La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archive for the ‘Geociencias’ Category

Luna Oscura, Brillantes Géiseres

Posted by Carlos en enero 2, 2011

Poco antes de Navidad la Cassini nos obsequió con esta gran imagen a contraluz de Encélado. En ella se aprecian claramente el spray resultante de los géiseres que jalonan las conocidas “rayas de tigre” del satélite. La imagen se tomó a una distancia de 158 000 km de Encélado, cuyo diámetro es de 504 km (apenas un 15% del de la Luna).

Dark Moon, Bright Spray

NASA/JPL/SSI

Encélado sigue siendo uno de los más interesantes candidatos a albergar vida en el Sistema Solar. El origen de los géiseres podría estar en océanos de agua líquida subterránea resultado del calor generado por las fuerzas de marea a las que Saturno somete a su luna. Dicha agua circularía en un lento proceso hasta la superficie a través de grietas en el hielo, parte en forma de granos de hielo y parte en forma de vapor, dando lugar a los mencionados géiseres. La presencia de agua líquida sería uno de los factores que contribuirían a conformar un ambiente favorable para la vida en Encélado. En el siguiente vídeo, Carolyn Porco da unas pinceladas sobre estas circunstancias.

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El Cráter Mojave de Marte en 3D

Posted by Carlos en marzo 27, 2010

La Mars Reconnaissance Orbiter continúa proporcionando material de enorme interés. La imagen inferior muestra una reconstrucción en 3D de una sección del Cráter Mojave, obtenida mediante un par estéreo de imágenes adquiridas por la cámara HiRISE. Pulsando sobre la imagen se podrá obtener una ampliación de la misma.

Mojave Crater in the Xanthe Terra region of Mars

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

Hay que decir que la impresionante imagen anterior ha sido retocada para ampliar tres veces la escala vertical frente a la horizontal, aunque ello no es óbice para apreciar la belleza del paisaje. Más aún, la imagen es interesante por los detalles que revela sobre la estructura del cráter. El Cráter Mojave está situado en al región Xanthe Terra, justo por encima del Ecuador marciano, y tiene unos 60 km de diámetro y 2.6 de profundidad. Esta gran profundidad (indicadora de que el cráter no ha experimentado grandes procesos de erosión), así como la ausencia de cráteres más pequeños en su sugieren que se trata de un cráter muy joven: apenas 10 millones de años, lo que es muy poco en escala geológica para un cráter de estas dimensiones.

Detalle del Cráter Mojave

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

Uno de los aspectos más interesantes de la imagen es la presencia de canales y abanicos aluviales, tal como se muestra en el detalle de la figura superior. Esto apunta a que el impacto del objeto que dio lugar al cráter liberó agua almacenada en el subsuelo, la cual fluyó luego por la superficie. A su vez, esta observación sugiere que en pasado más remoto de Marte -durante el último bombardeo intenso- los impactos ejercieron una influencia central en el clima marciano.

Las dos imágenes inferiores permiten contextualizar la sección del cráter representada en el modelo 3D.

Cráter Mojave

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

Walls in Crater Mojave 3D

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

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Seis mitos sobre el cambio climático

Posted by Carlos en febrero 18, 2010

10-year average (2000-2009) temperature anomaly

NASA Goddard Institute for Space Studies

La afirmación de que el cambio climático tiene causas antropogénicas se asienta sobre dos premisas fundamentales: los cambios de temperatura registrados a lo largo del último siglo, y la incapacidad de los modelos climáticos de dar cuenta de dichos cambios sin la introducción del efecto causado por los gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana. Por supuesto, el clima es un sistema extremadamente complejo por lo que todos los modelos existentes están sujetos a una cierta incertidumbre, causada por la falta de compresión plena de todos los aspectos del sistema así como por la complejidad intrínseca de las simulaciones del mismo. Quiere esto decir que hay aspectos de la investigación climática que hay que tomar con una pizca de sal, o que ciertamente requieren un mayor estudio. Sin embargo, las objeciones más comunes al cambio climático antropogénico no se asientan en estos aspectos menos claros, sino en diversas malinterpretaciones de los hechos o conclusiones derivadas de los estudios climáticos (y hay que decir que meteduras de pata como la predicción sobre los glaciales del Himalaya no ayudan). En un artículo de Q. Schiermeier en el número del 21 de enero de Nature se abordan varios de los mitos más persistentes sobre el cambio climático, y cómo estos pueden ser rebatidos:

  1. Los modelos climáticos no proporcionan información de utilidad sobre el mundo real. Como se apuntaba anteriormente, los modelos climáticos están sujetos a un cierto margen de incertidumbre, por lo que no pueden hacer predicciones exactas a largo plazo. Sin embargo, estos modelos son capaces de reproducir las variaciones climáticas del último milenio y apuntan conclusivamente hacia un futuro más cálido.
  2. El calentamiento global cesó hace diez años. Esta objeción se basa en la misma confusión que tienen algunos de nuestros políticos entre disminución del crecimiento y decrecimiento. Las fluctuaciones naturales del clima a corto plazo pueden hacer que las temperaturas suban o bajen de un año para otro, pero las tendencias se mantienen, y la última década es la más cálida en promedio registrada.
  3. Las temperaturas eran mayores en épocas pre-industriales. Hay consenso en que la segunda mitad del siglo XX ha sido la más cálida del último milenio. En momentos más remotos hubo periodos más cálidos, pero bajo condiciones orbitales y geológicas distintas, y la existencia de las mismas no aporta evidencia en contra de la influencia humana en el incremento actual de temperaturas.
  4. Los datos históricos de temperatura en la troposfera indican que la Tierra no se está calentando. Aunque hace una década parecía haber una discrepancia entre las temperaturas de la troposfera y las registradas en la superficie, dicha discrepancia ha sido resuelta en la actualidad gracias a la resolución de problemas de calibración en los sensores de los satélites. Los datos actuales son plenamente consistentes con las predicciones de calentamiento de los modelos climáticos existentes.
  5. Unos pocos grados de calentamiento no son para tanto. Durante la última edad de hielo la temperatura promedio del globo era sólo unos pocos grados inferior a la actual. El ritmo de calentamiento actual no tiene precedentes en la historia de la Humanidad.
  6. Los incrementos de temperatura registrados reflejan el crecimiento de ciudades en torno a las estaciones climáticas más que el calentamiento del globo. Este factor ya se tiene en cuenta en los modelos, que incluyen datos tanto de estaciones urbanas como de estaciones rurales. Más aún, las anomalías de temperatura también ocurren en zonas despobladas, como pueden ser los polos, la superficie oceánica o en capas suboceánicas profundas.

Si la evidencia científica es pues múltiple en relación a las más que probables causas humanas del cambio climático, ¿cuáles son entonces los aspectos más sujetos a debate? En un próximo apunte los veremos.

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Las aproximaciones cercanas a la Tierra alteran la superficie de los asteroides

Posted by Carlos en febrero 10, 2010

A menudo imaginamos a los asteroides como grandes rocas monolíticas, sólidas montañas quizás desgajadas de otros cuerpos rocosos de mayor tamaño por obra y gracia de alguna colisión a la que no solo deben su existencia, sino incluso sus características físicas (tamaño, forma, inclinación orbital, etc.). Esta imagen resulta sin embargo tremendamente engañosa, ya que gracias al estudio de asteroides cercanos a la Tierra (NEA, por sus siglas en inglés) a través de astronomía radar sabemos que los NEAs por encima de los 150m de diámetro son en realidad enjambres de pequeños guijarros que se mantienen unidos debido a su atracción gravitatoria mutua. Evidentemente, un cuerpo de estas características exhibe un comportamiento muy diferente del que cabría esperar de una gran pieza rocosa. De hecho, la débil ligazón interna de estos NEAs los hace sensibles a efectos que de otra manera podrían ser despreciables.

Cinturón de Asteroides

NASA/JPL-Caltech

Consideremos por ejemplo el efecto YORP. Este efecto -relacionado con el efecto Yarkovsky- altera el periodo de rotación de los NEAs, haciendo en ocasiones que giren sobre sí mismos a tal velocidad que se venza la atracción gravitatoria de sus componentes y el NEA comience a despedazarse. En este escenario, comenzarían a producirse avalanchas de pequeños fragmentos superficiales desde los polos al ecuador del asteroide, donde la fuerza centrípeta es mayor y serían lanzados al espacio. En estos casos puede llegar incluso a formarse un “satélite” del NEA original, que más tarde podría volver a unirse con este último (tomando lo que se conoce como forma binaria de contacto) o abandonar la compañía de éste y seguir una órbita diferente (es de hecho mediante la reconstrucción de estas órbitas hacia atrás en el tiempo como se ha descubierto el origen de muchos asteroides emparentados).

Asteroide doble Antiope

Asteroide doble Antiope - Credit: ESO

Este tipo de fenómenos se postulan como las causas del denominado “problema de las contritas ordinarias”. A grandes rasgos, este problema refleja la inconsistencia entre las propiedades espectrales de NEAs en relación con las de los meteoritos estudiados en la Tierra. Se sabe que los cuerpos viajando por el espacio sin la protección de una atmósfera están sujetos a una suerte de erosión o envejecimiento espacial, debido al impacto con partículas del viento solar, micrometeoritos, etc. Ese proceso tiene lugar de forma muy rápida, en una escala temporal de pocos cientos de miles de años. Esperaríamos entonces que los NEAs exhibieran el espectro envejecido en contraste con los meteoritos que llegan a la superficie terrestre (y que debido al desgaste sufrido al cruzar la atmósfera ven su superficie “pulida”, exponiendo el material fresco de su interior). Sin embargo, nos encontramos de todo: NEAs envejecidos, otros que parecen meteoritos, y otros con espectros intermedios.

El efecto YORP mencionado anteriormente podría tener que ver, pero no es el único factor en juego. Richad P. Binzel y 10 colaboradores (del MIT y otras 7 instituciones), han estudiado datos correspondientes a 95 asteroides cercanos a las órbitas de la Tierra o de Marte y presentan datos bastante sólidos relativos a la influencia de las fuerzas de marea como factor determinante. El trabajo en el exponen sus conclusiones se titula

publicado el 21 de enero en Nature. Binzel et al. han clasificado los asteroides en tres tipos: Q, Sq y S; el primero representa los asteroides cuyas características espectrales son más parecidas a las de las contritas ordinarias, y los otros dos representan asteroides cuyas superficies han sido progresivamente envejecidas por su periplo espacial. A continuación realizan una reconstrucción inversa de las órbitas para ver cuál ha sido la mínima distancia de intersección con la órbita (MOID) de cualquiera de los 8 planetas del Sistema Solar en una escala de tiempo inferior a la del envejecimiento espacial. El resultado es que 75 de 95 cuerpos han tenido una MOID inferior a la distancia Tierra-Luna, y entre estos están los 20 asteroides de tipo Q. Ello quiere decir que con 99.1% de confianza estadística la relación entre tipo Q y encuentro cercano con un planeta no es casual. La explicación propuesta es que las fuerzas de marea provocadas por la aproximación a un planeta provoca vibraciones sísmicas y avalanchas que redistribuyen el material superficial, exponiendo el material fresco del interior.

Asteroide Itokawa

Asteroide Itokawa - Credit: ISAS, JAXA

La prueba del nueve nos la dará Apophis durante su aproximación a la Tierra en 2029. Ahora mismo está en el tipo Sq, y si de resultas de su acercamiento cambia sus características espectrales y altera su rotación, tendremos evidencia de la redistribución de material. Lo apuntaremos en la agenda.

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Geoingeniería: Medicina Planetaria contra el Calentamiento Global

Posted by Carlos en diciembre 7, 2009

Los seres vivos han estado realizando cambios a gran escala de las condiciones ambientales terrestres desde prácticamente la aparición de la vida. Algunos de estos cambios nos vinieron muy bien, como por ejemplo el enriquecimiento atmosférico de oxígeno gracias entre otros factores a los organismos fotosintéticos. Otros cambios parecen sin embargo problemáticos, como por ejemplo los derivados de la deforestación y del vertido atmosférico de gases de efecto invernadero. Estos parecen haber desbordado la capacidad de auto-regulación del planeta y nos llevarán a largo plazo a un nuevo estado estacionario de condiciones que directa o indirectamente pueden ser mucho menos favorables para la vida humana.

La respuesta a esta situación se ha planteado básicamente desde el punto de vista “paliativo”, intentando poner coto en cierta medida a la perturbación antropogénica del medio ambiente; aquí se encuadraría por ejemplo el controvertido Protocolo de Kyoto (PDF, 162KB). Siguiendo con la analogía médica, una alternativa menos conservadora sería la “desintoxicación”, esto es, actuar directamente para corregir las perturbaciones mediante obras de geoingeniería. Estaríamos hablando de obras de ingeniería a gran escala diseñadas específicamente con el propósito de alterar significativamente el medio ambiente para nuestro beneficio. James Lovelock, el científico multidisciplinar famoso por proponer la Hipótesis Gaia, acaba de publicar en las Philosophical Transactions of the Royal Society A un trabajo que lleva por título

en el que repasa alguna de las posibilidades al respecto. Por ejemplo, están los denominados barcos spray de Flettner, que navegarían los océanos de manera autónoma, bombeando agua salada en aerosol a la atmósfera. El objetivo es aprovechar el denominado efecto Twomey para incrementar el albedo de las nubes consiguiendo con ello un enfriamiento de la superficie. Serían necesarios unos 1 500 barcos de este tipo para conseguir el efecto deseado.

Relacionado con lo anterior, un sistema similar de tuberías situadas en plataformas marinas podría bombear agua de las profundidades a la superficie con la intención de (1) producir un enfriamiento de la misma, y (2) enriquecer de nutrientes las capas superficiales, provocando la eclosión masiva de algas fotosintéticas que absorberían CO2 atmosférico. Más aún, estas algas podrían recolectarse para producir alimentos y combustibles biológicos, y los residuos del procesamiento prensarse para su hundimiento en el fondo marino, quitando de la circulación (al menos de manera temporal) grandes cantidades de dióxido de carbono.

La producción de nutrientes a través de procedimientos químicos también se plantea como una opción quizás inevitable en el futuro. Dichos nutrientes se usarían a su vez para alimentar cultivos industriales de células vegetales y animales destinadas directamente al consumo humano. Es interesante resaltar un párrafo del propio Lovelock en el artículo citado inicialmente:

Misplaced fear stops us from using nuclear energy, the most practical and available geoengineering procedure of all; we even ignore the use of high temperature nuclear reactors for the synthesis of food and liquid fuels directly from CO2 and water.

Todo lo anterior plantea tanto desafíos tecnológicos como llegado el caso problemas éticos. La desintoxicación del planeta es una empresa que una vez empezada tendrá un incierto final (Lovelock señala por ejemplo que si se emplean los barcos spray, eventualmente habrá que empezar a preocuparse por la acidificación de los océanos, que requerirá de nuevas medidas y así sucesivamente). Los geoingenieros quizás necesitarán crear y respetar un análogo al juramento hipocrático. El artículo acaba con moralina:

Perhaps the saddest thing is that if we fail and humans become extinct, the Earth system, Gaia, will lose as much as or more than we do. In human civilization, the planet has a precious resource. We are not merely a disease; we are, through our intelligence and communication, the planetary equivalent of a nervous system. We should be the heart and mind of the Earth not its malady. Perhaps the greatest value of the Gaia concept lies in its metaphor of a living Earth, which reminds us that we are part of it and that our contract with Gaia is not about human rights alone, but includes human obligations.

Es una visión un tanto antropocéntrica de la vida en la Tierra, pero de eso se trata, ¿no?

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La extinción masiva del Pérmico-Triásico acabó con los bosques de Pangea

Posted by Carlos en octubre 2, 2009

Hace 251.4 millones de años tuvo lugar uno de los eventos más extraordinarios y dramáticos en la historia de la vida en la Tierra: la gran extinción del Pérmico-Triásico (P-Tr en adelante). Conocida también como “La Gran Muerte”, durante esta extinción masiva desaparecieron el 96% de las especies marinas, el 70% de los vertebrados terrestres, y 8-9 órdenes de insectos (la única extinción masiva de insectos registrada). Tendrían que pasar más de 30 millones de años para que la biodiversidad se recuperara. Las causas de la extinción no están del todo claras, y hay múltiples candidatos en liza: vulcanismo, impactos meteoríticos, anoxia oceánica, liberación de depósitos de metano, etc. De hecho, se apunta a que bien pudiera ser que varios de estos factores se hubieran aunado en un corto espacio de tiempo (~1 millón de años) dando lugar a la catastrófica extinción.

Permian Extinction

Terry Mckee

Uno de los aspectos interesantes de las extinciones masivas es el hecho de que las plantas suelen capearlas relativamente bien (aunque por supuesto, los ecosistemas varíen profundamente y haya especies vegetales que se vean desplazadas por otras).  En el caso de la extinción masiva P-Tr se aprecia precisamente como se producen cambios profundos en las especies dominantes, con un dato especialmente relevante en el registro geológico: no hay depósitos de carbón durante el Triásico Inferior, y sólo los hay muy pequeños y excepcionales durante el Triásico Medio. Esto puede indicar la desaparición de vegetación formadora de turba durante la extinción masiva, o podría ser simplemente debido a que el registro geológico del Triásico Inferior es muy incompleto y disperso. Sin embargo, un reciente trabajo de Mark A. Sephton y colaboradores parece apuntalar la primera interpretación. El trabajo en cuestión lleva por título

reduviasporonitesy acaba de aparecer en Geology. En este trabajo Sephton et al. estudian restos fósiles de Reduviasporonites, un hongo que floreció durante el evento de extinción. El análisis de la firma geoquímica del mismo indica que se trata de un hongo (en contra de hipótesis anteriores que apuntaban a que era un alga) cuyo nicho ambiental es la madera en descomposición. Si a esto le unimos que hubo un pico masivo en la proliferación de este hongo durante el evento P-Tr, las piezas encajan para indicar que los bosques de Pangea fueron aniquilados por la extinción masiva, dándole a Reduviasporonites un entorno idóneo para su desarrollo. En este caso, parece que la causa más directa de la extinción de los bosques pudo estar en los flujos de lava basáltica originados en lo que hoy es Siberia. Estos flujos liberaron gases tóxicos que provocarían lluvias ácidas y un empobrecimiento de la capa de ozono. Un evento terrible para las especies que poblaban la Tierra en aquel entonces, pero gracias al cual la evolución tomó los derroteros que tomó y estamos hoy aquí.

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El gas invernadero que resuelve la paradoja del joven Sol débil

Posted by Carlos en agosto 19, 2009

Los orígenes de la vida se remontan a hace más de 3 500 millones de años (3.5 Ga) según indica la evidencia fósil. Aunque los detalles del proceso distan mucho de estar claros y hay diferentes hipótesis al respecto, sí puede afirmase que las condiciones ambientales de temperatura y la disponibilidad de agua líquida fueron determinantes (si no para la aparición de la vida en sí, al menos para los primeros pasos de su evolución en lo que hoy vemos). De manera un tanto intrigante, la existencia de estas condiciones favorables plantea en sí misma un enigma: hace 3-4 Ga el Sol no era más que una jovencísima estrella que comenzaba su camino por la secuencia principal, y su brillo era menor que el actual, apenas un 70% del de hoy en día. De acuerdo con la Ley de Stefan-Boltzmann, la temperatura de un cuerpo negro es proporcional a la raíz cuarta de la energía que emite por unidad de área, lo que nos deja con una temperatura de 0,70,25 = 91% de la actual. La temperatura de la Tierra es a su vez proporcional a la del Sol -asumiendo que el radio de éste y la distancia a la que nos hallamos no varía- lo que quiere decir que si en la actualidad debería ser de unos 279K sin contar el efecto invernadero, por aquel entonces sería de apenas 255K, o lo que es lo mismo unos frígidos -18ºC. Incluso con concentraciones de gases invernadero como las actuales la temperatura no subiría por encima del punto de congelación del agua, en contra de lo que la evidencia muestra. Es lo que se conoce como la paradoja del joven Sol débil.

Evolución del sol.

Evolución del sol. Credit: Tablizer

Lógicamente, la composición de la atmósfera era muy diferente de la actual hace 3.5 Ga y la presencia de gases invernadero debió ser muy superior para permitir que la temperatura permaneciera por encima de 0ºC. El candidato más en boga era el socorrido CO2, pero ahora un reciente estudio conjunto del Tokyo Institute of Technology y de la Universidad de Copenague arroja un nuevo escenario dominado por otro gas: el sulfuro de carbonilo (OCS).

Carbonyl sulfide

El estudio en cuestión ha sido realizado por Yuichiro Ueno y colaboradores, lleva por título

y ha sido publicado esta semana en PNAS. Ueno et al. han analizado la distribución de isótopos sulfurosos en rocas del Arcaico. Dicha distribución depende de la intensidad de la fotolisis del SO2, la cual depende a su vez de la composición atmosférica en la Tierra primitiva, y en particular de los gases que puedan bloquear la radiación ultravioleta. De acuerdo con los modelos numéricos que han desarrollado, las concentraciones observadas son compatibles con una atmósfera rica en OCS. Este gas haría las veces de la actual capa de ozono, con un añadido especial: un potente efecto invernadero, mucho más efectivo que el del CO2 y capaz de compensar la reducida energía solar. Más aún, el OCS actúa como catalizador para la formación de péptidos, lo que resulta sumamente interesante desde el punto de vista de la abiogénesis.

La vida encontró pues un ambiente favorable para su desarrollo gracias a la disponibilidad de agua líquida como disolvente. Formas de vida más sofisticadas se fueron abriendo camino, y hace alrededor de 3 Ga surgieron los primeros organismos fotosintéticos. Con ellos empezó el proceso de enriquecemiento atmosférico de oxígeno (los volcanes superficiales también ayudaron). Paradójicamente este oxígeno reaccionó con el azufre volcánico, dificultando la regeneración de la capa de sulfato de carbonilo y produciendo otros aerosoles sulfúricosde sulfato que actuaron como refrigerantes atmosféricos. Este proceso acabaría por dar lugar durante el Paloproterozoico a la glaciación global que cubrió completamente de hielo y nieve a la superficie terrestre.

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Sólo 4 de cada 10 estadounidenses aceptan que América y África fueron parte de un mismo continente

Posted by Carlos en agosto 11, 2009

Animación Pangea

Source: United States Geological Survey (USGS)

Las encuestas sobre cuestiones de ciencia  son estupendas para sacarle punta a los resultados, sobre todo si se realizan en los EE.UU. y el resultado es patentemente contrario a la evidencia científica. Éste es el caso de una encuesta de Daily Kos a la que he llegado vía Cosmic Variance y en la que la pregunta en cuestión es:

  • ¿Cree Vd. que América y África fueron una vez parte del mismo continente?

La tectónica de placas forma parte currículo educativo básico en ciencias naturales y -aunque sea de manera superficial- el concepto debe ser familiar a partir de secundaria como muy tarde. Cabría esperar pues que la respuesta a la pregunta anterior fuera mayoritariamente positiva, aquí y en los EE.UU. Sin embargo, el resultado no es tan concluyente ni mucho menos. He aquí el desglose de las respuestas:

NO NS
Total 42% 26% 32%
NO NS
DEM 51% 16% 33%
REP 24% 47% 29%
IND 44% 23% 33%
Otros 42% 25% 33%
No votan 46% 22% 32%
NO NS
Noreste 50% 18% 32%
Sur 32% 37% 31%
Medio Oeste 46% 22% 32%
Este 43% 24% 33%
NO NS
Blanco 35% 30% 35%
Negro 63% 13% 24%
Hispano 55% 19% 26%
Otro 56% 19% 25%

El resultado global es que 4 de cada 10 estadounidenses acepta que América y África estuvieron unidos en Pangea, 1 de cada 4 lo niega, y 1 de cada 3 no está seguro de la respuesta.  Si se traza el retrato robot de los casos más extremos por recuerdo de voto y región, tenemos que un sureño republicano y blanco (e.g., Chuck Norris) sería el prototipo del negacionismo de Pangea, mientras que un negro demócrata de Nueva Inglaterra sería el que más claro tendría que Pangea existió.

Por supuesto es posible realizar una lectura positiva del resultado, del tipo “sólo 1 de cada 4 estadounidenses niega que África y América fueron parte del mismo continente”. No estoy muy seguro de que 1 de cada 4 sea una proporción pequeña, pero al menos es claramente minoritaria. La cuestión más interesante es en cualquier caso la razón por la que ese 26% niega la existencia de Pangea. Por un lado el perfil del negacionista sugiere una conexión con la población del cinturón biblico: al fin y al cabo si alguien se obstina en pensar que el mundo sólo tiene 6 000 años de edad, ¿cómo puede admitir algo como la deriva continental? Ya hubo de hecho ocasión de comentar algo relacionado durante la campaña republicana para la designación como candidato presidencial, cuando tres de los aspirantes dijeron que no creían en la evolución. Por otro lado, los propios encuestadores argumentan que la pregunta estaba intencionalmente formulada no para incidir en el aspecto de la deriva continental, sino para resaltar la unión entre África y América y provocar el rechazo/adhesión del encuestado. Según ellos sería por motivos raciales que un determinado segmento de la sociedad (mayormente blancos y/o conservadores y/o sureños) rechazó la relación y contestó negativamente, mientras que la población negra contestó afirmativamente de manera mayoritaria.

Siendo cierto que la pregunta es francamente mejorable si la intención es indagar sobre el conocimiento científico de la población, tiendo a pensar que la interpretación racial es un poco forzada. Quizás es que subestimo la relevancia de los prejuicios raciales frente a por ejemplo el fanatismo religioso. O quizás lo que subestimo es simplemente la estulticia de una parte (minoritaria pero no insignificante) de la sociedad estadounidense.

Actualización (12/08/09): Hay un matiz relevante que debe tenerse en cuenta: en inglés -y fundamentalmente en los EE.UU.- la palabra “America” hace referencia no al continente sino al propio país. Aunque el contexto puede permitir al encuestado captar la imagen global y pensar en el continente, también es cierto que la pregunta puede ser entendida en primera instancia como “¿cree Vd. que los EE.UU. y África eran parte del mismo continente?“. Esta formulación puede activar el rechazo racial a la asociación EE.UU./África en otro segmento de la población diferente de los fundamentalistas protestantes, por lo que los encuestadores no van desencaminados al señalar lo capcioso de la pregunta.

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Platino extraterrestre, mezclado, no agitado

Posted by Carlos en agosto 4, 2009

Cuando intentamos visualizar el remoto pasado de la Tierra y su intensa actividad geológica solemos acudir a una imagen mental de paisajes volcánicos, con grandes erupciones, lluvias de ceniza, lagos de lava, etc. Naturalmente esta imagen la construimos a partir de nuestra experiencia en las erupciones de hoy en día, por ejemplo las de los volcanes hawaianos cuya lava es sumamente fluida. Sin embargo, esta imagen no hace justicia a las características aún más extremas que la lava exhibía durante el Arcaico.

Flujo de lava del Puʻu ʻŌʻō, en el Kilauea (hawai). Credit: United States Geological Survey

Flujo de lava del Puʻu ʻŌʻō, en el Kilauea (Hawai). Credit: United States Geological Survey

Se estima que el manto terrestre tenía en el Arcaico (hace de 3.8 a 2.5 Ga; 1 Ga = 109 años) una temperatura superior a la actual en unos 500ºC debido al calor residual de la acreción terrestre y de la mayor abundancia de elementos radiactivos. Estas condiciones resultaban en la formación de magmas diferentes al basáltico común. Rocas ígneas como la komatita -cuyo punto de fusión supera los 1600ºC, frente a los aproximadamente 1200ºC de las lavas basálticas- daban lugar a extraordinarias inundaciones de lava. Y es que la komatita fundida se comporta como un fluido supercrítico (denso como la roca, viscoso como un gas, sin apenas tensión superficial): se desplazaría por la superficie sin apenas resistencia, pudiendo formar hilos fluidos de sólo 1 cm de tamaño.

Kilauea eruption

Credit: United States Geological Survey

Dado el cambio de las condiciones del manto, estas rocas son hoy en día muy extrañas y sólo se  encuentran en coladas de lava del periodo Arcaico. Su estudio es pues importante en tanto que pueden arrojar información de gran interés en relación a la composición y actividad del manto en aquella época. Más aún, hay un interés económico, ya que estas rocas se asocian con depósitos de oro y níquel. Precisamente un proyecto de investigación industrial relativo a los depósitos de níquel ha dado lugar de resultas del análisis de las komatitas a un importante descubrimiento en relación a la dinámica del manto. Este proyecto se basa en el estudio del platino como guía para localizar al níquel. Para ello han analizado komatitas para analizar su contenido en platino, y ahí es donde ha llegado el hallazgo.

Micrografía de una komatita. Las placas paralelas que se aprecian dan lugar a lo que se conoce como "textura spinifex". Credit: CSIRO, Australia

Micrografía de una komatita. Las placas paralelas que se aprecian dan lugar a lo que se conoce como "textura spinifex". Credit: CSIRO, Australia

El análisis de komatitas del Paleoarcaico (hace de 3.6 a 3.2 Ga) indica que su contenido en platino es muy pobre, debido a éste se precipito al núcleo terrestre durante su formación. Sin embargo, el análisis de komatitas del Neoarcaico (concretamente de hace 2.7-2.9 Ga) y del Paleoproterozoico (2.0-2.5 Ga en este caso) indica un incremento gradual en el contenido de platino. ¿Y de dónde proviene dicho platino? Del material meteorítico que llegó a la Tierra durante el último bombardeo intenso, hace 3.8 a 4.1 Ga (esto es, durante el Hadeico). Este material formó una lámina superficial que luego sería arrastrada y mezclada con el manto debido a procesos de convección a gran escala durante 1 500 millones de años.

Estas conclusiones has sido presentadas por Wolfgang D. Maier y 6 colaboradores -de la University of Western Australia y otras 7 instituciones- en un trabajo titulado

recién aparecido en Nature. Los autores citan la determinación de la escala temporal del proceso como una de las principales contribuciones del trabajo, y apuntan a su utilidad para una mejor comprensión de los procesos del manto.

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Hielo en La Mancha (de Marte)

Posted by Carlos en octubre 10, 2008

La Mancha -que lleva siglos traspasando las fronteras de España gracias entre otras cosas a sus vinos y a Don Quijote- acaba de dar un salto aún mayor (interplanetario, de hecho). La NASA está empleando -al menos de manera informal- el nombre de La Mancha (tal cual, en español) para referirse a una de las zanjas excavadas por la Phoenix Mars Lander, y que puede verse en la siguiente fotografía.

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona/Texas A&M University

NASA/JPL-Caltech/University of Arizona/Texas A&M University

La imagen está tomada en falso color, y muestra hielo en el interior de la zanja, de unos 5cm de profundidad. Precisamente, el propósito de esta excavación es indagar acerca de la profundidad y estructura de esta capa de hielo. Deberán apresurarse en obtener la máxima información, ya que a medida que se aproxima el invierno boreal marciano (el equinoccio de otoño tendrá lugar el día de Navidad de este año, y el solsticio de invierno será el 21 de mayo de 2009) está descendiendo el suministro de energía solar que recarga las baterías de la Phoenix, y para finales de año detendrá toda su actividad (lo cual no dejará de ser un éxito, habida cuenta de que se planificó como una misión de tres meses, y ya va por el quinto).

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