlos con facilidad. En este caso, el objeto de análisis son las teorías conspirativas que afirman que el hombre jamás llegó a la Luna, y que por lo tanto toda la evidencia del programa lunar no es más que un colosal montaje.
La idea de que nunca llegamos a la Luna es sin duda uno de los bulos más divertidamente ridículos que podemos encontrarnos, lo que no es óbice para que sea uno de los más extendidos. Además de la mentira y la manipulación –habituales en toda teoría conspiranoica que se precie– han contribuido a ello diversos factores, tales como la falta de conocimientos de muchos de los receptores del bulo y el efecto bloqueante que sobre el sentido común ejerce a veces el asombro ante una proeza tecnológica y científica como en su conjunto fue el Programa Apolo. Vaya en descargo de lo primero que algunos de los supuestos argumentos que se han esgrimido en pro de la conspiración lunar encierran medias verdades o sutilezas que requieren no sólo una aproximación crítica sino también una cierta compresión de los fenómenos subyacentes. Otros son sin embargo sonrojantes patochadas que sorprendentemente han encontrado su nicho memético y continúan propagándose. Tanto las afirmaciones del primer tipo como del segundo son en cualquier caso cuidadosamente demolidas en esta obra.
Tras una breve recapitulación del programa lunar y de las diferentes misiones Apolo que llegaron a depositar astronautas sobre la superficie de la Luna, el libro entra en materia con la conspiración mostrando en primer lugar a los actores principales de la misma, esto es, a sus más conocidos defensores y difusores, periodistas y escritores que han hecho de este bulo –y en algún caso de otros más– una forma de [ganarse la] vida. Acto seguido se consideran una a una hasta 50 hipótesis que intentan refutar la llegada del hombre a la Luna. Tal como el propio Eugenio comenta, estas 50 hipótesis no constituyen una lista exhaustiva pues no se puede desestimar la capacidad inventiva de los conspiranoicos, aunque sí que proporciona una muestra representativa de las objeciones más conocidas y de su tipología. Así, nos encontramos con hipótesis que aducen algún tipo de imposibilidad física para el viaje (e.g., atravesar los cinturones de Van Allen, soportar las temperaturas de la cara iluminada de la Luna, etc.), hipótesis que se centran en aspectos tecnológicos (e.g., los ordenadores de la época tenían una capacidad de cómputo insuficiente, el módulo lunar no tenía bastante combustible para volver, etc.), hipótesis basadas en supuestas inconsistencias o fallos en la evidencia audiovisual (e.g., fotos sin estrellas, sombras anómalas, la bandera que ondea sin atmósfera, etc.), hipótesis construidas sobre material notoriamente falso (e.g., parodias documentales, vídeos secretos, etc.) y, como no, elementos conspirativos puros y duros (e.g., vídeos que se pierden, astronautas asesinados, lavados de cerebro, etc.). Cada una de estas hipótesis recibe su dosis de análisis crítico y es inexorablemente desmontada. El libro concluye con una lista de 10 pruebas contundentes de que sí se visitó la Luna, y con un capítulo de testimonios de cómo vivieron el alunizaje diferentes periodistas y científicos conocidos tales como Jesús Hermida, Miguel de la Quadra-Salcedo o Manuel Toharia entre otros.
El libro está escrito en un lenguaje claro y en un tono muy ameno. Destaca la cantidad de diagramas y de reproducciones en color de fotografías o fotogramas del proyecto lunar. Obviamente este detalle resulta fundamental, ya que muchas de las hipótesis consideradas se centran precisamente en anomalías en el material fotográfico. Algunas de las reproducciones fotográficas resultan un tanto pequeñas, por motivos quizás de producción. No obstante, todas las fotografías mostradas están en el dominio público y pueden consultarse por Internet. El mismo Eugenio recoge en su blog enlaces a las fotografías y vídeos relacionados en el libro. En resumidas cuentas, se trata de un libro muy entretenido y de lectura interesante, no sólo desde el punto de vista de refutar la conspiración lunar, sino también como medio para aprender sobre numerosos aspectos de las misiones Apolo y de las condiciones ambientales en la Luna.
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Duelos y Quebrantos de Diseño
Publicado por Carlos en Septiembre 1, 2009
El archiconocido comienzo del Quijote versa tal que así:
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.
Esos duelos y quebrantos que Don Alonso tenía los sábados no eran emocionales, sino gastronómicos como bien se infiere del contexto. Se trata de un plato con el que el ilustre hidalgo daba cuenta de la abstinencia de carne que durante viernes y sábado se observaba en la Castilla de la época. Dicha abstinencia era eso sí sui generis, ya que el plato en cuestión contiene chorizo, tocino y sesada, aunque ninguna carne selecta con la que infringir flagrantemente el precepto. Precisamente, se apunta a que el nombre del plato pueda provenir del hecho de que se quebrantaba (si bien de manera admisible) la abstinencia, o incluso a que los ingredientes del mismo permitían desenmascarar a judíos o musulmanes que se hicieran pasar por cristianos, ya que su ingesta quebraría seriamente los preceptos de dichas religiones. Otras explicaciones relacionan el nombre del plato con el hecho de que hay que quebrar los huesos del animal para extraer sesos y tuétano, o simplemente con la pobre consideración que el plato tenía al estar elaborado con ingredientes de tan baja estofa.
Claro que hasta el plato más humilde puede constituir una delicia gastronómica y hasta visual. En el Parador de Toledo puede degustarse un plato de duelos y quebrantos como el que se ve en la imagen superior. Toda una inyección calórica y un desparrame gustativo que merece la pena experimentar. Después de tomarlo no es de extrañar que le den ganas a uno de recorrer La Mancha con caballo, armadura y escudero. Afortunadamente, el calor y los mazapanes disipan rápidamente esos impulsos.
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“Code of the Lifemaker” de James P. Hogan
Publicado por Carlos en Agosto 21, 2009

Code of the Lifemaker es una novela de James P. Hogan, el prolífico –y en los últimos tiempos controvertido– escritor británico. Es fundamentalmente una pieza de ciencia-ficción dura que el autor emplea como vehículo para explorar el rol del individuo en la sociedad, los choques de culturas, así como el conflicto entre ciencia y superstición, todo ello aderezado con acción e intrigas en un apasionante entorno alienígena como telón de fondo.
Decía un celebérrimo director cinematográfico que si en una película no sucede nada interesante en los primeros 30 segundos, el abandonaba la sala. No es fácil trasladar esta idea al mundo literario, ya que hay grandes obras cuyo arranque pone a prueba al lector, pero si algo puede decirse de Code of the Lifemaker es que no adolece de este problema. El prólogo con el que comienza la novela es uno de los hitos de la ciencia-ficción, y ha llegado a ser publicado como pieza separada en antologías de cuentos cortos del autor. Todo comienza hace 1,1 millones de años, en algún sistema estelar situado a 1 000 años luz de la Tierra. Una sonda automatizada de una civilización alienígena llega a un planeta virgen con el objeto de explotar sus recursos mineros. Para ello emplea un patrón de auto-replicación: una plétora de robots de diferentes tipos se afanan en la construcción de una factoría cuyo propósito inicial es la fabricación de robots análogos. Estos robots serán despachados para la construcción de una segunda factoría idéntica a la primera, y así sucesivamente. Tras un cierto número de replicaciones, cada factoría pasa a modo de explotación, extrayendo materia prima del terreno, procesándola y manufacturando las naves de carga en las que los bienes producidos serán devueltos al sistema de origen. El patrón de replicación da lugar a un crecimiento exponencial de los centros de explotación, convirtiendo toda la superficie del planeta en una planta industrial en apenas 50 años. En ese momento, la sonda embarca al contingente principal y procede al siguiente planeta. Desafortunadamente para la sonda (y para la civilización que la construyó, que pereció en el evento) una estrella se vuelve supernova en la proximidad, y el baño de radiación daña profundamente los sistemas y programas de la nave. Cuando 100 000 años después la sonda llega al primer cuerpo celeste en el que puede aterrizar y comienza la rutina de explotación, la situación se descontrola irreversiblemente. La capacidad de auto-replicación se mantiene, pero los fallos en los programas y en los sistemas de producción hacen que finalmente se desencadene un proceso evolutivo: empiezan a surgir robots con ligeras variaciones que compiten por los recursos materiales y por el acceso a las plantas de ensamblaje. Esta presión selectiva provoca la aparición de formas complejas de auto-defensa y replicación efectiva, así como patrones de comportamiento social, especiación y relaciones simbióticas. Una ecología robótica en la que –salvo el componente orgánico– todos los ingredientes de lo que consideramos vida están presentes.
Tras el cautivador prólogo, la novela arranca en un futuro muy próximo al actual (segunda década del s. XXI) y se divide inicialmente en dos hilos de acción. El primero tiene lugar en la Tierra, y se centra en Kart Zambendorf, un mentalista muy hábil. Gracias a dicha habilidad y a la del equipo de colaboradores que le rodea, Zambendorf es capaz de mantener una imagen de autenticidad en sus supuestos poderes ESP, lo que le permite una gran popularidad así como influyentes contactos en la GSEC –General Space Enterprise Corporation– una poderosísima megacorporación. A través precisamente de la GSEC se le plantea la idea de participar en una misión de la NASO (la North Atlantic Space Organization, resultado de la fusión de la ESA, la NASA y la OTAN) a Marte. Su papel sería oficialmente el de experimentar con sus poderes ESP sobre distancias interplanetarias, lo que indirectamente daría cobertura mediática a la misión y permitiría a la GSEC promocionar la futura colonización de Marte. Para sorpresa de Zambendorf, que aceptó la idea pensando que la NASO la descartaría, ésta se muestra favorable a la misma y contacta con Gerold Massey –un afamado psicólogo, ilusionista aficionado, y especializado en desenmascarar a videntes y otros farsantes– para que también forme parte de la misión.
Enterados de la composición de la tripulación (formada por un equipo multidisciplinar de científicos, muy diferente del que el perfil de la misión sugiere), la GSEC intenta desactivar a Massey desde el más alto nivel, lo que despierta el recelo de Zambendorf. Tanto más cuando al llegar a la estación en órbita en los días anteriores al comienzo del viaje advierten que un importantísimo contingente militar viajará con ellos. Cuando finalmente averigua que el equipamiento de los militares incluye vehículos para desplazarse por superficies heladas y densas atmósferas, todos los cabos quedan atados: esa misión no irá a Marte sino más bien a alguno de los satélites del Sistema Solar exterior. El anuncio público de esa “profecía” fuerza a la NASO y a la GSEC a reconocer abiertamente que el destino final del la misión no es Marte sino Titán. Más aún, se revela que las sondas de exploración que se han acercado al satélite han descubierto lo que parecen ser los restos de fábricas de origen extraterrestre, así como numerosos robots, aunque extrañamente ningún signo de los alienígenas que los construyeron. El posterior análisis de la información recopilada en relación a los tipos de robots detectados, así como a su comportamiento lleva a la sorprendente conclusión de que esas máquinas constiyen la biosfera de Titán. La especie dominante recibe el nombre de taloides, por Talos, el hombre de bronce de la mitología griega, creado por Hefestos y guardián de Creta.
Paralelamente a lo anterior, los acontecimientos se desarrollan en la superficie de Titán, cuyos habitantes se encuentran en un régimen feudal similar al de la Edad Media. El protagonista principal es Thirg, un filósofo que tiene en la duda y en el anhelo de conocimiento su razón de ser. Esto le causa problemas con las estructuras de poder de Kroaxia, su nación, y fundamentalmente con los jerarcas religiosos. La creencia oficial es que el mundo es plano, y que detrás del manto de nubes que perennemente cubre a Titán no hay nada. Se venera asimismo al Creador de Vida, el ser que creó la primera máquina (y que por lo tanto no era una máquina, la única forma de vida conocida para los taloides). Esto no casa con el conocimiento que a través de los viajeros había adquirido Thirg y que le indica que el mundo es en realidad esférico, pues alguno de los viajeros que se aventuró mucho hacia al Este llegó a ciudades que se encontraban al Oeste. Este pensamiento le lleva a conjeturar que si no hay barreras físicas sobre la superficie tampoco puede que las haya en los cielos, y que detrás de las nubes haya otros mundos, quizá habitados también. Estas ideas le llevan al terreno de la herejía, por lo que debe huir de Kroaxia hasta Cartoghia, una pequeña nación cuyo rey ha instaurado una suerte de pensamiento libre, y en la que inventores y filósofos perseguidos en otras naciones buscan refugio.
Avisado por su hermano Groork de la inminencia de su arresto y ayudado por un pequeño grupo de soldados de Cartoghia, Thirg comienza su huida perseguido por un gran contingente de tropas de Kroaxia. El destino quiere que en una zona desértica fronteriza y cuando ya el encuentro con los perseguidores parecía inminente, un módulo de superficie terrestre haga acto de presencia para establecer el primer contacto. Para los taloides este módulo es una criatura viva y desconocida, un gigantesco dragón que baja de los cielos emitiendo una misteriosa luz violeta. El asombro aumenta cuando ven que junto al dragón están los que parecen ser sus sirvientes, unas extrañas criaturas con carcasa flexible en cuyo interior una masa de aspecto gelatinoso brilla con un intenso calor. Ajenos a este encuentro, el ejército de Kroaxia inicia el ataque sobre los fugitivos, lo que provoca la respuesta armada terrestre y la inmediata e irremisible destrucción del contingente kroaxiano. El asombro de los absortos taloides no cesa cuando finalmente comprenden que los que creían sirvientes del dragón son en realidad los visitantes, y que de hecho el dragón no es más que la obra de éstos, seres vivos que no son máquinas, y que son capaces de crear máquinas. ¿Serán los Creadores de Vida?
Tras el contacto inicial, y una vez que se desarrolla un sistema de traducción (los robots se comunican entre sí mediante ultrasonidos), se concierta una reunión con Kleippur, rey de Cartoghia, para transmitirle los deseos de los terrícolas (“lumianos” para los taloides, debido a su intenso brillo infrarrojo): colaboración para explotar las factorías alienígenas, a cambio de tecnología terrestre (por ejemplo, armamento). Kleippur rechaza sin embargo este trato: el desea que los terrestres les proporcionen conocimiento de sus artes de fabricar vida (es decir, que les enseñen a desarrollar tecnología). Un acuerdo de estas características está fuera de lugar tanto para los dirigentes políticos de la Tierra como para GSEC, que espera obtener billones de la explotación de Titán, por lo que la dirección de la misión decide comenzar una aproximación en los mismos términos con Eskenderom, rey de Kroaxia, mucho más receptivo a la idea puesto que ambiciona conquistar toda Robia (nombre que los taloides le dan a Titán). Sin embargo, la jerarquía religiosa es un contrapoder importante que puede comprometer la realización del plan, por lo que se decide neutralizarla buscando un sumo sacerdote más maleable, al que se aupará gracias a los “milagros” de la tecnología terrestre. Ante la perspectiva que se cierne sobre los taloides, Massey y Zambendorf unirán esfuerzos para conseguir que no acaben como meros esclavos de la Tierra.
Tal como comentaba al comienzo, el desarrollo argumental de la novela incide en la relevancia del individuo frente a la masa, y en la importancia del pensamiento crítico y la ciencia frente a la superstición. No es por ello sorprendente que el telón de fondo guarde bastantes similitudes con la Edad Media. A pesar de que esto supone una visión un tanto antropocéntrica de una civilización alienígena, cabe destacar que tanto el escenario físico (Titán) como la naturaleza de los taloides proporcionan constantemente la oportunidad de hacer volar la imaginación. Máxime cuando gran parte de la acción se nos muestra desde el punto de vista de los taloides, para quienes los humanos son extrañas criaturas que necesitan estar permanentemente bañadas en gases corrosivos a alta temperatura, y cuyo mundo es tan caliente que hay océanos de hielo fundido y el metano sólo existe como gas. Para los taloides las máquinas están vivas, los dispositivos electrónicos de los humanos son “vegetales”, y perciben que el anhelo de los humanos es “domesticar” los bosques salvajes.
La ambientación está muy bien conseguida (destaca el habla medievalizada de los personajes), hay intrigas tanto entre los humanos como entre los taloides, y un amplio abanico de personajes que tienen un papel importante en la trama. A pesar de haber sido publicada originalmente en 1983, y obviando un par de anacronismos sin importancia (e.g., todavía existe la Unión Soviética) la novela aguanta impertérrita el paso del tiempo sin perder frescura. En resumen, una muy recomendable novela para todos los amantes de la ciencia-ficción.
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“Expendable” de James Alan Gardner
Publicado por Carlos en Julio 24, 2009

Expendable es una novela de 1997 del escritor y matemático canadiense James Alan Gardner. Es de hecho la opera prima de Gardner, que ya había tenido anteriormente un cierto éxito (premio Aurora y candidaturas a Nebula y Hugo incluidos) con historias cortas. En ella entramos en contacto con el universo de la “Liga de los Pueblos”, telón de fondo de la obra de Gardner y que ha servido de escenario para siete títulos hasta la fecha.
La premisa argumental de este universo es la existencia de una suerte de organización a nivel galáctico –la mencionada Liga de los Pueblos– bajo cuya égida se encuentran aquellas especies con capacidad para el viaje interestelar. Esta organización tiene un imperativo existencial: proteger la vida inteligente. Cualquier especie que anhele expandirse más allá de su sistema estelar debe adherirse a esta directiva, lo que en la práctica implica que toda forma de violencia que conduzca o pueda conducir a la muerte de un ser inteligente (da igual si de la propia especie o de otra distinta) está absolutamente vedada; está prohibido incluso el transporte de armas potencialmente letales a bordo de naves interestelares. El castigo por infringir (por acción o inacción) esta norma básica es la destrucción del infractor tan pronto se encuentre fuera del pozo gravitatorio de su estrella de origen o, en caso de que la infracción sea cometida por la especie en su conjunto o por su cuerpo gobernante, el confinamiento de dicha especie en su sistema natal. Dado que la Liga de los Pueblos comprende a civilizaciones cuyo nivel tecnológico está más allá de toda comprensión, no es posible ocultar ningún acto contra la mencionada directiva, lo que se traduce en la efectiva desaparición de guerras y violencia física en aquellas especies que se acogen a la misma (y que a cambio obtienen el acceso al viaje interestelar, además de otro tipo de avances tecnológicos).
Indudablemente, la interiorización de la no-violencia conduce a profundos cambios sociales en numerosas especies, en particular en la humana (y más concretamente en la fracción de la especie humana que accedió a esta directiva, y que en recompensa obtuvo “Nueva Tierra”, un planeta terraformado virtualmente idéntico a la Tierra original; una parte de la especie humana prefirió seguir con sus usos habituales, y permanecen confinados en la “Vieja Tierra”). De resultas de los avances en ingeniería genética y medicina, combinados con la ausencia de violencia, una muerte humana se convierte en un suceso excepcional y profundamente traumático no sólo para los más cercanos sino incluso para la sociedad en conjunto. Esto supone un problema en relación con la exploración espacial, empresa extremadamente arriesgada y en la que pueden perderse vidas con cierta facilidad.
Enfrentados con esta situación, la Tecnocracia (el cuerpo gobernante de la Humanidad interestelar) encuentra una solución de pura ingeniería social. Dados los medios técnicos existentes es posible corregir cualquier tara física, y de hecho así se hace cuando el sujeto en cuestión tiene una discapacidad seria. Sin embargo, si la persona en cuestión no está inhabilitada física o intelectualmente, la tara (que puede incluir la simple fealdad) no es corregida. A pesar de su absoluta validez, estas personas son percibidas como diferentes por el resto de la sociedad, y de hecho cuando uno de ellos muere el impacto emocional de la sociedad es mucho menor: son los prescindibles a los que el título de la novela hace referencia. Estos prescindibles son seleccionados desde la infancia y asignados al cuerpo de exploradores, la sección de mayor riesgo dentro de la flota espacial, y cuyos deberes incluyen la exploración física de planetas desconocidos. En muchas ocasiones dicha exploración acaba con la muerte confirmada o simplemente con la desaparición del explorador (típicamente marcada por la expresión “Oh, shit”, últimas palabras que suelen oírse antes de que se corte la comunicación con el explorador). El duelo en esta situación es mínimo (“well, you know, that’s what expendable means”).
La protagonista de la historia es Festina Ramos, una exploradora cuya tara es una marca roja de nacimiento en una de sus mejillas. A bordo de la nave Jacaranda, Festina recibe una misión: ella y otro explorador deben acompañar a un almirante de la Flota en una exploración de superficie. Cuando dicho almirante llega a la nave se hace patente que sufre de demencia senil (las drogas anti-senectud dejan de ser efectivas eventualmente), y el destino de la misión parece sugerir claramente que la intención final es librar a la Flota de manera discreta de un alto oficial senil. Concretamente, su destino es Melanquin, un planeta aparentemente idéntico a la Tierra en condiciones ambientales, pero que por algún motivo desconocido es un pozo sin fondo de exploradores. Toda persona que puso pie en el planeta dejó de comunicar al cabo de pocos minutos.
Tras un futil intento de rebelión ante la muerte segura que dicha misión parece suponer, Festina y su compañero Yarrun (y el senil almirante Chee, cuya lucidez es mayor que la que el Alto Consejo imagina) entienden que su única posibilidad es descender a Melanquin bien pertrechados, y provocar un incidente que suponga que la misión se aborte. Sin embargo, esta posibilidad se verá truncada cuando lleguen a la superficie, y Festina se vea sola tras la muerte de sus dos acompañantes. No tardará sin embargo en entablar contacto con los habitantes de Melanquin, seres con remoto origen humano que con el paso del tiempo y a través de ingeniería genética se han convertido en criaturas autótrofas con aspecto de cristal traslúcido, y que a pesar de ser enormemente fuertes e inteligentes, se encuentran evolutiva y socialmente en un callejón sin salida. A través de Oar, uno de estos seres, Festina descubre que hay otros exploradores en Melanquin y acompañada de ella emprende el camino para encontrarse con éstos y buscar la manera de escapar del planeta. En este camino descubriremos el origen de la civilización de Melanquin, el pasado del almirante Chee, y las implicaciones de todos los eventos que ahí se desarrollan en relación con la directiva básica de la Liga de los Pueblos.
La novela tiene un ritmo ágil y una premisa que engancha. El escenario que se plantea una vez Festina está en la superficie provoca un pequeño bajón en las altas expectativas que un planeta con un peligro fatal y absolutamente desconocido creaba, pero el interés se recobra rápidamente cuando se comienza a desentrañar el porqué de Melanquin. Más aún, el viaje en busca de los exploradores tiene bastante acción y hay un clímax final de amplitud planetaria. Un epílogo bastante satisfactorio redondea una novela que se puede calificar de recomendable e interesante (y si alguien se encariña de Oar o de Festina, podrá reencontrarse con ellas en otros títulos de la saga).
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“Timelike Infinity” de Stephen Baxter
Publicado por Carlos en Agosto 21, 2008
Timelike Infinity es el punto de entrada (o quizás podríamos decir el carril de aceleración) para la secuencia Xeelee, y una de las más brillantes obras de Stephen Baxter. El propio nombre de la novela es toda una declaración de intenciones del autor: el infinito de tipo tiempo es una de las tres condiciones de contorno de Cauchy de un universo abierto como el nuestro, y representa a los eventos en el futuro infinitamente remoto del observador (las otras dos condiciones de contorno de Cauchy serían el Big Bang inicial, y el infinito de tipo espacio). Nos hallamos pues ante una trama con pretensiones de magnitud cósmica, tanto en los objetivos de los personajes como de la secuencia temporal en la que se desarrolla la historia.
La narración comienza en la Tierra de dentro de unos 3200 años. En esa época la raza humana se haya sometida por una especie alienígena, los Qax. No es la primera vez que una ocupación de este tipo ha tenido lugar desde que allá por el año 3000 DC se desarrollaran los motores GUT y la tecnología de agujeros de gusano, la Humanidad se expandiera por el Sistema Solar y se empezara la exploración interestelar. El primer contacto con una raza alienígena -los Squeem- se produjo unos 400 años antes de la ocupación Qax, y el resultado fue nefasto a corto plazo: los Squeem sometieron a la Humanidad, aunque finalmente su dominio fue vencido. En este proceso se obtuvo el acceso a hipermotores (tecnología que al parecer los propios Squeem habían obtenido de los fabulosos Xeelee), lo que facilito una rápida segunda expansión humana. Dicha expansión se vio frenada en seco al entablar contacto con los Qax, y volver al estado de ocupación. En este caso, las perspectivas de futuro son sin embargo mucho más oscuras: los Qax han convertido la Tierra en una gigantesca biofactoría, con granjas de plancton a lo largo de todas las costas, y han proscrito el acceso a la tecnología avanzada desarrollada por el hombre (incluyendo los métodos de anti-senescencia que permitían alargar enormemente la vida).
Todo empieza cuando Jasoft Parz, una suerte de embajador humano, es convocado por el gobernador Qax. La reunión tiene lugar en un spline, una criatura viva y semi-sintiente adaptada para el viaje interestelar, y en ella el gobernador cuestiona a Parz sobre la llegada al Sistema Solar de una antigua nave terrestre. Se trata de la Cauchy, una nave que fue lanzada como parte del Proyecto Interfaz 1500 años antes en una trayectoria circular a velocidades relativistas. Su preciada carga es una de las bocas de un agujero de gusano, que por mor de la dilatación temporal sólo ha experimentado 100 años de tiempo propio. Esto significa que constituye una puerta temporal 14 siglos al pasado. Más aún, el gobernador informa a Parz de que otra nave terrestre, burlando todos los controles y empleando tecnología prohibida, ha despegado de la Tierra y ha atravesado el agujero de gusano. El Qax se halla totalmente fuera de juego y es incapaz de determinar una línea de acción, por lo que solicita consejo a Parz. Al no recibir información de utilidad de éste, finalmente decide crear otro agujero de gusano que conecte su presente con cinco siglos en el futuro, para de esta forma recibir ayuda de él mismo o de sus congéneres de dicha época. En el momento en que esta puerta temporal está lista, de ella emerge uno de los míticos nightfighters de los Xeelee, tripulado por un Qax. Éste les informa de los desastrosos resultados del viaje temporal de los humanos, y castiga al gobernador Qax por su incompetencia. Asimismo, comunica que una flota debe viajar a través del primer agujero de gusano para aplastar a la raza humana en el pasado. Dicha flota está compuesta por dos splines, y Jasoft Parz debe ir también, como parte de la humillación final para la Humanidad.
En la Tierra del año 3800 DC, Michael Poole -el ingeniero del proyecto Interfaz- recibe noticias de que una nave ha emergido del interfaz en Júpiter, aunque no se trata de la Cauchy. La única transmisión de radio de esta nave solicita su presencia, por lo que a pesar de su reticencia inicial, se desplaza a Júpiter desde su retiro en el Cinturón de Kuiper en compañía de Harry, una simulación informática de su padre. El mensaje fue enviado por Miriam Berg, antigua compañera sentimental de Poole y la única componente de la tripulación de la Cauchy que está a bordo de la astronave. El resto de ocupantes de esta nave son miembros del grupo encubierto que organizó su construcción y lanzamiento a través del interfaz. Dicho grupo se autodenomina los “Amigos de Wigner”, en referencia al experimento mental propuesto por el físico Eugene P. Wigner en el s. XX. Aunque su objetivo final es la salvación de la Humanidad, no muestran el menor interés en advertir a la Tierra de lo que se avecina en el futuro. Su plan -que se niegan a desvelar a Poole o a Berg- se basa en una interpretación radical de los postulados de Wigner, y es de una escala muchísimo mayor, tanto que cualquier sacrificio estaría justificado. Los eventos se precipitarán cuando desde la interfaz emerjan los splines Qax de 1400 años en el futuro dispuestos a acabar con la civilización humana.
Timelike Infinity es una novela brillante que conjuga satisfactoriamente elementos de space opera, viajes en el tiempo, y ciencia ficción hard. De hecho, uno de los grandes logros de Baxter en esta obra es encontrar un equilibrio entre la historia “local”, descrita y concluida de manera autocontenida (con algunos detalles ciertamente imaginativos, tales como la descripción física de los Qax, seres increíblemente frágiles físicamente y sin embargo de longevidad potencialmente indefinida), y la historia “global”, ese Universo en el que se desarrollan acontecimientos de escala inimaginable de los que los Xeelee son protagonistas. En este sentido, se introducen diferentes pinceladas sobre la gran obra de ingeniería cósmica de los Xeelee -el Anillo- y sobre el destino final del Universo, que hacen realmente volar la imaginación. Estos aspectos serán tratados en detalle en Ring,la impresionante conclusión (en el sentido cronológico) de la secuencia Xeelee.
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“Raft” de Stephen Baxter
Publicado por Carlos en Agosto 11, 2008

Raft (1991) fue la primera novela de Stephen Baxter y con la que empezó a marcar terreno como uno de los grandes de la ciencia ficción hard de escala cósmica. Es también la primera novela encuadrada en la secuencia Xeelee, sin duda uno de los universos más cautivadores por la magnitud tanto de la escala temporal como de los eventos y escenarios que en él se presentan. A fuer de ser precisos, en esta primera novela (que como suele suceder en muchas series no es luego el punto de partida cronológico de la secuencia) los Xeelee no aparecen, y de hecho la trama transcurre en un universo paralelo (en el sentido físico, no literario). Se trata además de un universo sumamente interesante y con una peculiaridad notable: la gravedad es mil millones de veces más fuerte que en nuestro universo. Esto tiene consecuencias a muchos niveles como es de esperar. Así por ejemplo, las estrellas tienen una tamaño mucho menor, de apenas unos kilómetros, y queman todo su combustible en alrededor de un año.
A este universo llegó hace muchos años por accidente una nave con tripulantes humanos (tras atravesar el Anillo de Bolder, una estructura cuyo origen y propósito se conocerá en otras obras de la serie). La nave quedó atrapada en una densa nebulosa, mantenida compacta por un agujero negro de un par de milímetros a cuyo alrededor orbita toda la materia de la nebulosa: gases, estrellas en formación, los fríos núcleos de las estrellas muertas, y los restos de la nave humana. Innumerables ciclos de vida estelar produjeron elementos pesados de deshecho que enriquecieron la composición química de la nebulosa, dotándola de una gruesa capa de oxígeno y nitrógeno (intermedia entre la zona más externa de la nebulosa, compuesta de hidrógeno y helio y en la que se forman nuevas estrellas, y la zona más interna en la que está el Núcleo, y en la que la intensa gravedad da lugar a un nuevo tipo de química basada en enlaces gravitatorios en lugar de electromagnéticos). Esta capa es respirable, y al menos en un intervalo de la misma las temperaturas son aceptables para la vida.
Poco conocimiento se ha conservado de la tripulación original de la nave y de los tiempos inmediatamente posteriores al naufragio en este universo. Con el paso de los años, los descendientes de aquellos tripulantes (que curiosamente miden el tiempo en “turnos” de 8 horas, sin saber exactamente el origen de esta unidad de medida) se han dividido en varios grupos. El protagonista principal, Rees, es un habitante del Cinturón, una asentamiento humano que orbita un núcleo de hierro resultado de la combustión de una estrella. Los habitantes del Cinturón son rudos mineros que extraen hierro del núcleo y lo intercambian por alimentos con los habitantes de la Balsa (la que da nombre a la novela). Estos últimos son –y se tienen por– más civilizados; habitantes de una -relativamente grande- plataforma en cuyo centro están los restos de la nave original (las partes que no implosionaron al llegar al nuevo universo), su sociedad está estratificada en científicos, personal de infraestructura y oficiales (casta esta última hereditaria). La comunicación entre la Balsa y el Cinturón se realiza a través de unas criaturas nativas de ese universo, similares a grandes árboles capaces de ajustar su órbita. Otro de los personajes cuyo punto de vista nos es mostrado es Pallis, precisamente uno de los pilotos de estas criaturas.
Espoleado por una gran curiosidad y con una enorme inteligencia innata, Rees escapa de polizón desde el Cinturón a la Balsa, para intentar entender por qué la nebulosa está cambiando y la vida es cada vez más difícil. A pesar del rechazo que un minero del Cinturón recibe en la Balsa, el jefe de los científicos ve en él el talento suficiente como para hacerlo merecedor de ser formado como uno de ellos en lugar de devolverlo a su lugar de origen. Así, Rees aprenderá que la nebulosa está muriendo por agotamiento de sus recursos. Pronto las estrellas dejarán de formarse, y el lugar se tornará frío e irrespirable. Inseguros de cuál puede ser la solución al problema, la situación se vuelve más complicada cuando se produce una rebelión en la Balsa, y el personal de infraestructura toma el control del asentamiento. Científicos y oficiales son o bien ejecutados, o bien reasimilados dentro de una nueva organización, o exiliados al Cinturón. Ése es el caso de Rees, que verá como en su lugar de origen es considerado un traidor, y junto con el resto de científicos exiliados es sometido a un régimen de casi esclavitud. El desarrollo de los acontecimientos y la amistad que existió con la que era y es líder del Cinturón permitirá que sea re-exiliado a uno de los asentamientos más cercanos al núcleo, habitado por los humanos conocidos como “hueseros” (Boneys), protagonistas de las historias de terror contadas a los niños. Allí Rees verá por primera vez a otra de las grandes criaturas nativas, las “ballenas”, y concebirá una idea para que los humanos puedan escapar de la agonizante nebulosa.
Baxter consigue en esta novela imaginar un universo asombroso, en el que la gravedad es tan alta que una persona puede sentir los pozos gravitatorios de los objetos que le rodean. Aunque a nivel microscópico uno puede plantearse si esta elevada gravedad no afectaría a la química básica y a la dinámica de fluidos hasta el punto de hacer imposible la vida humana, la descripción macroscópica de estrellas y nebulosa es convincente. Una vez rota la barrera del escepticismo, el universo parece consistente, y pequeñas deficiencias al margen permite una lectura entretenida. Aunque relacionada con la secuencia Xeelee, la historia es auto-contenida y fundamentalmente tangencial a la serie.
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“Spin” de Robert Charles Wilson
Publicado por Carlos en Agosto 6, 2008

Spin es la novela con la que Robert Charles Wilson, estadounidense afincado en Canadá y con una larga trayectoria a sus espaldas, ganó en 2006 el Premio Hugo. El punto de partida de la historia es muy atractivo: una noche de otoño de un año indeterminado del presente la Luna y todas las estrellas desaparecen de la vista, y todos los satélites que orbitan la Tierra caen al suelo. El planeta ha sido envuelto en una barrera (o más apropiadamente, una membrana, como luego se demostraría) denominada el Spin. La falta de información debida a la disrupción de comunicaciones causa un primer momento de gran incertidumbre hasta comprobar que el Sol (al fin y al cabo una estrella más) se hace visible al amanecer. No es el fin del mundo, máxime cuando se comprueba que aparentemente la Luna sigue en su sitio a juzgar por la normalidad de las mareas, pero el extraordinario fenómeno demanda explicación y empieza a suscitar todo tipo de reacciones, entre las que destaca el surgimiento de un culto religioso que lo interpreta como señal divina, quizás marcando el comienzo del Apocalipsis.
La historia se centra en tres personajes, Diane y Jason Lawton, hermanos, y Tyler Dupree, amigo de la infancia y cuyo punto de vista es el que narra la trama. Los hermanos Lawton son de familia adinerada y poderosa, sobre todo a partir de que su padre E.D. Lawton reinvente las redes de telecomunicaciones a partir de globos aerostáticos, y eventualmente alcance un nivel de influencia del más alto nivel político. Extremadamente inteligente y con un enorme tesón, Jason dedicará su vida a intentar entender la causa y finalidad del Spin, cuyo origen no natural queda claro en el momento en el que se descubren unos objetos desconocidos orbitando sobre los polos, y un fallido ataque termonuclear sobre los mismos provoca una momentánea fluctuación de la membrana. La creación del Spin se atribuye a unas entidades denominadas los Hipotéticos, a falta de mejor nombre. Se descubre que el Sol que se ve no es más que una simulación generada por el Spin para mantener las condiciones de habitabilidad en la Tierra, pero el descubrimiento más asombroso se produce cuando a partir del testimonio (inicialmente desechado por absurdo) de astronautas en órbita en el momento de la aparición de la membrana y de los datos de sondas lanzadas con posterioridad, se llega a la conclusión de que el Spin está introduciendo una distorsión temporal: cada segundo en la Tierra corresponde a 3.17 años fuera de la membrana. Esto lleva a dos conclusiones inmediatas: (i) el Spin es a la vez la causa y el remedio al problema, proporcionando un apantallamiento protector para toda la radiación letal que la Tierra recibiría de estar desprotegida frente al gradiente temporal, y (ii) en el lapso de una generación el Sol se tornará una gigante roja que engullirá a la Tierra.
La constatación de este hecho, a la vez que espada de Damocles sobre la Humanidad proporciona posibilidades inimaginables: puede intentarse la terraformación de Marte en el lapso de unos años. Sucesivas oleadas de microorganismos cada vez más complejos son lanzados en dirección al Planeta Rojo. Debido a la distorsión temporal, un segundo en la tierra después de atravesar la membrana, los envíos ya han llegado a Marte; una hora después llevan milenios reproduciéndose; al cabo de un año en la Tierra han pasado casi 100 millones de años de evolución. Los cambios inducidos por la creciente biosfera marciana, y la evolución del Sol, desplazando la zona habitable del Sistema Solar hacia fuera, permiten que eventualmente se envíen colonos a Marte como salvaguarda de la civilización terrestre. No habrán de pasar muchos años hasta que se den dos acontecimientos cruciales. Marte, un mundo ya con una desarrollada civilización, se ve envuelto a su vez por una membrana de Spin, y poco antes de ello envían a la Tierra a un emisario que porta una propuesta que puede dar respuestas sobre el Spin: lanzar al espacio una colonia de organismos autorreplicantes que medrarán en los fríos cuerpos de la Nube de Oort, y de allí se desplazarán a otras estrellas, creando una red de cómputo de escala galáctica que recopilará información sobre otros planetas con membranas de Spin, y su evolución a largo plazo.
A pesar de que las anteriores pinceladas hagan pensar en una obra de ciencia-ficción hard, hay algunas consideraciones que hacer. Suele comentarse a menudo que la literatura de ciencia-ficción adolece de personajes planos y poca profundidad narrativa. Este tópico no anda desencaminado en ocasiones, lo cual no es óbice para que su máxima expresión haya producido algunas de las más grandes gemas del género. Pensemos por ejemplo en el añorado Robert L. Forward, cuyos personajes eran poco más que instrumentos al servicio de un grandioso escenario de ficción científica. Bien es verdad que no todos los autores tienen el talento para componer un mundo que haga volar la imaginación, alienígenas que provoquen asombro, o tramas de escala cósmica que enganchen al lector, y es en esos casos en los que las deficiencias de caracterización se hacen más evidentes. Una de las reacciones ante esta situación es que los autores intenten compensarla trufando la historia de vivencias de los personajes, en un intento de dotarlos de profundidad y relieve. El peligro viene de la sobrecompensación, que a veces hace que el resultado sea un drama con un telón de fondo de ciencia-ficción. Un ejemplo notable de esto lo encontramos en novelas como Cronopaisajede Gregory Benford, o la anterior obra de Robert Charles Wilson, Los Cronolitos
por citar un par de casos. La lectura de las mismas deja a veces un poso de oportunidad perdida para una gran historia de ciencia-ficción. Es como si George Lucas hubiera dedicado una hora de La Guerra de las Galaxias a mostrarnos lo dura que era la vida en las granjas de humedad, cuánto madrugaba Luke, y cuán compleja era su relación personal con Owen Lars.
Spin tiende a caer a veces en este problema: la trama se desarrolla en dos hilos, uno de los cuales narra la hstoria desde el comienzo del Spin, y el otro –un par de decadas en el futuro- muestra a Tyler y Diane como fugitivos en busca de su destino final (en el sentido geográfico), y una gran proporción de ambos se dedica a las tribulaciones personales de los personajes. Personalmente encuentro poco interesante los problemas de la madre de Jason y Diane con el alcohol, o los problemas de la secta religiosa en la que esta última se introduce. Tampoco puede decirse que haya un clímax en la historia, ya que lo único parecido es la revelación que Jason hace finalmente sobre la naturaleza de los Hipotéticos y la finalidad del Spin. En resumen puede decirse que se trata de un plato con buenos ingredientes (no totalmente originales también es cierto, véase por ejemplo Cuarentenade Greg Egan), pero que no ha sido cocinada al gusto de la CF hard. Hay una secuela ( Axis
) y una trilogía en el horizonte, pero no ocupan los primeros puestos de mi lista de prioridades.
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Guía de Campo de la Programación Genética
Publicado por Carlos en Abril 9, 2008
La programación genética es uno de los cuatro paradigmas principales de la computación evolutiva. Básicamente consiste en el empleo de un enfoque evolutivo para la generación de programas que resuelven una cierta tarea. Tradicionalmente, estos programas se representan mediante árboles sintácticos a través de los que es posible expresar funciones complejas e incluso programas, dependiendo del conjunto de símbolos disponible (no es extraño en cualquier caso encontrar también representaciones lineales de programas, o representaciones basadas en grafos). Para construir dichos árboles es preciso especificar el conjunto de símbolos terminales que se emplearán como hojas de los árboles (variables, constantes, etc.), así como los símbolos no terminales (funciones básicas) que se emplearán en los nodos internos, y si es preciso las reglas sintácticas y semánticas de indican qué árboles son correctos.
A partir de ahí, se emplean los mecanismos de selección, reproducción y reemplazo para hacer evolucionar una población de programas en pos de la solución de un cierto problema (ya sea de tipo supervisado, en el que se desea producir una cierta salida conocida ante ciertas entradas, o no supervisado, en el que típicamente se desea un cierto comportamiento de un sistema controlado por el programa, pero no se dispone explícitamente de las salidas precisas que hay que producir para ello). Lo mejor de todo es que este enfoque funciona, y es posible resolver satisfactoriamente problemas de diferente índole (clasificación, síntesis de circuitos, control de sistemas, etc.). A modo de muestra, pinchando en la imagen inferior se puede acceder a un applet de java que emplea programación genética para realizar regresión simbólica, esto es, encontrar la curva que mejor se ajusta a unos datos sin conocer no ya los parámetros de la misma (eso sería simple regresión numérica), sino la propia forma funcional de ésta (que puede ser sumamente compleja).
Hay disponibles diferentes libros de texto o colecciones de artículos más o menos avanzados sobre el tema, y desde hace unas semanas una guía de campo introductoria. Los autores de esa guía son Riccardo Poli, William B. Langdon (ganador por cierto este año de la tercera edición del premio a la contribución sobresaliente a la computación evolutiva, ex aequo con Marc Schoenauer; Poli y Wolfgang Banzhaf lo ganaron el año pasado, y Jennifer Willies antes que ellos), y Nicholas McPhee, y durante la conferencia de hace dos semanas acudieron con una caja de ejemplares que fueron regalando a cambio de la voluntá (y que firmaron a quien quiso). Quien esté interesado en el área puede encontrar interesante que el libro está bajo una licencia CC y puede bajarse gratuitamente de aquí.
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“Starplex” de Robert J. Sawyer
Publicado por Carlos en Diciembre 26, 2007
Robert J. Sawyer es uno de los valores seguros de la ciencia-ficción hard actual. Últimamente había leído cuatro obras suyas (End of a Era, Calculating God, Flashforward, Iterations), y todas me dejaron una buena impresión, tanto por su talento imaginativo (Iterations por ejemplo es una colección de relatos cortos que contiene algunas gemas notables), como por el cuidado de los detalles científicos, y por algunos de los temas recurrentes en sus novelas (dinosaurios, racionalismo, inmortalidad, …). Starplex, la novela que nos ocupa no es una excepción en este sentido.
El punto de partida de Starplex es la existencia de una red de “atajos” similares a agujeros de gusano que permiten desplazarse por la galaxia (en realidad no se trata de agujeros de gusano al uso, ya que las bocas de entrada/salida tienen una complicada interconexión múltiple, y existe un cierto hiperespacio que les da soporte). Esa red de pasarelas cósmicas fue construida -tópico al canto- por una civilización de la que no se tiene noticia alguna, y tiene una curiosa característica: no se puede emplear una cierta pasarela como salida hasta que no haya sido empleada antes como entrada. De esta forma, una zona de la galaxia no se abre al resto de la misma hasta que no hay una especie inteligente que desarrolla la tecnología del viaje espacial y atraviesa su pasarela local por primera vez (reminiscencias aquí del concepto del Centinela de Arthur C. Clarke). En el momento en el que la raza humana alcanza su pasarela más cercana, ésta se abre a las dos otras civilizaciones que parecen existir: los Waldahuds y los Ibs (hay una cuarta inteligencia, pero también terrestre, los delfines). Tras el contacto se pone en marcha una Commonwealth de planetas, al más puro estilo Star Trek. De hecho, los Waldahuds tienen mucho del carácter agresivo de los Klingon (aunque el físico no les acompaña, ya que son una especie de mamíferos hexápodos achaparrados, similares a cerdos), y los Ibs son fríos y calculadores como los Vulcanianos. Los Ibs están particularmente bien conseguidos: se trata de seres gestalt, constituidos a partir de la simbiosis de seis organismos diferentes (con distintos grados de inteligencia, desde el completo intelecto racional al puro instinto).
El desarrollo de la historia se divide en dos hilos separados que al final convergen. En la primera vemos las vicisitudes de la nave Starplex cuando atraviesan una de las pasarelas y llegan a una región inexplorada de la galaxia. En ella encontrarán sorpresa tras sorpresa, cada cuál mayor. Se establecerá contacto con una especie alienígena realmente exótica (los darmats) cuyos orígenes se remontan al Universo primordial, y se empezarán a revelar aspectos de una historia de escala cósmica que se extiende durante miles de millones de años. La difícil relación entre humanos y Waldahuds (en la nave y fuera de ella) llevará a una escalada de tensión en los acontecimientos y a una posible guerra. El segundo hilo comienza también el principio del libro, pero cronológicamente empieza en el punto intermedio de la trama anterior, y salta a través del tiempo al futuro profundo. El protagonista (que hace doblete en ambos hilos) entabla contacto con los constructores de la red de pasarelas, y se nos van desgranando detalles que nos ayudarán a recomponer el puzzle final.
Como decía anteriormente, hay aspectos en Starplex que ya aparecieron en otras novelas anteriores (la posible inmortalidad, el papel del observador consciente en la mecánica cuántica, o el principio antrópico por ejemplo), pero las situaciones y el rol de los mismos mantiene cierta originalidad. A fuer de ser sinceros, comencé a leer la novela con algo de escepticismo, debido a algunas críticas no muy positivas que había leído. Sin embargo, la impresión final ha sido bastante positiva. La historia es entretenida, tiene escala cósmica, y la revelación final sobre la razón de los acontecimientos es interesante. End of a Era sigue siendo mi novela favorita de Sawyer, pero ésta no está nada mal.
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