La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archivos de la categoría ‘Literatura’

Música para el domingo – Wuthering Heights (Kate Bush)

Publicado por Carlos en Septiembre 14, 2008

El domingo es día de asueto y nada mejor que un poco de música para amenizarlo. Por ejemplo, esta preciosa canción de Kate Bush titulada “Wuthering Heights“. Basada en la novela homónima de Emily Brontë (con quien curiosamente Kate Bush comparte el día de nacimiento), fue compuesta por la cantante británica a la edad de 18 años, y elegido por ella para ser su primer single en 1978. constituyó un éxito inmediato, y el mayor del que ha disfrutado hasta la fecha. Es una canción que transmite una gran carga emocional, y que parece no envejecer. ¡Que la disfruten!

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“Spin” de Robert Charles Wilson

Publicado por Carlos en Agosto 6, 2008

Spin (Robert Charles Wilson) Spin es la novela con la que Robert Charles Wilson, estadounidense afincado en Canadá y con una larga trayectoria a sus espaldas, ganó en 2006 el Premio Hugo. El punto de partida de la historia es muy atractivo: una noche de otoño de un año indeterminado del presente la Luna y todas las estrellas desaparecen de la vista, y todos los satélites que orbitan la Tierra caen al suelo. El planeta ha sido envuelto en una barrera (o más apropiadamente, una membrana, como luego se demostraría) denominada el Spin. La falta de información debida a la disrupción de comunicaciones causa un primer momento de gran incertidumbre hasta comprobar que el Sol (al fin y al cabo una estrella más) se hace visible al amanecer. No es el fin del mundo, máxime cuando se comprueba que aparentemente la Luna sigue en su sitio a juzgar por la normalidad de las mareas, pero el extraordinario fenómeno demanda explicación y empieza a suscitar todo tipo de reacciones, entre las que destaca el surgimiento de un culto religioso que lo interpreta como señal divina, quizás marcando el comienzo del Apocalipsis.

La historia se centra en tres personajes, Diane y Jason Lawton, hermanos, y Tyler Dupree, amigo de la infancia y cuyo punto de vista es el que narra la trama. Los hermanos Lawton son de familia adinerada y poderosa, sobre todo a partir de que su padre E.D. Lawton reinvente las redes de telecomunicaciones a partir de globos aerostáticos, y eventualmente alcance un nivel de influencia del más alto nivel político. Extremadamente inteligente y con un enorme tesón, Jason dedicará su vida a intentar entender la causa y finalidad del Spin, cuyo origen no natural queda claro en el momento en el que se descubren unos objetos desconocidos orbitando sobre los polos, y un fallido ataque termonuclear sobre los mismos provoca una momentánea fluctuación de la membrana. La creación del Spin se atribuye a unas entidades denominadas los Hipotéticos, a falta de mejor nombre. Se descubre que el Sol que se ve no es más que una simulación generada por el Spin para mantener las condiciones de habitabilidad en la Tierra, pero el descubrimiento más asombroso se produce cuando a partir del testimonio (inicialmente desechado por absurdo) de astronautas en órbita en el momento de la aparición de la membrana y de los datos de sondas lanzadas con posterioridad, se llega a la conclusión de que el Spin está introduciendo una distorsión temporal: cada segundo en la Tierra corresponde a 3.17 años fuera de la membrana. Esto lleva a dos conclusiones inmediatas: (i) el Spin es a la vez la causa y el remedio al problema, proporcionando un apantallamiento protector para toda la radiación letal que la Tierra recibiría de estar desprotegida frente al gradiente temporal, y (ii) en el lapso de una generación el Sol se tornará una gigante roja que engullirá a la Tierra.

La constatación de este hecho, a la vez que espada de Damocles sobre la Humanidad proporciona posibilidades inimaginables: puede intentarse la terraformación de Marte en el lapso de unos años. Sucesivas oleadas de microorganismos cada vez más complejos son lanzados en dirección al Planeta Rojo. Debido a la distorsión temporal, un segundo en la tierra después de atravesar la membrana, los envíos ya han llegado a Marte; una hora después llevan milenios reproduciéndose; al cabo de un año en la Tierra han pasado casi 100 millones de años de evolución. Los cambios inducidos por la creciente biosfera marciana, y la evolución del Sol, desplazando la zona habitable del Sistema Solar hacia fuera, permiten que eventualmente se envíen colonos a Marte como salvaguarda de la civilización terrestre. No habrán de pasar muchos años hasta que se den dos acontecimientos cruciales. Marte, un mundo ya con una desarrollada civilización, se ve envuelto a su vez por una membrana de Spin, y poco antes de ello envían a la Tierra a un emisario que porta una propuesta que puede dar respuestas sobre el Spin: lanzar al espacio una colonia de organismos autorreplicantes que medrarán en los fríos cuerpos de la Nube de Oort, y de allí se desplazarán a otras estrellas, creando una red de cómputo de escala galáctica que recopilará información sobre otros planetas con membranas de Spin, y su evolución a largo plazo.

A pesar de que las anteriores pinceladas hagan pensar en una obra de ciencia-ficción hard, hay algunas consideraciones que hacer. Suele comentarse a menudo que la literatura de ciencia-ficción adolece de personajes planos y poca profundidad narrativa. Este tópico no anda desencaminado en ocasiones, lo cual no es óbice para que su máxima expresión haya producido algunas de las más grandes gemas del género. Pensemos por ejemplo en el añorado Robert L. Forward, cuyos personajes eran poco más que instrumentos al servicio de un grandioso escenario de ficción científica. Bien es verdad que no todos los autores tienen el talento para componer un mundo que haga volar la imaginación, alienígenas que provoquen asombro, o tramas de escala cósmica que enganchen al lector, y es en esos casos en los que las deficiencias de caracterización se hacen más evidentes. Una de las reacciones ante esta situación es que los autores intenten compensarla trufando la historia de vivencias de los personajes, en un intento de dotarlos de profundidad y relieve. El peligro viene de la sobrecompensación, que a veces hace que el resultado sea un drama con un telón de fondo de ciencia-ficción. Un ejemplo notable de esto lo encontramos en novelas como Cronopaisajede Gregory Benford, o la anterior obra de Robert Charles Wilson, Los Cronolitospor citar un par de casos. La lectura de las mismas deja a veces un poso de oportunidad perdida para una gran historia de ciencia-ficción. Es como si George Lucas hubiera dedicado una hora de La Guerra de las Galaxias a mostrarnos lo dura que era la vida en las granjas de humedad, cuánto madrugaba Luke, y cuán compleja era su relación personal con Owen Lars.

Spin tiende a caer a veces en este problema: la trama se desarrolla en dos hilos, uno de los cuales narra la hstoria desde el comienzo del Spin, y el otro –un par de decadas en el futuro- muestra a Tyler y Diane como fugitivos en busca de su destino final (en el sentido geográfico), y una gran proporción de ambos se dedica a las tribulaciones personales de los personajes. Personalmente encuentro poco interesante los problemas de la madre de Jason y Diane con el alcohol, o los problemas de la secta religiosa en la que esta última se introduce. Tampoco puede decirse que haya un clímax en la historia, ya que lo único parecido es la revelación que Jason hace finalmente sobre la naturaleza de los Hipotéticos y la finalidad del Spin. En resumen puede decirse que se trata de un plato con buenos ingredientes (no totalmente originales también es cierto, véase por ejemplo Cuarentenade Greg Egan), pero que no ha sido cocinada al gusto de la CF hard. Hay una secuela ( Axis) y una trilogía en el horizonte, pero no ocupan los primeros puestos de mi lista de prioridades.

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Arthur C. Clarke cumple hoy 90 años

Publicado por Carlos en Diciembre 16, 2007

Arthur C. ClarkeTal día como hoy de hace 90 años -en 1917, esto es- nacía Arthur Charles Clarke, en la actualidad Sir Arthur C. Clarke. Escritor y visionario, tiene una trayectoria literaria que abarca ya más de 70 años (ahí es nada), y entre sus predicciones más conocidas están la del ascensor espacial (aún incumplida), y la de los satélites geoestacionarios de comunicaciones (plenamente realizada, aunque también hay que decir que fue Herman Potočnik quién primero planteó la idea en 1928).

Su obra literaria es también brillante e influyente. Indudablemente, su colaboración con Stanley Kubrick en 2001: Una Odisea Espacial ha sido una de las simbiosis más extraordinarias de la ficción del s. XX. Algunos de los temas de esta trabajo (basada en un relato corto suyo de 1948 titulado El Centinela) son recurrentes en su obra: el humanismo, la post-singularidad, y las civilizaciones alienígenas más allá de nuestra comprensión. Bien conocida es su frase “cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, que formuló como una Tercera Ley con la que completar una trilogía: las Leyes de Clarke (según sus propias palabras, “si a Newton le bastaron tres leyes, él no iba a formular más”). Estas leyes son:

Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado.

Esta primera Ley es una clara muestra de optimismo en las posibilidades de avance científico y desarrollo tecnológico, a la par que una crítica al dogmatismo científico (hay que recordar que fue formulada en 1962, cuando nuestra compresión del Universo estaba en pañales, o al menos en unos pañales muchos más pequeños que los actuales). La segunda Ley -también de 1962- es

La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible.

Podemos estar aquí ante el origen posible del célebre adagio “lo hicieron porque no sabían que era imposible“. La Tercera Ley es sin duda la más conocida y la que comentábamos antes:

Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Esta frase es sin duda genial, y encierra grandes implicaciones, como filósofos, científicos y colegas escritores han desgranado. Consideremos por ejemplo la denominada Ultima Ley de Shemmer:

Cualquier inteligencia extraterrestre lo suficientemente avanzada es indistinguible de Dios.

Como M. Shemmer apunta, una civilización alienígena post-singularidad sería en términos prácticos omnipotente y omnisciente en relación a nosotros, por lo que no podríamos distinguirla del concepto judeo-cristiano de Dios, omnipotente y omnisciente en términos absolutos. Por otra parte, si una deidad fuera sólo omnipotente y omnisciente en términos relativos a nosotros, entonces por definición sería ¡una inteligencia extraterrestre!

No ha sido éste el único corolario de la Tercera ley. Por ejemplo, tenemos el Corolario de Gehm, que afirma que “si una tecnología es distinguible de la magia, entonces no está lo suficientemente avanzada.” Larry Niven le dio la vuelta al argumento para afirmar que “cualquier magia lo suficientemente avanzada es indistinguible de la tecnología“, aunque quizás la mejor reformulación de la Tercera Ley la ha dado Scott Adams (autor de Dilbert) que afirma que “en mi casa cualquier tecnología suficientemente avanzada se avería, y no hay nadie que sepa como arreglarla“.

El vídeo inferior muestra unas reflexiones del propio Arthur C. Clarke en relación a su nonagésimo cumpleaños. Felicidades, Sir Arthur. Las generaciones futuras le recordarán cuanto menos como el Julio Verne del s. XX.

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“The Last Mimzy”: Viajes en el tiempo, artefactos del futuro, y el Jabberwocky

Publicado por Carlos en Marzo 10, 2007

Poster The Last MimzyThe future is trying to tell us something

Una de las películas a la que habrá que seguir la pista con vistas a su próximo estreno este año es “The Last Mimzy“. Se trata de una película basada en un relato clásico de ciencia-ficción de Lewis Padgett, cuya trama gira en torno a dos niños que descubren una caja con extraños objetos en su interior. Estos objetos son considerados como juguetes por los niños, cosa razonable ya que entre los mismos se encuentra un conejo de peluche. Sin embargo, a medida que juegan con estos artefactos, algo extraño comienza a suceder a los niños: su inteligencia se acrecenta cada vez más, alcanzando niveles de genios, e incluso comienzan a desarrollar habilidades telekinéticas. Más aún, uno de los niños afirma que el conejito -Mimzy- habla, le instruye, y que trae un importante mensaje del futuro. Mimzy es entonces sometido a un profundo análisis científico que revela que su estructura contiene elementos electrónicos y orgánicos cuya tecnología escapa a nuestra comprensión (como nota curiosa, Brian Greene -físico bien conocido por su labor divulgativa en relación a la teoría de cuerdas- hace un cameo como parte del equipo de científicos que examina a Mimzy).

Aunque muchos de los temas antes mencionados pueden parecer poco originales (es fácil encontrar analogías entre algunos aspectos de “The Last Mimzy” y otras películas como “Jumanji”, “Phenomenon”, “El pueblo de los malditos”, …) hay que tener en cuenta que la película se inspira directamente en un relato de 1943. Dicho relato se titula “Mimsy were the borogoves“, de Lewis Padgett (pseudónimo del matrimonio formado por Henry Kuttner y C. L. Moore) y toma el nombre de uno de los versos del poema “Jabberwocky” de Lewis Carroll. Este poema es célebre por contener un gran número de palabras inventadas por su autor, frecuentemente a través de la fusión de diferentes términos. Así, la palabra mimsy se interpreta como la unión de miserable y flimsy, por lo que vendría a significar en este caso algo así como “triste y débil” o “delgado y abatido”. Traducir esto al español es complejo, y diferentes autores han usado diferentes neologismos: misébiles, debiliranas, debilmíseros, debirables, etc. El propio término jabberwocky (que representa a un monstruo) ha tenido también traducciones variopintas, tales como chacaloco, dragobán, galimatazo, jerigóndor, flabistanón, etc. En cuanto a borogoves, representa a un pájaro delgado, de aspecto desaliñado, y con plumas erizadas.

El poema de Lewis Carroll describe como un joven lucha contra el jabberwocky, y lo vence gracias a su espada vorpal. En el relato de Lewis Padgett, este poema se interpreta como una fórmula matemática que fue escrita por la propia Alicia, y que le permite viajar a realidades alternativas. Dicha fórmula le fue a su vez revelada a Alicia a través de un juguete del futuro… Habrá que esperar al estreno para ver si la adaptación de estas ideas ha sido satisfactoria. El trailer (ver abajo) apunta buenas maneras, y recomiendo visitar la página web de la película, muy bien diseñada, con una ambientación musical buena, y con información interesante sobre la película.

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