La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archivos de la categoría ‘Time-Travel’

Cuando las pistolas fallan a pares

Publicado por Carlos en marzo 20, 2010

Holy Smokes!

La historia reseñada por T-Rex es verídica. Andrew Jackson fue el séptimo presidente de los EE.UU. y su mandato abarcó de 1829 a 1837. El 30 de enero de 1835 tuvo lugar lo que sería el primer intento de atentado contra un presidente estadounidense, y al alimón el primer intento frustrado. Richard Lawrence, un pintor perturbado (se especula que fue la exposición a los productos químicos de la pintura lo que le condujo o al menos agravó su estado mental) se plantó cara a cara frente al presidente y le disparó a bocajarro. La bala detonó, pero no fue expulsada del arma, por lo que Lawrence se apresuró a sacar una segunda pistola y volvió a disparar… con idéntico resultado. Lawrence fue reducido y llevado a juicio (en el que sería declarado no culpable por trastorno mental). La explicación oficial fue que la humedad causó el doble fallo, aunque quién sabe, quizás algún día averigüemos que fue un intrépido viajero temporal el que saboteó las pistolas del frustrado magnicida.

Y ya que hablamos de doble fallo de pistolas, nada mejor que recordar a Bob el Inglés, el “Duque/Pato de la Muerte”, y su memorable enfrentamiento con Corky “Dos Pistolas” Corcoran:

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Viajar por el (espacio-)tiempo, o cómo Marty McFly no fue el primer hombre en el espacio

Publicado por Carlos en marzo 11, 2009

Hace unos meses teníamos ocasión de celebrar el primer centenario del nacimiento del concepto de espacio-tiempo, y aprovechando la efemérides hablamos un poco acerca de la geometría minkowskiana, y de cómo nos permite entender de manera muy intuitiva las aparentes paradojas que nuestra arraigada concepción del espacio y del tiempo como entes separados y absolutos provoca en el contexto relativista. Viene esto a cuento de una viñeta que Fernando, fiel lector del blog, me ha remitido (¡gracias, Fernando!). He aquí la viñeta, obra de Juan Lao, del blog Imageeknation (por cierto, un blog gráfico muy divertido y recomendable):

Juan Lao Tebar / Imageeknation

Juan Lao Tebar / Imageeknation

Esta viñeta está muy bien traída, y permite ilustrar la aparente futilidad que el viaje en el tiempo tendría en un universo newtoniano, con su espacio y su tiempo separados y absolutos. Recordemos en este sentido la versión cinematográfica (la de 1960) de “La máquina del tiempo” de H.G. Wells, en la que Rod Taylor se encuentra atrapado en el futuro tras unas compuertas que lo separan de los Eloi. Este problema lo soluciona volviendo a su tiempo en el s. XIX, desplazando unos metros la máquina del tiempo y regresando al futuro para presumiblemente aparecer esta vez detrás de la compuerta. En un contexto como éste cabe hacer una objección como la ilustrada anteriormente: la Tierra gira mientras orbita en torno al Sol, que a su vez orbita en torno al centro galáctico, que a su vez se dirige junto con toda la galaxia hacia el Gran Atractor, etc. En ese espacio absoluto, el punto ocupado por la máquina del tiempo en el instante absoluto t podría corresponder con el vacío espacial (o con el interior del Sol, o …) en el instante t‘. Este factor debería ser tenido en cuenta por el viajero temporal o su aventura acabaría de mala manera. Debería viajar entonces en el espacio y en el tiempo.

La situación en el marco relativista nos ahorra esta consideración. No existe un espacio y un tiempo absolutos y separados: cada observador percibe un espacio y un tiempo, que serán una mezcla del espacio y el tiempo percibido por un observador en movimiento relativo al anterior. Esto quiere decir que cualquier desplazamiento de tipo tiempo (recordemos, aquél en el que el intervalo espacio-temporal es s2<0) será percibido por algún observador como movimiento únicamente en su tiempo, mientras que los demás percibirán un movimiento en su tiempo y su espacio. Dicho de otra forma, en términos de nuestro héroe Marty McFly no existe una forma absoluta de determinar si se ha movido sólo por el tiempo, o si lo ha hecho también (y cuánto) por el espacio ya que espacio y tiempo dependen del observador. Podemos suponer que el condensador de flujo ajusta la trayectoria de manera que se recorra la línea de universo del punto de la superficie de la Tierra de donde parte el viaje temporal, y así depositar a Marty sano y salvo en su destino. Como decía Doc, el viaje en el tiempo es muy peligroso, por lo que es mejor dedicarse al otro gran misterio del Universo.

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Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Publicado por Carlos en octubre 28, 2008

Al hilo del último apunte en el que veíamos cómo la noción de simultaneidad es relativa y depende del observador, vamos a centrarnos ahora en la relación entre la velocidad de la luz y los viajes en el tiempo. Concretamente vamos a ver por qué superar la velocidad de la luz supone un viaje hacia atrás en el tiempo. En primer lugar, hay que insistir en que al referirnos a la velocidad de la luz estamos indicando la constante física c, que indica la velocidad -medida localmente por cualquier observador- a la que partículas sin masa se desplazan por el vacío. Esto es, ni se trata de ser más rápido que la luz en un medio material cualquiera, ni los fotones tienen algo especial a los efectos que nos ocupan que no tengan otras partículas sin masa.

Dicho esto, lo primero que hay que preguntarse cuando se habla de superar la velocidad de la luz es en qué sistema de referencia se mide dicha velocidad. No hay sistemas de referencia absolutos, por lo que la medición de velocidad no tiene sentido si no se da esa información adicional. A partir de ahí, podemos analizar qué efecto tendría ese desplazamiento a velocidad superlumínica en otros sistemas de referencia en movimiento relativo con el primero. Vamos a verlo con un experimento mental: estamos en la final de la Copa Davis entre Argentina y España, y el equipo local lo ha preparado todo para un juego rápido: pista de moqueta sintética y pelotas de taquiones. Estas pelotas tienen la propiedad de poder superar la velocidad de la luz en el sistema de referencia de la raqueta que las golpea. En el primer partido tenemos a Del Potro al servicio, y a Nadal al resto. En previsión del saque que se avecina, Nadal retrocede a velocidad v. Del Potro se dispone a sacar, bota la pelota, y … punto para Rafa Nadal. Veámoslo en un diagrama:

Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Nadal y Del Potro juegan al tenis con taquiones

Vamos a suponer por simplicidad que la velocidad de la pelota taquiónica es infinita en el marco de referencia de la raqueta, es decir, llega a su destino instantáneamente. El saque de Del Potro es el evento A, simultáneo en su sistema de referencia con el evento B (la pelota llega a Nadal). Este devuelve la bola a velocidad infinita en su propio sistema de referencia, con lo que llega a Del Potro (evento C) ¡antes de que éste hubiera realizado el saque! De manera cuantitativa: Del Potro saca en el instante t según su reloj, y Nadal recibe la pelota en ese mismo momento según el primero. Dado que según Del Potro Nadal está en movimiento y el tiempo avanza más lentamente para él, cuando para el primero han pasado t segundos para Nadal han transcurrido t‘=t/γ. Nadal está de acuerdo en que recibe la pelota y devuelve el resto en t‘=t/γ, y puede razonar de manera simétrica para determinar cuándo llega la pelota del vuelta a Del Potro, ya que para él es este último el que se mueve. Así cuando en el reloj de Nadal es t‘=t/γ, para Del Potro han pasado t”=t‘/γ=t2<t segundos. Por lo tanto, su resto llega a Del Potro antes de que éste sacara.

Añadamos a esto que si la sorpresa de recibir el resto impide a Del Potro realizar el saque, acabamos de construir una paradoja temporal, de esas que tanto nos dan que pensar. El corolario sería que hay que jugar en tierra batida con pelotas ordinarias para evitar que el espacio-tiempo colapse, pero nos desviamos del tema. Este retroceso en el tiempo desde el punto de vista de algunos observadores es inevitable cuando se produce influencia causal entre dos eventos A y B con separación de tipo espacio, ya que hay sistemas de referencia en los que A es anterior a B y viceversa (además de sistemas de referencia en los que A y B son simultáneos). No se trata de ningún tipo de efecto visual debido al desplazamiento superlumínico, sino de una genuina inversión cronológica, que no sólo puede hacer que en un cierto sistema de referencia el efecto anteceda a la causa, sino que podría dar lugar a que el observador interfiriera con esta última después de producido el efecto, abriendo la puerta a paradojas causales. En el marco de la relatividad especial no es posible en cualquier caso construir líneas de universo de tipo espacio, por lo que este tipo de paradojas estaría excluido. Las cosas no son sin embargo tan simples si nos movemos a la relatividad general, pero eso es ya otra guerra.

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“Timelike Infinity” de Stephen Baxter

Publicado por Carlos en agosto 21, 2008

Timelike Infinity es el punto de entrada (o quizás podríamos decir el carril de aceleración) para la secuencia Xeelee, y una de las más brillantes obras de Stephen Baxter. El propio nombre de la novela es toda una declaración de intenciones del autor: el infinito de tipo tiempo es una de las tres condiciones de contorno de Cauchy de un universo abierto como el nuestro, y representa a los eventos en el futuro infinitamente remoto del observador (las otras dos condiciones de contorno de Cauchy serían el Big Bang inicial, y el infinito de tipo espacio). Nos hallamos pues ante una trama con pretensiones de magnitud cósmica, tanto en los objetivos de los personajes como de la secuencia temporal en la que se desarrolla la historia.

La narración comienza en la Tierra de dentro de unos 3200 años. En esa época la raza humana se haya sometida por una especie alienígena, los Qax. No es la primera vez que una ocupación de este tipo ha tenido lugar desde que allá por el año 3000 DC se desarrollaran los motores GUT y la tecnología de agujeros de gusano, la Humanidad se expandiera por el Sistema Solar y se empezara la exploración interestelar. El primer contacto con una raza alienígena -los Squeem- se produjo unos 400 años antes de la ocupación Qax, y el resultado fue nefasto a corto plazo: los Squeem sometieron a la Humanidad, aunque finalmente su dominio fue vencido. En este proceso se obtuvo el acceso a hipermotores (tecnología que al parecer los propios Squeem habían obtenido de los fabulosos Xeelee), lo que facilito una rápida segunda expansión humana. Dicha expansión se vio frenada en seco al entablar contacto con los Qax, y volver al estado de ocupación. En este caso, las perspectivas de futuro son sin embargo mucho más oscuras: los Qax han convertido la Tierra en una gigantesca biofactoría, con granjas de plancton a lo largo de todas las costas, y han proscrito el acceso a la tecnología avanzada desarrollada por el hombre (incluyendo los métodos de anti-senescencia que permitían alargar enormemente la vida).

Todo empieza cuando Jasoft Parz, una suerte de embajador humano, es convocado por el gobernador Qax. La reunión tiene lugar en un spline, una criatura viva y semi-sintiente adaptada para el viaje interestelar, y en ella el gobernador cuestiona a Parz sobre la llegada al Sistema Solar de una antigua nave terrestre. Se trata de la Cauchy, una nave que fue lanzada como parte del Proyecto Interfaz 1500 años antes en una trayectoria circular a velocidades relativistas. Su preciada carga es una de las bocas de un agujero de gusano, que por mor de la dilatación temporal sólo ha experimentado 100 años de tiempo propio. Esto significa que constituye una puerta temporal 14 siglos al pasado. Más aún, el gobernador informa a Parz de que otra nave terrestre, burlando todos los controles y empleando tecnología prohibida, ha despegado de la Tierra y ha atravesado el agujero de gusano. El Qax se halla totalmente fuera de juego y es incapaz de determinar una línea de acción, por lo que solicita consejo a Parz. Al no recibir información de utilidad de éste, finalmente decide crear otro agujero de gusano que conecte su presente con cinco siglos en el futuro, para de esta forma recibir ayuda de él mismo o de sus congéneres de dicha época. En el momento en que esta puerta temporal está lista, de ella emerge uno de los míticos nightfighters de los Xeelee, tripulado por un Qax. Éste les informa de los desastrosos resultados del viaje temporal de los humanos, y castiga al gobernador Qax por su incompetencia. Asimismo, comunica que una flota debe viajar a través del primer agujero de gusano para aplastar a la raza humana en el pasado. Dicha flota está compuesta por dos splines, y Jasoft Parz debe ir también, como parte de la humillación final para la Humanidad.

En la Tierra del año 3800 DC, Michael Poole -el ingeniero del proyecto Interfaz- recibe noticias de que una nave ha emergido del interfaz en Júpiter, aunque no se trata de la Cauchy. La única transmisión de radio de esta nave solicita su presencia, por lo que a pesar de su reticencia inicial, se desplaza a Júpiter desde su retiro en el Cinturón de Kuiper en compañía de Harry, una simulación informática de su padre. El mensaje fue enviado por Miriam Berg, antigua compañera sentimental de Poole y la única componente de la tripulación de la Cauchy que está a bordo de la astronave. El resto de ocupantes de esta nave son miembros del grupo encubierto que organizó su construcción y lanzamiento a través del interfaz. Dicho grupo se autodenomina los “Amigos de Wigner”, en referencia al experimento mental propuesto por el físico Eugene P. Wigner en el s. XX. Aunque su objetivo final es la salvación de la Humanidad, no muestran el menor interés en advertir a la Tierra de lo que se avecina en el futuro. Su plan -que se niegan a desvelar a Poole o a Berg- se basa en una interpretación radical de los postulados de Wigner, y es de una escala muchísimo mayor, tanto que cualquier sacrificio estaría justificado. Los eventos se precipitarán cuando desde la interfaz emerjan los splines Qax de 1400 años en el futuro dispuestos a acabar con la civilización humana.

Timelike Infinity es una novela brillante que conjuga satisfactoriamente elementos de space opera, viajes en el tiempo, y ciencia ficción hard. De hecho, uno de los grandes logros de Baxter en esta obra es encontrar un equilibrio entre la historia “local”, descrita y concluida de manera autocontenida (con algunos detalles ciertamente imaginativos, tales como la descripción física de los Qax, seres increíblemente frágiles físicamente y sin embargo de longevidad potencialmente indefinida), y la historia “global”, ese Universo en el que se desarrollan acontecimientos de escala inimaginable de los que los Xeelee son protagonistas. En este sentido, se introducen diferentes pinceladas sobre la gran obra de ingeniería cósmica de los Xeelee -el Anillo- y sobre el destino final del Universo, que hacen realmente volar la imaginación. Estos aspectos serán tratados en detalle en Ring,la impresionante conclusión (en el sentido cronológico) de la secuencia Xeelee.

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“Starplex” de Robert J. Sawyer

Publicado por Carlos en diciembre 26, 2007

StarplexRobert J. Sawyer es uno de los valores seguros de la ciencia-ficción hard actual. Últimamente había leído cuatro obras suyas (End of a Era, Calculating God, Flashforward, Iterations), y todas me dejaron una buena impresión, tanto por su talento imaginativo (Iterations por ejemplo es una colección de relatos cortos que contiene algunas gemas notables), como por el cuidado de los detalles científicos, y por algunos de los temas recurrentes en sus novelas (dinosaurios, racionalismo, inmortalidad, …). Starplex, la novela que nos ocupa no es una excepción en este sentido.

El punto de partida de Starplex es la existencia de una red de “atajos” similares a agujeros de gusano que permiten desplazarse por la galaxia (en realidad no se trata de agujeros de gusano al uso, ya que las bocas de entrada/salida tienen una complicada interconexión múltiple, y existe un cierto hiperespacio que les da soporte). Esa red de pasarelas cósmicas fue construida -tópico al canto- por una civilización de la que no se tiene noticia alguna, y tiene una curiosa característica: no se puede emplear una cierta pasarela como salida hasta que no haya sido empleada antes como entrada. De esta forma, una zona de la galaxia no se abre al resto de la misma hasta que no hay una especie inteligente que desarrolla la tecnología del viaje espacial y atraviesa su pasarela local por primera vez (reminiscencias aquí del concepto del Centinela de Arthur C. Clarke). En el momento en el que la raza humana alcanza su pasarela más cercana, ésta se abre a las dos otras civilizaciones que parecen existir: los Waldahuds y los Ibs (hay una cuarta inteligencia, pero también terrestre, los delfines). Tras el contacto se pone en marcha una Commonwealth de planetas, al más puro estilo Star Trek. De hecho, los Waldahuds tienen mucho del carácter agresivo de los Klingon (aunque el físico no les acompaña, ya que son una especie de mamíferos hexápodos achaparrados, similares a cerdos), y los Ibs son fríos y calculadores como los Vulcanianos. Los Ibs están particularmente bien conseguidos: se trata de seres gestalt, constituidos a partir de la simbiosis de seis organismos diferentes (con distintos grados de inteligencia, desde el completo intelecto racional al puro instinto).

El desarrollo de la historia se divide en dos hilos separados que al final convergen. En la primera vemos las vicisitudes de la nave Starplex cuando atraviesan una de las pasarelas y llegan a una región inexplorada de la galaxia. En ella encontrarán sorpresa tras sorpresa, cada cuál mayor. Se establecerá contacto con una especie alienígena realmente exótica (los darmats) cuyos orígenes se remontan al Universo primordial, y se empezarán a revelar aspectos de una historia de escala cósmica que se extiende durante miles de millones de años. La difícil relación entre humanos y Waldahuds (en la nave y fuera de ella) llevará a una escalada de tensión en los acontecimientos y a una posible guerra. El segundo hilo comienza también el principio del libro, pero cronológicamente empieza en el punto intermedio de la trama anterior, y salta a través del tiempo al futuro profundo. El protagonista (que hace doblete en ambos hilos) entabla contacto con los constructores de la red de pasarelas, y se nos van desgranando detalles que nos ayudarán a recomponer el puzzle final.

Como decía anteriormente, hay aspectos en Starplex que ya aparecieron en otras novelas anteriores (la posible inmortalidad, el papel del observador consciente en la mecánica cuántica, o el principio antrópico por ejemplo), pero las situaciones y el rol de los mismos mantiene cierta originalidad. A fuer de ser sinceros, comencé a leer la novela con algo de escepticismo, debido a algunas críticas no muy positivas que había leído. Sin embargo, la impresión final ha sido bastante positiva. La historia es entretenida, tiene escala cósmica, y la revelación final sobre la razón de los acontecimientos es interesante. End of a Era sigue siendo mi novela favorita de Sawyer, pero ésta no está nada mal.

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Viajes en el tiempo, paradojas causales, bolas de billar, y el principio de correspondencia

Publicado por Carlos en mayo 4, 2007

Light coneLos viajes en el tiempo (hacia atrás en el tiempo, se sobreentiende) han sido siempre una cuestión fascinante, ya sea como recurso argumental en la ciencia-ficción, como rompecabezas lógico, o como tema de estudio en el ámbito de la física o de la filosofía. Uno de los elementos más interesantes de los mismos es la aparición de “paradojas”, situaciones en las que surge una contradicción causal o una incoherencia ontológica. Un ejemplo del primer tipo es la célebre paradoja del abuelo, en la que un viajero del tiempo se traslada al pasado e impide que sus abuelos se conozcan, por lo que su propia existencia no será posible en el futuro (con lo que es imposible que viajara al pasado a impedir que sus abuelos se conocieran). En cuanto al segundo tipo, un ejemplo canónico es aquel en el que alguien viaja al pasado con un ejemplar del Quijote y se lo da a Cervantes, que lo publica como obra suya (con lo que surge la cuestión de quién escribió realmente la obra). En relación a este último tipo de paradoja, puede ser divertido leer el relato corto de ciencia-ficción Gu ta gutarrak (nosotros y los nuestros), de la escritora argentina Magdalena Louján.

Este tipo de situaciones auto-inconsistentes las podemos interpretar como refutación por reducción al absurdo de algunas de nuestras suposiciones de partida. Lo complejo es determinar cuál o cuáles. Por ejemplo, la paradoja del abuelo se puede resolver si se considera la interpretación de los múltiples universos de la mecánica cuántica, y se asume entonces que el viajero en el tiempo provoca la creación de un universo alternativo. Esto supone también que cada viaje en el tiempo es un camino sin retorno al universo original. Si preferimos una solución más “económica” que no conlleve una infinitud de universos paralelos, debemos buscar explicaciones alternativas a este tipo de paradojas. En el contexto de la paradoja del abuelo, una explicación alternativa es imponer límites al libre albedrío, impidiendo que el viajero del tiempo pueda realizar acciones que causen una paradoja.

Aunque la consideración del libre albedrío es muy interesante, y da para un profundo análisis filosófico, la realidad es que no supone una solución plena a la paradoja, ya que ésta puede producirse en ausencia de entes conscientes. El ejemplo más popular lo constituye la paradoja de Polchinski, en la que intervienen bolas de billar. Concretamente, podemos imaginar un túnel del tiempo (esto es, un agujero de gusano), tal que todo lo que entra por una de sus bocas sale X segundos en el pasado por la otra. Si tenemos una situación como la descrita en la figura inferior (a), vemos como una bola de billar se dirige hacia una de las bocas, entra en ella y sale por la otra en su pasado, de manera que choca con ella misma e impide que entre por la boca inicial. Nuevamente tenemos una paradoja causal.

Polchinski paradox
Credit: Echeverría et al., Phys Rev D 44(4):1077-1099, 1991

Esta paradoja fue analizada por F. Echeverria, G. Klinkhammer, y Kip Thorne en un artículo titulado

publicado en Physical Review D (la imagen anterior está tomada de dicho artículo). En dicho trabajo, los autores muestran que con la misma configuración problemática de partida hay soluciones auto-consistentes, tal como la mostrada en la figura superior (b): la bola inicial no iba directa hacia el agujero de gusano, pero su yo futuro choca con ella y la desvía lo justo para que entre en el túnel del tiempo, con lo que sale por la otra boca en el pasado de la manera precisa para chocar consigo misma. Hay otras posibles formas en las que los choques se pueden producir resultando en una situación globalmente consistente. Cada una tiene una probabilidad (y la suma de ésta para todas las situaciones consistentes es 1), y cada vez que se observe el suceso tendrá lugar una de las mismas con la probabilidad correspondiente.

La anterior explicación es una reformulación del principio de autoconsistencia de Novikov, según el cual la probabilidad de cualquier evento paradójico es cero. Esto conlleva que pasado y futuro están entrelazados, y en cierto sentido puede decirse que nuestra percepción de un flujo temporal es sólo una ilusión, una simple visión parcial del espacio-tiempo en bloque. Esto que puede ser más o menos aceptable a nivel cuántico, un mundo muy alejado de nuestra intuición, se hace más problemático sin embargo al pasar a nivel macroscópico. Esto lo podemos ver con un experimento mental que ha diseñado Florin Moldoveanu, del Intituto Nacional de Física e Ingeniería Nuclear de Rumanía, en un trabajo titulado

(¡gracias Villa por el enlace!). El experimento es similar al de Polchinski, pero se supone que las bolas de billar tienen un explosivo en su interior, o en su defecto, que están formadas por dos mitades unidas por un material frágil que se rompe cuando se recibe un impacto por encima de cierta energía. Si realizamos el experimento anterior con bolas a baja velocidad, se producirá una secuencia de eventos auto-consistentes, pero ¿qué pasa cuando se supera justo el umbral de energía que hace que la bola se rompa? Moldoveanu considera tres posibilidades:

  1. La bola se parte, y ninguno de sus pedazos entra por el agujero de gusano.
  2. Sólo una de las mitades entra en el agujero.
  3. La bola no se rompe.

En el primer caso tenemos claramente una situación paradójica, por lo que la podemos excluir. En el segundo caso, la media bola que entra por el agujero tendrá -dice Moldoveanu- menos energía que la bola entera original, por lo que la colisión posterior no podrá romperla, y se producirá una nueva paradoja. En el tercer caso, las bolas superarían el umbral de energía de impacto sin romperse. Como el razonamiento anterior es independiente de la energía de impacto necesaria para romper las bolas, se sigue que sea cual sea ésta nunca se van a romper. Las bolas de billar deberán tener entonces resistencia infinita, lo que no es posible físicamente. Si el principio de correspondencia es válido, y las propiedades macroscópicas emanan del comportamiento cuántico, este infinito clásico implica que no hay ninguna teoría cuántica renormalizable si se permiten viajes hacia atrás en el tiempo.

El argumento de Moldoveanu tiene un punto débil: en el caso 2 una de las mitades puede quedarse con la energía y momento necesario para romper luego la bola; esta energía se la daría su yo futuro al colisionar. ¿Y de dónde sacaría esa versión futura la energía necesaria? Dejando de lado explicaciones exóticas, la posibilidad más simple es que sea el agujero de gusano el que ceda esa energía para crear la media bola del futuro e imprimirle la velocidad necesaria, y luego la recupere al introducirse la mitad original por la boca de entrada. Como decía Sherlock Holmes, cuando se elimina lo imposible lo que queda -por improbable que parezca- debe ser la verdad.

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“The Last Mimzy”: Viajes en el tiempo, artefactos del futuro, y el Jabberwocky

Publicado por Carlos en marzo 10, 2007

Poster The Last MimzyThe future is trying to tell us something

Una de las películas a la que habrá que seguir la pista con vistas a su próximo estreno este año es “The Last Mimzy“. Se trata de una película basada en un relato clásico de ciencia-ficción de Lewis Padgett, cuya trama gira en torno a dos niños que descubren una caja con extraños objetos en su interior. Estos objetos son considerados como juguetes por los niños, cosa razonable ya que entre los mismos se encuentra un conejo de peluche. Sin embargo, a medida que juegan con estos artefactos, algo extraño comienza a suceder a los niños: su inteligencia se acrecenta cada vez más, alcanzando niveles de genios, e incluso comienzan a desarrollar habilidades telekinéticas. Más aún, uno de los niños afirma que el conejito -Mimzy- habla, le instruye, y que trae un importante mensaje del futuro. Mimzy es entonces sometido a un profundo análisis científico que revela que su estructura contiene elementos electrónicos y orgánicos cuya tecnología escapa a nuestra comprensión (como nota curiosa, Brian Greene -físico bien conocido por su labor divulgativa en relación a la teoría de cuerdas- hace un cameo como parte del equipo de científicos que examina a Mimzy).

Aunque muchos de los temas antes mencionados pueden parecer poco originales (es fácil encontrar analogías entre algunos aspectos de “The Last Mimzy” y otras películas como “Jumanji”, “Phenomenon”, “El pueblo de los malditos”, …) hay que tener en cuenta que la película se inspira directamente en un relato de 1943. Dicho relato se titula “Mimsy were the borogoves“, de Lewis Padgett (pseudónimo del matrimonio formado por Henry Kuttner y C. L. Moore) y toma el nombre de uno de los versos del poema “Jabberwocky” de Lewis Carroll. Este poema es célebre por contener un gran número de palabras inventadas por su autor, frecuentemente a través de la fusión de diferentes términos. Así, la palabra mimsy se interpreta como la unión de miserable y flimsy, por lo que vendría a significar en este caso algo así como “triste y débil” o “delgado y abatido”. Traducir esto al español es complejo, y diferentes autores han usado diferentes neologismos: misébiles, debiliranas, debilmíseros, debirables, etc. El propio término jabberwocky (que representa a un monstruo) ha tenido también traducciones variopintas, tales como chacaloco, dragobán, galimatazo, jerigóndor, flabistanón, etc. En cuanto a borogoves, representa a un pájaro delgado, de aspecto desaliñado, y con plumas erizadas.

El poema de Lewis Carroll describe como un joven lucha contra el jabberwocky, y lo vence gracias a su espada vorpal. En el relato de Lewis Padgett, este poema se interpreta como una fórmula matemática que fue escrita por la propia Alicia, y que le permite viajar a realidades alternativas. Dicha fórmula le fue a su vez revelada a Alicia a través de un juguete del futuro… Habrá que esperar al estreno para ver si la adaptación de estas ideas ha sido satisfactoria. El trailer (ver abajo) apunta buenas maneras, y recomiendo visitar la página web de la película, muy bien diseñada, con una ambientación musical buena, y con información interesante sobre la película.

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