La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archive for the ‘Economía’ Category

Obama sí apuesta por la investigación científica

Posted by Carlos en febrero 24, 2010

El tema de la inversión (o mejor, de la escasez de la inversión) en I+D+I en España es algo que nos tiene de uñas a los que de un modo u otro nos dedicamos a la misma. Ayer mismo, la Excelentísima Señora Cristina Garmendia concedía una entrevista a Carlos Herrera en Onda Cero y -además de solazarse en eufemismos (su ministerio no ha sufrido “recortes” sino “ajustes”)- se mostraba encantada con la asignación presupuestaria de su ministerio, que para ella era la mejor de las posibles en tiempos de crisis. Sorprende este discurso conformista en alguien que proviene precisamente del mundo científico, sobre todo teniendo en cuenta la cercana referencia del Presidente Obama, cuyo mandato coincide por conjunción planetaria con el del gobierno del que la Excma. Sra. Garmendia forma parte. Y es que a la luz de la propuesta presupuestaria que Obama ha presentado al Congreso estadounidense, él sí cree de verdad en la ciencia como motor de desarrollo social y económico.

Barack Obama addresses joint session of Congress 2009-02-24

Según podemos leer en Nature, la propuesta de Obama para el año 2011 incluye un presupuesto de 66 000 millones de dolares para investigación y desarrollo (al margen de los fondos específicos para investigación relacionada con defensa y seguridad). La figura inferior muestra los datos presupuestarios tomando como referencia las asignaciones para 2009 (incrementos o decrementos porcentuales con relación a dicho año). Como puede verse casi todas las agencias salen bien paradas. Por ejemplo, la NASA ve su presupuesto aumentado en un 1,5% con respecto al año pasado, y tendrá que redirigir sus prioridades, cambiando la exploración humana de la Luna por programas de exploración robótica y geociencias. Precisamente en relación con esto último, hay un incremento del 21% en los fondos dedicados al US Global Change Research Program, distribuidos en varias agencias.

US science budget (proposal for 2011)

Fuente de los datos: Nature (doi:10.1038/463594a)

El presupuesto del NIH también aumenta en un 3,2%, siendo especialmente destacado el incremento en estudios sobre el cáncer (+4,4%). El Departamento de Energía recibirá por su parte un incremento de más del 7% en los fondos, y debe resaltarse (aunque sólo sea por la tendencia que marca, más que por los valores absolutos) que la investigación en energías renovables aumenta notablemente (22% en energía solar y 53% en energía eólica) mientras que disminuyen en un 20% los fondos para combustibles fósiles. Finalmente, la NSF recibirá un 8% más, para un total de 7 400 millones de dólares.

Está por ver cómo quedará esta propuesta tras su paso por el Congreso, y por otra parte tampoco debe caerse en el error de idealizar la situación de la ciencia en los EE.UU., con aspectos preocupantes en las universidades. Sin embargo, salta a la vista la diferencia de visión estratégica en relación a España. Se ufanaba la Excma. Sra. Garmendia en que somos la novena potencia científica mundial, lo que indica que nuestra producción científica está pareja con nuestra situación económica. A la luz del estado de nuestra economía, esto debería preocuparle, Sra. Ministra.

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La Ley de Weber-Fechner y la percepción económica (o por qué preferimos 100 céntimos a un euro)

Posted by Carlos en enero 30, 2009

La Ley de Fechner (o Weber-Fechner) caracteriza la sorprendente relación entre la magnitud objetiva de un estímulo físico, y la percepción cognitiva de dicho estímulo. Concretamente, esta ley nos indica que dicha relación no es lineal (ni siquiera considerando que se pueda producir una saturación en los extremos), sino logarítmica. Para verlo con un ejemplo, imaginemos que con los ojos vendados sostenemos un cierto peso en la mano. Un compañero va incrementando lentamente este peso hasta que nosotros advertimos que se ha producido un aumento discernible. La magnitud de este incremento mínimo percibible no es constante (esto es, independiente del peso inicial que sostenemos), como cabría esperar de una relación lineal entre estímulo y percepción, sino que es proporcional a dicho peso, lo que planteado como ecuación diferencial da lugar a la citada relación logarítmica.

Esta relación puede resultar menos sorprendente si consideramos la manera en la que por ejemplo medimos la magnitud aparente de un cuerpo estelar, o la intensidad del sonido. En ambos casos, un cambio multiplicativo en la magnitud del estímulo visual/sonoro se traduce en un cambio aditivo en la medida del mismo en la escala correspondiente. De hecho, parece ser que de alguna manera esta transformación logarítmica está cableada profundamente en nuestros cerebros, y afecta también a la manera en la que percibimos los propios números: cuanto más grandes son, el umbral de discriminación entre valores diferentes aumenta. Más aún, existe aparentemente un fenómeno psicológico por el cual tendemos a ignorar las unidades en las que una magnitud se expresa, centrándonos únicamente en la expresión numérica de la misma. Las implicaciones de este hecho son ciertamente sorprendentes, tal como Ellen E. Furlong y John E. Opfer, de la Ohio State University, demuestran en un artículo titulado

recién aceptado para su publicación en Psychological Science. En este trabajo Furlong y Opfer analizan este efecto en el contexto de la versión iterada del dilema del prisionero. Como es sabido, en este juego dos participantes deciden independientemente si cooperan o traicionan al otro jugador. De resultas de dicha decisión, ambos jugadores reciben una recompensa R si ambos cooperan, un pequeño pago P si ambos traicionan, o -en caso de que uno coopere y el otro traicione- un premio suculento T (para el traidor) y una mínima cantidad S (para el cooperante). Estas cantidades verfican que T > R > P > S, y según la hipótesis de Rapoport y Chammah, la probabilidad de tración viene dictada por la relación T/R (intuitivamente, cuanto mayor sea esta relación, mayor es la tentación de traicionar).

La anterior relación es evidentemente independiente de la unidad en la que se expresen las recompensas, o lo que es lo mismo, es invariante ante multiplicación de todas las cantidades por un factor constante. Esto querría decir que la probabilidad de traicionar sería la misma si expresáramos el premio en euros o en céntimos. Sin embargo, esto ha sido disputado experimentalmente por Furlong y Opfer. En sus experimentos con jugadores humanos en dos escenarios económicamente equivalentes, uno expresado en dólares (R=$3, T=$5, S=$0, P=$1) y otro en centavos (R=¢300, T=¢500, S=¢0, P=¢100), el último dio lugar a una mayor tasa de cooperación (tanto individual como mutua), y a una menor latencia en perdonar las traiciones del oponente, en ambos casos con significatividad estadística. Para comprobar que no se trataba de una “querencia” hacia los centavos, sino que el factor relevante era la magnitud numérica, el experimento se repitió con dos escenarios adicionales: números pequeños en centavos (R=¢3, T=¢5, S=¢0, P=¢1) y números grandes en dólares (R=$300, T=$500, S=$0, P=$100). En este caso, no hay diferencia en las tasas de cooperación entre el caso R=¢3 y el caso R=$3, y sí las hay entre el caso R=$3 y el caso R=$300. La hipótesis de los autores es que el factor de tentación está determinado por la percepción logarítmica de las cantidades, de manera que aunque en el caso de usar dólares o centavos 5/3 = 500/300 (de acuero con el modelo de Rapoport y Chammah), ln(5)/ln(3) > ln(500)/ln(300), por lo que la probabilidad de traición es mayor en el primer caso.

Ellen E. Furlong and John E. Opfer / Psychological Science

Ellen E. Furlong and John E. Opfer / Psychological Science

Para verificar esta hipótesis realizaron nuevos experimentos con variantes de la matriz original (R=$3, T=$5, S=$0, P=$1) en la que se añade una constante aditiva (100, 1000) o multiplicativa (.001, .01). Como se aprecia en la figura superior, el modelo basado en la relación de los logaritmos se ajusta con gran precisión a los datos experimentales (tasa de cooperación en este caso), mientras que el modelo original no puede dar cuenta de los resultados.

Este tipo de estudios es sumamente interesante para llegar a entender la dinámica de los procesos de negociación y toma de decisiones del mundo real, y la percepción que se tiene de las cantidades manejadas ya sea por los actores involucrados o por el común de los mortales.

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Al Mal Tiempo, Postgrado

Posted by Carlos en octubre 7, 2008

Guess who's coming to grad school?

Tirando del saber popular, a la ilustración de la izquierda podríamos añadir “pan para hoy, y hambre para mañana”, y a la de la derecha “a buen hambre no hay pan duro”, lo que demuestra que no sólo es muy sabio el refranero, sino que además tiene miga. La correlación entre las fluctuaciones de la tasa de desempleo y la de inscripciones en estudios de postgrado es además ciertamente interesante (ρ=0.76 es un valor que sugiere una interrelación más que razonable).

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Bombillas fluorescentes: ¿es oro todo lo que reluce?

Posted by Carlos en marzo 2, 2007

A raíz de toda la preocupación pública que en los últimos tiempos se está suscitando en relación a las consecuencias de un cambio climático, se están sucediendo en los medios de comunicación diferentes mensajes concienciadores al respecto. La preocupación es legítima, por más que algunas de las cosas que oímos sean el chocolate del loro en términos energéticos, y busquen más la tranquilidad de conciencia que otra cosa. Pensemos por ejemplo en el caso de las bombillas domésticas. Se nos está transmitiendo el mensaje de que las bombillas fluorescentes compactas (BFC) son muy superiores en durabilidad y consumo a las bombillas incandescentes tradicionales (cosa que es cierta), y que por lo tanto es poco menos que absurdo seguir manteniendo estas últimas en casa. Este tema no es baladí: Australia va a ser el primer país democrático en el que se van a a promulgar leyes para sustituir las bombillas incandescentes tradicionales por BFC. Con ello se pretende reducir en 800,000 toneladas anuales la emisión de gases de efecto invernadero durante el periodo 2008-2012, alcanzando las 4 millones de toneladas para 2015.

Aunque lo anterior puede parecer una contribución remarcable al crecimiento sostenido, hay que poner esos números en perspectiva, y comprobar que únicamente las emisiones anuales de CO2 de Australia son de 603 millones de toneladas, lo que supone que la reducción perseguida está entre el 0.13% y el 0.66%. Por supuesto, si no hubiera ninguna otra variable en juego, no habría por qué despreciar este porcentaje, aunque sea ínfimo. Pero el caso es que sí las hay, y deben tenerse en cuenta antes de salir corriendo a la tienda a cambiar todas las bombillas de casa.

Empecemos por el espectro de emisión energética. En el caso del filamento de una bombilla incandescente, este espectro se ajusta muy bien a lo que se conoce como radiación de cuerpo negro. Este espectro de radiación (cuya explicación teórica fue la primera contribución de la mecánica cuántica) tiene una forma característica que depende de la temperatura del objeto incandescente. Por ejemplo, la energía que nos llega del Sol se ajusta a la de un cuerpo negro a 5780K, como muestra la figura inferior.

Sun blackbody radiation

En esta figura se muestra fundamentalmente la emisión en el espectro visible (entre 380 nm y 750 nm) , así como toda la banda ultravioleta y la parte superior del infrarrojo. En el caso de una bombilla incandescente, el filamento está a una temperatura de entre 2000K y 3300K, lo que corresponde al siguiente espectro:

Incandescent bulb blackbody radiation

Como puede verse, la mayor parte del espectro cae por el infrarrojo, es decir, mucha de la energía se disipa en forma de calor (lo cual, dicho sea de paso, no es necesariamente negativo si contribuye a elevar la temperatura de la estancia en un ambiente frío). El espectro resultante en el rango visible tiene por lo tanto el tono amarillento con el que estamos familiarizados. ¿Cómo es el espectro en el caso de una BFC? Depende del modelo, pero puede ser algo como lo siguiente:

Fluorescent lighting spectrum

No es nada que se parezca a un cuerpo negro, como puede apreciarse. Esto tiene consecuencias obvias en cómo percibimos la luz que nos proporcionan. A diferencia de la luz de las bombillas incandescentes (que atraviesan todo el espectro visible), este espectro concentra la energía fundamentalmente en unos cuantos picos, lo que resulta en una iluminación menos natural, que a veces podemos calificar como “fría”. Existen modelos que afinan la composición del espectro para ajustarla mejor a la de una bombilla incandescente, pero que pierden eficiencia energética en este empeño.

A lo anterior hay que añadir un segundo factor: el impacto ambiental. Aunque poco a poco va mejorando la tecnología, las BFC contienen trazas de metales pesados que las hacen muy contaminantes si no se desechan de manera apropiada. El reciclaje y post-procesamiento de las BFC supone por lo tanto un coste oculto que a veces no se tiene en cuenta a la hora de calcular la balanza económica de su uso. Es de esperar en cualquier caso que en el futuro la tecnología de fabricación siga mejorando, y permita reducir el potencial contaminante de estas bombillas.

A la luz (nunca mejor dicho) de todo esto, parece claro que la elección entre bombillas incandescentes y fluorescentes no es trivial, y debe tener en cuenta diversos factores, como por ejemplo el uso que se va a hacer de ellas. Una BFC puede ser perfecta para un pasillo, una cocina, o un cuarto de baño. Sin embargo, para una lámpara de lectura o una sala de estar puede ser mejor una bombilla incandescente que produzca una iluminación más confortable. Mientras tanto, la labor de los fabricantes ha de ser cubrir el hueco existente entre ambas alternativas, y aunar eficiencia energética plena, con seguridad ambiental e iluminación natural. Ahí es nada.

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¿Cuándo dejaremos de pagar lo mismo por ver cualquier película en el cine?

Posted by Carlos en diciembre 23, 2006

Si no pagamos lo mismo por 1 kg de jamón ibérico de pata negra que por 1 kg de jamón cocido, ¿por qué tenemos que pagar lo mismo para ver cualquier película en el cine? Esta cuestión, formulada aquí de manera un tanto simplista, pero no por ello menos realista, es la alguno quizás se habrá planteado alguna vez, y la que Barak Y. Orbach, profesor titular de Derecho de la Universidad de Arizona, ha analizado en un reciente artículo titulado

publicado en la revista Yale Journal on Regulation. El porqué de que los precios sean uniformes dentro de un mismo multicine es complejo. Cierto es que hay esquemas por los que ciertos días las entradas son más baratas para algunas películas, pero esto dista mucho de un escenario más abierto como podrían ser por ejemplo los espectáculos deportivos: ¿a alguien se le ocurriría que costara lo mismo una entrada para un Real Madrid-Barcelona, que para un Alcoyano-Gramanet (con todo el respeto para estos últimos equipos)? El Dr. Orbach apunta varias razones:

  1. Los espectadores pueden percibir cierta “injusticia” en la variabilidad de precios. La mayor parte de la recaudación se realiza durante el fin de semana, por lo que la ley de la oferta y la demanda dictaría mayores precios esos días. Sin embargo, el espectador pensaría -con parte de razón- que esa subida es una forma de sacar un beneficio injusto a su costa, y no contribuiría a fidelizar a la clientela.
  2. La incertidumbre en el éxito de una película. Hay que fijar un precio inicial, que puede ir al alza o a la baja después de la primera semana de exhibición. En caso de subida, podría producirse un efecto similar al descrito anteriormente, mientras que en caso de bajada, el espectador puede asociarlo con una posible baja calidad de la película, lo que no contribuiría a aumentar la asistencia a la misma.
  3. Relacionado con lo anterior, las diferencias de precio entre películas de diferente tipo podrían ser admisibles (nadie se escandalizaría de pagar más por ver “El Señor de los Anillos”, que por un drama sueco en versión original), pero se produciría una competición entre películas análogas, destinadas a segmentos similares del público (por ejemplo, “Antz” y “Bugs”). Nuevamente, la diferencia de precios podría asociarse con mejor/peor calidad y provocar una reducción drástica de asistencia (los economistas hablan de demanda inestable).
  4. La gestión de una política de precios variables sería complicada, tanto desde el punto de vista administrativo como logístico (la transacción en taquilla sería más larga, los sistemas de control en los multicines deberían ser más estrictos, …).
  5. Los objetivos de los productores, distribuidores y exhibidores son diferentes. Por ejemplo, al exhibidor le renta más el gasto en refrescos y chucherías, que el de taquilla (no porque el primero sea mayor, que podría serlo, sino porque del primero se lleva un porcentaje mucho mayor). Productores y distribuidores se mueven en un escenario diferente, en el que el ingreso es por espectador que entra a la película, y por lo tanto se oponen a la política de precios variables.

Como puede apreciarse, la situación es compleja, pero eso no quiere decir que sea justa. Se paga un precio alto por películas malas, y las entradas para las mejores películas se agotan antes por tener un precio bajo (alto o bajo en términos de calidad/precio). Quizás una política de precios totalmente abiertos sea demasiado costosa o compleja de implantar, pero como apunta el Dr. Orbarch, hay soluciones intermedias, como ajustar el precio a las variaciones estacionales de demanda.

Estacionalidad de la asistencia al cine en EE.UU.

Sin embargo, me temo que hay demasiados intereses cruzados como para que la cosa varíe a corto o incluso medio plazo.

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