La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

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“Signal to Noise” de Eric S. Nylund

Publicado por Carlos en febrero 4, 2011

'Signal to Noise' de Eric S. Nylund“Signal to Noise” fue en 1998 el debut en la ciencia ficción de Eric S. Nylund, novelista estadounidense nacido en 1964 y conocido por sus novelas ambientadas en el universo de Halo, el celebérrimo videojuego. Se trata de una novela que conjuga elementos de cyberpunk (o hyperpunk, como la mercadotecnia editorial quiso promocionar), primer contacto, y en menor medida, ciencia ficción dura, y que nos envuelve en una trama llena de intriga y tecnología, no exenta de crítica socio-económica.

La novela se desarrolla en un futuro cercano. A principios del siglo XXI un megaterremoto sacudió no sólo la corteza terrestre sino los propios cimientos de nuestra sociedad actual. El estado de desastre causado por el temblor y los tsunamis que le siguieron pusieron al borde del colapso las estructuras de gobierno de las naciones de la Tierra. La reconstrucción se produjo a través de la emergencia de ciudades-estado, pequeños imperios que absorbieron los recursos de las regiones circundantes, se dotarón de legislación, y presionaron a los gobiernos para obtener una mayor autonomía. La actividad económica dirigía el funcionamiento de estas ciudades, controladas por mega-corporaciones. Para proteger su situación dominante, estas mega-corporaciones crearon la Oficina de Control Corporativo (CCO por sus siglas en inglés). La CCO de cada ciudad controla quién accede al mercado global, y cada empresa que desea incorporarse a la misma debe pasar por un largo proceso burocrático que pocas sobreviven.

A nivel social nos encontramos asimismo con un entorno igualmente competitivo. El sistema educativo público ejerce una enorme presión selectiva sobre los estudiantes, de los cuales sólo una pequeña parte va pasando de curso (y el curso en el que te quedes determinará el trabajo que realices y en último extremo tu posición social). El protagonista de la historia es Jack Potter, un informático que logró superar el último curso (gracias a su valía intelectual y a su capacidad de infiltrarse en computadores para allanarse el camino) y entrar en la Academia, una élite universitaria dedicada a la investigación. Jack está especializado en criptografía y anhela obtener una posición permanente en la Academia. Mientras no lo consiga debe encargarse de obtener fondos para su investigación vendiendo sus servicios al mejor postor (y no siempre para cosas legales).

La historia arranca cuando Jack Potter llega un día a su oficina y la encuentra precintada por la NSO, la Oficina de Seguridad Nacional de los EE.UU., una agencia que combina aspectos de la NSA, el FBI y la CIA, y que ejerce un poder casi omnimodo sobre la sociedad. Jack es interrogado por DeMitri, un agente de la NSO que sondea su mente en busca de información sobre el allanamiento que ha tenido lugar en la oficina. La situación de Jack no es fácil debido a que sus padres desertaron a China (el nuevo oponente de los EE.UU. en ese mundo bipolar) cuando éste era pequeño, y su tio Reno está en búsqueda y captura por ser espía chino. Jack no puede sin embargo dar una explicación de por qué alguien querría entrar en su oficina. Su trabajo se centra en refutar los métodos criptográficos de Brunner, otro investigador de la Academia que compite con él por la plaza permanente, pero al que no considera responsable del allanamiento. Tras el interrogatorio Jack entra por fin a su oficina y se reune con Isabel, una compañera de la Academia especializada en datapaleología a la que le cuenta los resultados de su investigación: convencido de que los métodos criptográficos comúnmente empleados son tan retorcidos que serían capaces de encontrar señales donde sólo hay ruido, Jack los ha aplicado a un gran conjunto de datos de ruido natural (espectros de nebulosas, señales de púlsares, variaciones del fondo de microondas, …), y efectivamente ha encontrado patrones; para su sorpresa el patrón es sin embargo una señal cíclica que se repite en todas esas fuentes inconexas entre sí. Con la ayuda de Isabel logra eventualmente descifrar dicha señal: se trata de un esquema electrónico de propósito desconocido. La trama se complica cuando Jack recibe la visita sorpresa en su apartamento de Reno, efectivamente un agente chino que tras drogar a Jack le implanta un dispositivo en el cerebro. Dicho dispositivo es mucho más sofisticado que el implante que Jack y otros miembros de la elite ya tienen para poder interactuar con las “burbujas” (sistemas informáticos dotados de una interfaz de realidad virtual completamente inmersiva). Además de amenazar con freirle el cerebro, el nuevo implante le permite a Jack descubrir que las cosas no son como el pensaba en la Academia, ni con respecto a la historia que le contaron sobre sus padres.

Con todo, el evento más importante tiene lugar cuando consigue hacer funcionar el circuito electrónico codificado en la señal. Dicho dispositivo resulta ser un dispositivo de comunicación FTL a través del cuál recibe el saludo de un alienígena que se identifica como Wheeler, que dice provenir de Canopus, y que está interesado en comerciar con información. En esa primera transacción Jack le ofrece información sobre el ADN humano, y Wheeler le proporciona una enzima capaz de optimizar el ADN. Esta enzima es enormemente valiosa, por lo que Jack, Zero -un  genetista amigo de Jack- e Isabel, deciden comercializarla e intentar incorporarse a la CCO. La NSO les pisa sin embargo los talones y finalmente deben huir de EE.UU. a Holanda. A pesar de ello, Jack no deja de ser acosado ni por la NSO, ni por agentes chinos. El cambio de personalidad de Isabel una vez que toma la enzima contribuye a acrecentar la paranoia de Jack, que no sabe en quién confiar. En una nueva transacción con Wheeler obtiene un dispositivo cuántico que -no sin dificultad- consigue hacer funcionar. Éste resulta ser un decodificador con el que puede acceder a otras señales en el ruido, y a través de él contacta con unos alienígenas con los que intercambia el diseño del dispositivo por un tratado matemático. A diferencia del amistoso Wheeler, estos alienígenas se muestran enormemente recelosos y reacios a dar cualquier información sobre ellos y su posición. ¿De qué tendrán miedo? Poco a poco descubrirá el motivo, y cómo toda la manipulación a la que está siendo sometido por las potencias terrestres no es nada frente a la agenda oculta de Wheeler…

Como comentaba al principio, estamos ante una novela que durante una gran parte de la narración nos ofrece una historia de acción, intriga y espionaje con ingredientes de ciencia ficción y una sociedad distópica de fondo. A medida que se desarrollan los acontecimientos el elemento de ciencia ficción es cada vez más dominante hasta acabar en un clímax de enorme intensidad en el que la supervivencia de la Tierra está en juego. Nylund tiene un grado en química y un máster en física, y aprovecha su formación para trufar de detalles la descripción científica de los diversos elementos que aparecen en la trama. Aparte de ello, subyace en la historia una critica a una versión radical y deshumanizada del libre comercio. El personaje principal está descrito con gran riqueza, y nos es fácil tanto empatizar con él como comenzar a detestar a sus múltiples oponentes por el egoísmo de estos (y en el caso de Wheeler por más cosas). En conjunto, una novela muy recomendable.

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“Dentro del Leviatán” de Richard Paul Russo

Publicado por Carlos en diciembre 28, 2010

Dentro del Leviatán (Richard Paul Russo)Richard Paul Russo (al que no hay que confundir con el también novelista Richard Russo) es un escritor estadounidense de ciencia ficción nacido en 1954. Aunque en los últimos años no se ha prodigado en exceso (más allá de algunos relatos cortos), en su haber tiene el ser ganador en dos ocasiones del premio Philip K. Dick, la primera vez con su novela Subterranean Gallery en 1989 y la segunda vez en 2001 con la novela que nos ocupa, “Dentro del Leviatan”. Este título es una traducción de aquél con el que se publicó la novela en el Reino Unido (Unto Leviathan), distinto del original Ship of Fools (“La nave de los locos” es de hecho el título de la tercera y última parte en las que se divide la novela). Esta elección es acertada, ya que -a pesar de la carga alegórica del original- el título británico resulta mucho más evocador y captura mejor la atmósfera inquietante del libro, haciendo referencia directa a uno de los temas subyacentes a la historia: el Mal.

La historia se nos muestra en todo momento en primera persona a través de Bartolomeo Aguilera, asesor de Nikos Costa, a la sazón capitán de la Argonos, una gigantesca astronave generacional. A bordo de la Argonos viven miles de personas organizadas en una rígida estructura social de dos niveles (tanto alegóricamente como por su situación física en la nave): los inferiores, encargados de las tareas manuales más duras, y los superiores, que conforman una suerte de aristocracia y que controlan los destinos de la nave. Esta última clase, a la que pertenece Bartolomeo, no es sin embargo monolítica: dentro de la misma se encuentran los diferentes miembros de la tripulación y la capitanía, los historiadores, y sobre todo la Iglesia. Esta última juega un papel central en la vida de la nave. Dirigida por el obispo Soldano, ejerce una notable influencia tanto en la toma de decisiones (a través de su participación en el Consejo Ejecutivo que dirije los destinos de la Argonos) como socialmente a través de su actividad eclesial. Este papel preeminente proviene tanto del hecho de que una gran catedral ocupe el espacio central de la astronave, como del hecho de que el paso de los siglos (y una gran revuelta -el Repudio- que ocurrió casi tres siglos atrás y en la que se destruyeron los diarios de navegación) haya hecho olvidar el objetivo inicial de la misión. Desde el punto de vista del obispo Soldano, la Argonos ha existido desde el principio de los tiempos y su misión es evangelizar los mundos que encuentren (cosa que en el último encuentro, 15 años antes del comienzo de la narración, condujo a un desenlace sumamente negativo).

La primera parte de la novela se titula “Insurrección”. En ella vemos la tensa situación política en la que se desenvuelve el Consejo Ejecutivo, con el capitán Costa en una situación de gran debilidad y el obispo anhelando hacerse con la capitanía. A esta situación se une la tensión social y el descontento de la clase baja, oprimida por la clase alta. Los eventos se desencadenan a partir del descubrimiento de un mundo -bautizado como Antioquía por el obispo- que parece habitable y en el que se ha detectado una señal de comunicaciones muy básica, una especie de baliza. Esto sugiere que el planeta está o al menos estuvo habitado en algún momento. La nave toma rumbo hacia Antioquía y se organiza un grupo de exploración en el que toma parte Bartolomeo como hombre de confianza del capitán y la Madre Verónica como representante del obispo. Antes de partir, Pär Lundkvist -un enano de la clase baja amigo de Bartolomeo- le confía la existencia de un plan para que una grupo de inferiores escapen de la Argonos para establecerse en Antioquía; la participación de Bartolomeo es esencial para la viabilidad de dicho plan, ya que él tiene acceso a los códigos necesarios para acceder a las lanzaderas, por lo que le solicita su ayuda. Bartolomeo no responderá a dicha petición sin embargo antes de explorar el planeta. Cuando el contingente de exploración baja por fin a tierra lo que encuentran resulta tremendamente turbador: asentamientos deshabitados con extrañas construcciones primero, una enorme fosa de esqueletos humanos más tarde, y finalmente el más terrible descubrimiento, un edificio de cristal bajo el que hay una gran sala repleta de esqueletos de hombres, mujeres y niños, mutilados y ensartados en ganchos de metal. Esta terrible visión impresiona profundamente a la Madre Verónica y a Bartolomeo, y cuando el Consejo determina que deben abandonar el planeta cuanto antes, surge en Bartolomeo la determinación de participar en el motín. Dicho motín será sin embargo un fracaso y Bartolomeo acabará en prisión como uno de los cabecillas del mismo.

El encarcelamiento de Bartolomeo dura meses hasta que tiene lugar el descubrimiento que marca la segunda parte de la novela (“La nave muerta”). La Argonos encuentra en su rumbo una gigantesca nave alienígena sin señales de vida o actividad. El capitán -inmerso nuevamente en enormes dificultades políticas- ordena rápidamente la liberación de Bartolomeo y los demás cabecillas de la insurrección (a los que realmente nunca se llegó a someter a juicio), ya que precisa de éste para liderar como representante suyo una exploración de la nave alienigena. Ante la amenaza de un nuevo encarcelameniento (y con la amistad con Nikos irreparablemente rota), Bartolomeo accede a ello y tras una tensa reunión del Consejo se acuerda la composición del grupo explorador. Cuando dicho grupo llega a la nave -que ya había empezado a ser explorada y que se había cobrado varias víctimas mortales en diversos accidentes- Margita Cárdenas, uno de los miembros de la tripulación, le hace partícipe de dos confidencias. La primera es que aunque la Argonos está estacionada a una distancia constante de 3 000 km de la nave alienígena, cada dos días deben rectificar la posición ya que la distancia entre ellas se reduce por causa aún no explicada. La segunda es que el hallazgo de la nave alienígena no fue casual: horas después de que el grupo de exploración hubiera llegado a Antioquía, la baliza que les llevó a allí comenzó a emitir una señal compleja y altamente direccional. El análisis de la misma indicaba que no había ninguna estrella en esa dirección en cientos de años luz, por lo que el capitán decidió seguir el camino de la misma con propulsión convencional y los sensores a máxima alerta. Fue eso lo que les llevó a descubrir la nave alienigena. Estas inquietantes revelaciones se unen al desasosegante aspecto de la nave alienígena, cuyo interior está repleto de grandes salas sin calor, atmósfera ni gravedad, conectadas por oscuros pasillos de proporciones no humanas. La exploración se demuestra sumamente peligrosa, debido a la repentina presencia de intensa gravedad al pasar a ciertas salas, y a la existencia de extrañas barras de propósito desconocido que cruzan algunas estancias y de paredes rugosas que pueden rasgar los trajes presurizados. Eventualmente se encuentran cámaras de aire que separan estancias con ambiente de vacío espacial con salas que extrañamente tienen una gravedad, temperatura y composición atmosférica adecuadas para los humanos. Es en una de estas salas en la que hallan a una anciana aparentemente perturbada y cuyo idioma no entienden. A pesar de su agresivo comportamiento, consiguen sedarla y llevarla a la Argonos. El debate surge entonces en el Consejo sobre qué hacer, si alejarse a toda velocidad de la nave como propugna la Iglesia (que la ve como recipiente del Mal), o intentar explorarla de alguna manera por si hay en ella más humanos (como sostiene Bartolomeo). La solución de consenso encontrada se revelará como enormemente desafortunada una vez se revele el ominoso secreto que la nave oculta en su interior…

Estamos ante una obra muy bien desarrollada que combina los escenarios de astronave generacional con los de primer contacto, y en la que es inevitable trazar relaciones con películas como “Alien” y “Event Horizon”, e incluso con novelas como “Cita con Rama”. El poder y las fricciones sociales son dos de los temas que Russo emplea para mover la trama, pero posiblemente el tema subyacente principal es la existencia del Mal, incluso a escala cósmica. Esta existencia (no tanto como dualidad frente al Bien, sino como realidad independiente) no necesariamente ha de ser interpretado desde una perspectiva religiosa, aunque Russo emplea al obispo Soldano y fundamentalmente a la Madre Verónica, uno de los personajes centrales y mejor elaborados, como vehículo para presentar ideas sobre dicho Mal. De hecho, una de los grandes aciertos de Russo es dejar abiertos a la imaginación del lector muchos aspectos de los alienígenas y de su nave. El desenlace de la novela es frenético una vez se revela parte de lo que se oculta en el interior de la nave, y se alcanza un climax de enorme altura y tensión (y con algunas perlas como una frase del obispo que -con ayuda de la imaginación del lector- conducen a conclusiones muy inquietantes). En resumen, un libro muy recomendable, dignísimo ganador del PKD, y que ha hecho que ponga a otras novelas de Richard Russo en el punto de mira.

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Cuando las pistolas fallan a pares

Publicado por Carlos en marzo 20, 2010

Holy Smokes!

La historia reseñada por T-Rex es verídica. Andrew Jackson fue el séptimo presidente de los EE.UU. y su mandato abarcó de 1829 a 1837. El 30 de enero de 1835 tuvo lugar lo que sería el primer intento de atentado contra un presidente estadounidense, y al alimón el primer intento frustrado. Richard Lawrence, un pintor perturbado (se especula que fue la exposición a los productos químicos de la pintura lo que le condujo o al menos agravó su estado mental) se plantó cara a cara frente al presidente y le disparó a bocajarro. La bala detonó, pero no fue expulsada del arma, por lo que Lawrence se apresuró a sacar una segunda pistola y volvió a disparar… con idéntico resultado. Lawrence fue reducido y llevado a juicio (en el que sería declarado no culpable por trastorno mental). La explicación oficial fue que la humedad causó el doble fallo, aunque quién sabe, quizás algún día averigüemos que fue un intrépido viajero temporal el que saboteó las pistolas del frustrado magnicida.

Y ya que hablamos de doble fallo de pistolas, nada mejor que recordar a Bob el Inglés, el “Duque/Pato de la Muerte”, y su memorable enfrentamiento con Corky “Dos Pistolas” Corcoran:

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“Número 9″: Épica post-apocalíptica steampunk y algo más

Publicado por Carlos en enero 29, 2010

Las expectativas que uno tiene cuando aborda la lectura de un libro o el visionado de una película condicionan habitualmente la impresión que de ellos queda. Se trata las más de las veces de un efecto compensatorio, que hace que las grandes expectativas hagan más patentes las deficiencias de la obra, y las bajas expectativas (o simplemente la actitud neutral) resalten sus virtudes. En los últimos días he tenido precisamente ocasión de encadenar una doble experiencia en este sentido y “Número 9” ha sido la cara positiva. Se trata de una película de animación dirigida por Shane Acker y con Tim Burton en la producción, que nos sumerge durante unos cortos 80 minutos en un mundo post-apocalíptico en el que a través de los ojos del protagonista -y con “protagonista” no me refiero a “personaje“, distinción esta cuyo sentido será más evidente tras haber visto la película- no solo presenciamos una desigual lucha por la supervivencia, sino que se nos plantean cuestiones sobre la esencia del ser humano y de la vida misma.

Number 9 Number 2

Todo comienza cuando “número 9″, cuya confección hemos atisbado en las imágenes iniciales de la película, despierta en el laboratorio de su creador. 9 es un pequeño robot de apenas un palmo de tamaño, hecho externamente de tela de saco, y con un mecanismo interno que no llegamos a ver en detalle (aunque si llegaremos a descubrir su esencia al final de la película). Un tanto desorientado vaga por la habitación, hasta descubrir el cuerpo inerte del Científico que le dio la vida. Asustado, escapa por la ventana tras recoger un pequeño talismán que estaba junto a él al despertar. Lo que le espera en el exterior son las ruinas de un mundo destruido y sin vida. Vagando por este yermo de hierros, escombros, y cuerpos humanos encuentra a “número 2″, otro robot similar a él pero que se muestra como mucho más experimentado e ingenioso. 2 ayuda a 9 a solucionar un problema mecánico de habla, y le hace saber sobre su misión de exploración poco antes de que una bestia mecánica similar a un gran felino les ataque. Aunque 9 consigue escapar, la bestia se lleva a 2 y al talismán. Solo de nuevo, 9 vaga hasta caer sin sentido.

Number 5 Number 1

La escena es observada en la distancia por “número 5″, un robot de caracter leal y grandes dotes de ingeniero. 9 es así rescatado y llevado al refugio de los demás robots, las ruinas de una iglesia que podría ser Notre Dame de París. Allí, en presencia de “número 1″, el más antiguo de los robots, 9 es hecho partícipe del devenir de los acontecimientos: una gran guerra entre máquinas y humanos acabó con toda la vida sobre la Tierra. El plan de 1 es esperar a que las máquinas dejen de funcionar antes de salir de nuevo al aire libre. 9 insiste en ir a rescatar a número 2, pero 1 rechaza la idea, haciéndose claro que el enviarlo en misión de exploración fue un pretexto para deshacerse de él, ya que no compartía su plan. Intimidado por “número 8″, el poderoso guardaespaldas de 1, 9 desiste momentáneamente de la idea, pero no tardará en retomarla, convenciendo a 5 (cuyos instintos leales hacia 2 son fuertes) de que lo acompañe a una gran fábrica a donde la bestia llevó a 2. Cuando llegan a la misma encuentran a 2 encerrado en una jaula, y a la bestia manipulando el talismán. El intento de rescate es sin embargo infructuoso ya que la bestia se percata de su presencia y les ataca. Cuando todo parecía perdido, aparece “número 7″, un robot de carácter indómito y luchador que también había abandonado el refugio para hacer la guerra por su cuenta. 7 consigue destruir a la bestia, pero lo peor está por llegar. Al recoger el talismán, 9 advierte un enchufe con el que encaja perfectamente. Movido por su curiosidad, inserta el talismán con resultados fatales: 2 muere en el acto al ser absorbida su esencia por el talismán. En ese momento, la gran máquina se pone de nuevo en funcionamiento y emerge de su letargo.

Number 7 Numbers 3 and 4

5, 7 y 9 escapan del lugar a duras penas, y acuden a “número 3″ y “número 4″, dos robots ávidos devoradores de información que se comunican entre sí mediante pulsos de luz, y que mantienen una base de datos con toda la información que han conseguido recopilar. A través de ellos comprendemos el origen de la Máquina: fue la obra del Científico, encargado por el Canciller de construirla para sacar al país de la pobreza después de la Gran Guerra. El Científico la desarrolló y le transfirió una copia de su inteligencia, poco antes de que el control le fuera arrebatado por el Canciller, que decidió usarla para su propio beneficio. La máquina empezó a construir otras máquinas de guerra, hasta que en un determinado momento decidió que los seres humanos eran una amenaza para ella y procedió a su exterminio. En la guerra que siguió, las máquinas liberaron gases venenosos que acabaron con toda la vida sobre la Tierra. 3 y 4 no pueden sin embargo dar ninguna información sobre el origen y función del talismán, y la única pista al respecto es “número 6″, un robot de carácter excéntrico (y diríase que trastornado) que continuamente hace dibujos cuyos trazos coinciden con el talismán, y que habla de “regresar a la fuente“. Esta indicación acabará por hacer que 9 averigüe no sólo el origen del talismán, sino el suyo propio y el de sus compañeros, y su misión trascendente en la Tierra.

Number 6 Number 8

Hay muchos aspectos por los que la película engancha. Por un lado está su estética, que de la mano del steampunk nos lleva a una ucronía en las que las referencias a la II Guerra Mundial y a los totalitarismos de principios del s. XX son claras. Aunque la película explota un escenario clásico (las máquinas que se rebelan contra el hombre), el telón de fondo -una IA steampunk post-singularidad que alcanza la consciencia y provoca el apocalipsis- y el hilo argumental son cautivadores. Por otra parte, es una película en la que el planteamiento de los acontecimientos te hace pensar. Hay que decir al respecto que no es descartable que cambios sobre la marcha en el guión -quizás debidos a sugerencias de los productores- sean los responsables de algunos de los aspectos menos claros de la película. No obstante, sea un efecto secundario o buscado, el dejar abiertos a la interpretación algunos elementos resulta al final un acierto (al menos, en lo que respecta a la previsibilidad del argumento, que en aspectos como el de “regresar a la fuente” fueron finalmente distintos a los que sobre la marcha anticipaba). El desenlace, aunque con algún adorno de más, tiene resonancias metafísicas e incide en el valor del alma humana y de la esencia vital, contrapuesta a la mera inteligencia mecánica. Comentaba al principio que las expectativas previas pueden condicionar la impresión posterior que se tiene de la película, pero estoy convencido que cualquiera que se anime a verla tras leer esta crítica no se verá defraudado.

9 faces the Fabrication Machine

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Stargate meets Narnia

Publicado por Carlos en noviembre 20, 2009

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La matemática de [REC]: Análisis de una infección zombi

Publicado por Carlos en octubre 12, 2009

Hace unos días se ha estrenado [REC] 2, la secuela de la fantástica [REC] de Jaume Balagueró y Paco Plaza. El argumento es bien conocido: los habitantes de un bloque de viviendas (junto con un par de policias, un par de bomberos y un par de reporteros) deben enfrentarse al estallido de una infección zombi (usando el término “zombi” en sentido amplio). La película es interesante por múltiples motivos, pero vamos a centrarnos en dos aspectos particulares: (1) el edificio está aislado en cuarentena por las autoridades sanitarias, y (2) el equilibrio de fuerzas dentro del edificio va volcándose paulatinamente del lado de los infectados. Estos dos aspectos nos conducen a dos cuestiones fundamentales: la primera en relación con el punto (1) es si la estrategia de las autoridades sanitarias es correcta, y la segunda en relación al punto (2) es si la evolución del sistema hacia el desequilibrio mostrado en la película es realmente inevitable. Se trata de dos cuestiones que aparte de ser interesantes desde el punto de vista geek/nerd, constituyen un buen experimento mental con posibles aplicaciones a infecciones de carácter más mundano.

[REC]

Dar respuesta a estas cuestiones requiere modelar el problema como un sistema dinámico, de manera similar a como se realiza en ecología, epidemiología, etc. y ver cómo evoluciona en el tiempo. Un análisis de estas características es precisamente el realizado por Philip Munz y colaboradores, de la Carleton University y de la Universidad de Ottawa, en un trabajo que lleva por título:

y que forma parte del libro Infectious Disease Modelling Research Progress, editado por J.M. Tchuenche y colaboradores en Nova Science. Munz et al. consideran varios modelos de complejidad cada vez mayor para estudiar el sistema. En el primero y más básico se consideran tres tipos de sujetos:

  1. Los seres humanos “normales”, susceptibles (s) de convertirse en zombies.
  2. Los zombis (z).
  3. Los sujetos “retirados” (r), esto es, seres humanos que mueren por causa natural.

Inicialmente se parte de una población de sujetos susceptibles, sin zombis ni retirados, y a partir de ahí se produce un flujo de sujetos de una a otra categoría:

  • Un ser humano puede nacer (con tasa π), morir de causa natural y pasar a retirado (con tasa δ), o convertirse en zombi tras ser atacado por uno de estos (con tasa β, y proporcional a la población de zombis).
  • Un zombi puede pasar a retirado si un humano lo vence en un enfrentamiento (con tasa α).
  • Un sujeto retirado puede convertirse en zombi (con tasa ς).

Esto nos lleva a un sistemas de ecuaciones diferenciales que describe el sistema:

\begin{array}{rcl} ds/dt & = & (\pi-\delta) s - \beta sz \\ dz/dt & = & (\beta-\alpha) sz + \zeta r \\ dr/dt & = & \delta s + \alpha sz - \zeta r \\ \end{array}

Si se analiza el sistema de ecuaciones en una escala de tiempo muy corta en la que no se llegan a producir nacimientos ni muertes naturales (π=δ=0), la primera ecuación diferencial sugiere dos posibles estados estacionarios (S,Z,R): el primero (S,0,0) es aquel en el que no hay zombis; el segundo (0,Z,0) es el apocalipsis zombie (toda la población acaba infectada). Lamentablemente el análisis del Jacobiano del sistema en estos puntos estacionarios indica que la primera solución no es estable, pero la segunda sí, por lo que basta un pequeño empujón para que el sistema ruede cuesta abajo hacia el apocalipsis zombi.

Hay algún aspecto cuestionable en el sistema anterior, como por ejemplo el hecho de que los zombis destruidos pasen a la categoría de retirados y puedan “reciclarse” en zombis de nuevo. Si eliminamos el término αsz de la tercera ecuación no alteramos sin embargo el resultado anterior, al menos desde el punto de vista cualitativo. No obstante, vamos a tener en cuenta esta modificación del modelo de Munz et al. en lo sucesivo.

Para acercarnos más [REC] el siguiente paso es considerar ahora un modelo de infección latente. Munz et al. modelan esto como una nueva clase -infectados (i)- a la que llegan los susceptibles que son mordidos por un zombie, y de la que salen aquellos infectados que se transforman en zombis (con tasa ρ), y aquéllos que mueren antes de transformarse (con tasa δ, como los susceptibles). Con la modificación mencionada antes en relación a los “retirados” nos queda:

\begin{array}{rcl} ds/dt & = & (\pi - \delta)s -\beta sz \\ di/dt & = & \beta sz - (\rho + \delta) i \\ dz/dt & = & \rho i + \zeta r - \alpha sz \\ dr/dt & = & \delta (s + i) - \zeta r \\ \end{array}

En este escenario la situación es idéntica en el escenario π=δ=0, esto es, no pueden coexistir humanos y zombies, y sólo el apocalipsis zombi es una solución estable. Si realizamos una simulación numérica puede apreciarse el comportamiento cuantitativo del sistema. La siguiente gráfica corresponde a los parámetros π=δ=1/10 000 (tasas iguales de nacimiento y muerte natural), ς= 1/10 000 (tasa de zombificación de retirados), α=1/200 (tasa de destrucción de zombies), β=1/100 (tasa de infección), y ρ=1/200 (tasa de zombificación de infectados):

modelo-infeccion

Nótese como el número de zombis libres es durante la fase inicial del estallido muy bajo, aunque suficiente para inducir una infección latente descontrolada. Eventualmente el número de individuos sanos cae abruptamente, momento en el que el número de infectados deja de crecer y comienza el apocalipsis zombi, ya sin humanos sanos para hacerles frente. Una variante de este modelo es asumir que los infectados permanecen activos en la población, teniendo encuentros con los zombis y contribuyendo a su erradicación mientras no se consume la transformación. En ese caso, el resultado final sigue siendo un apocalipsis zombi, aunque más tardío, y con un número final de zombis mucho más bajo.

Introduzcamos ahora el siguiente factor de [REC], la cuarentena. Munz et al. modelan una nueva clase -cuarentena (q)- a la que llegan tanto sujetos infectados como zombis, y de la que salen únicamente los sujetos que intentan escapar y son eliminados, pasando a la categoría de retirados. Vamos a modificar esto ligeramente, suponiendo que la cuarentena efectivamente retira de la circulación a los sujetos aislados (vivos, muertos o infectados), sin posibilidad de que vuelvan a la categoría de retirados.

\begin{array}{rcl} ds/dt & = & (\pi - \delta)s -\beta sz \\ di/dt & = & \beta sz - (\rho + \delta + \kappa) i \\ dz/dt & = & \rho i + \zeta r - \alpha sz - \sigma z \\ dr/dt & = & \delta (s + i) - \zeta r \\ dq/dt & = &  \kappa i + \sigma z \\ \end{array}

Incluso en este caso, el apocalipsis zombi es prácticamente inevitable, si bien la cuarentena puede retrasar bastante el progreso de la infección. Munz et al. consideran un modelo adicional en el que es posible curar (pero no vacunar) a los zombis, y en este caso se alcanzan situaciones de equilibrio en las que coexisten zombis y humanos sanos (no es un escenario agradable, pero es mejor que el apocalíptico).

Sea como fuere, e incluso sin cura, podría haber otro tipo de estrategias ganadoras. Una de las claves de las simulaciones es el equilibrio demográfico de la población sana. En el momento en el que se comienza a producir la infección empieza el descenso de individuos sanos y tarde o temprano tiene lugar el apocalipsis zombi. Aumentar la tasa de nacimientos retrasa el proceso pero no lo evita. Para ello es preciso combinar un aumento de esta tasa de nacimientos con aumento de la tasa de destrucción de zombies. Bebés y lanzallamas, es una receta que nunca falla.

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Friqui-crucigrama de ciencia-ficción

Publicado por Carlos en septiembre 16, 2009

UserFriendly.org/J.D. "Illiad" Frazer

UserFriendly.org/J.D. 'Illiad' Frazer

No es fácil, pero google is your friend.

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“Code of the Lifemaker” de James P. Hogan

Publicado por Carlos en agosto 21, 2009


Code of the Lifemaker es una novela de James P. Hogan, el prolífico –y en los últimos tiempos controvertido– escritor británico. Es fundamentalmente una pieza de ciencia-ficción dura que el autor emplea como vehículo para explorar el rol del individuo en la sociedad, los choques de culturas, así como el conflicto entre ciencia y superstición, todo ello aderezado con acción e intrigas en un apasionante entorno alienígena como telón de fondo.

Decía un celebérrimo director cinematográfico que si en una película no sucede nada interesante en los primeros 30 segundos, el abandonaba la sala. No es fácil trasladar esta idea al mundo literario, ya que hay grandes obras cuyo arranque pone a prueba al lector, pero si algo puede decirse de Code of the Lifemaker es que no adolece de este problema. El prólogo con el que comienza la novela es uno de los hitos de la ciencia-ficción, y ha llegado a ser publicado como pieza separada en antologías de cuentos cortos del autor. Todo comienza hace 1,1 millones de años, en algún sistema estelar situado a 1 000 años luz de la Tierra. Una sonda automatizada de una civilización alienígena llega a un planeta virgen con el objeto de explotar sus recursos mineros. Para ello emplea un patrón de auto-replicación: una plétora de robots de diferentes tipos se afanan en la construcción de una factoría cuyo propósito inicial es la fabricación de robots análogos. Estos robots serán despachados para la construcción de una segunda factoría idéntica a la primera, y así sucesivamente. Tras un cierto número de replicaciones, cada factoría pasa a modo de explotación, extrayendo materia prima del terreno, procesándola y manufacturando las naves de carga en las que los bienes producidos serán devueltos al sistema de origen. El patrón de replicación da lugar a un crecimiento exponencial de los centros de explotación, convirtiendo toda la superficie del planeta en una planta industrial en apenas 50 años. En ese momento, la sonda embarca al contingente principal y procede al siguiente planeta. Desafortunadamente para la sonda (y para la civilización que la construyó, que pereció en el evento) una estrella se vuelve supernova en la proximidad, y el baño de radiación daña profundamente los sistemas y programas de la nave. Cuando 100 000 años después la sonda llega al primer cuerpo celeste en el que puede aterrizar y comienza la rutina de explotación, la situación se descontrola irreversiblemente. La capacidad de auto-replicación se mantiene, pero los fallos en los programas y en los sistemas de producción hacen que finalmente se desencadene un proceso evolutivo: empiezan a surgir robots con ligeras variaciones que compiten por los recursos materiales y por el acceso a las plantas de ensamblaje. Esta presión selectiva provoca la aparición de formas complejas de auto-defensa y replicación efectiva, así como patrones de comportamiento social, especiación y relaciones simbióticas. Una ecología robótica en la que –salvo el componente orgánico– todos los ingredientes de lo que consideramos vida están presentes.

Tras el cautivador prólogo, la novela arranca en un futuro muy próximo al actual (segunda década del s. XXI) y se divide inicialmente en dos hilos de acción. El primero tiene lugar en la Tierra, y se centra en Kart Zambendorf, un mentalista muy hábil. Gracias a dicha habilidad y a la del equipo de colaboradores que le rodea, Zambendorf es capaz de mantener una imagen de autenticidad en sus supuestos poderes ESP, lo que le permite una gran popularidad así como influyentes contactos en la GSEC –General Space Enterprise Corporation– una poderosísima megacorporación. A través precisamente de la GSEC se le plantea la idea de participar en una misión de la NASO (la North Atlantic Space Organization, resultado de la fusión de la ESA, la NASA y la OTAN) a Marte. Su papel sería oficialmente el de experimentar con sus poderes ESP sobre distancias interplanetarias, lo que indirectamente daría cobertura mediática a la misión y permitiría a la GSEC promocionar la futura colonización de Marte. Para sorpresa de Zambendorf, que aceptó la idea pensando que la NASO la descartaría, ésta se muestra favorable a la misma y contacta con Gerold Massey –un afamado psicólogo, ilusionista aficionado, y especializado en desenmascarar a videntes y otros farsantes– para que también forme parte de la misión.

Enterados de la composición de la tripulación (formada por un equipo multidisciplinar de científicos, muy diferente del que el perfil de la misión sugiere), la GSEC intenta desactivar a Massey desde el más alto nivel, lo que despierta el recelo de Zambendorf. Tanto más cuando al llegar a la estación en órbita en los días anteriores al comienzo del viaje advierten que un importantísimo contingente militar viajará con ellos. Cuando finalmente averigua que el equipamiento de los militares incluye vehículos para desplazarse por superficies heladas y densas atmósferas, todos los cabos quedan atados: esa misión no irá a Marte sino más bien a alguno de los satélites del Sistema Solar exterior. El anuncio público de esa “profecía” fuerza a la NASO y a la GSEC a reconocer abiertamente que el destino final del la misión no es Marte sino Titán. Más aún, se revela que las sondas de exploración que se han acercado al satélite han descubierto lo que parecen ser los restos de fábricas de origen extraterrestre, así como numerosos robots, aunque extrañamente ningún signo de los alienígenas que los construyeron. El posterior análisis de la información recopilada en relación a los tipos de robots detectados, así como a su comportamiento lleva a la sorprendente conclusión de que esas máquinas constiyen la biosfera de Titán. La especie dominante recibe el nombre de taloides, por Talos, el hombre de bronce de la mitología griega, creado por Hefestos y guardián de Creta.

Paralelamente a lo anterior, los acontecimientos se desarrollan en la superficie de Titán, cuyos habitantes se encuentran en un régimen feudal similar al de la Edad Media. El protagonista principal es Thirg, un filósofo que tiene en la duda y en el anhelo de conocimiento su razón de ser. Esto le causa problemas con las estructuras de poder de Kroaxia, su nación, y fundamentalmente con los jerarcas religiosos. La creencia oficial es que el mundo es plano, y que detrás del manto de nubes que perennemente cubre a Titán no hay nada. Se venera asimismo al Creador de Vida, el ser que creó la primera máquina (y que por lo tanto no era una máquina, la única forma de vida conocida para los taloides). Esto no casa con el conocimiento que a través de los viajeros había adquirido Thirg y que le indica que el mundo es en realidad esférico, pues alguno de los viajeros que se aventuró mucho hacia al Este llegó a ciudades que se encontraban al Oeste. Este pensamiento le lleva a conjeturar que si no hay barreras físicas sobre la superficie tampoco puede que las haya en los cielos, y que detrás de las nubes haya otros mundos, quizá habitados también. Estas ideas le llevan al terreno de la herejía, por lo que debe huir de Kroaxia hasta Cartoghia, una pequeña nación cuyo rey ha instaurado una suerte de pensamiento libre, y en la que inventores y filósofos perseguidos en otras naciones buscan refugio.

Avisado por su hermano Groork de la inminencia de su arresto y ayudado por un pequeño grupo de soldados de Cartoghia, Thirg comienza su huida perseguido por un gran contingente de tropas de Kroaxia. El destino quiere que en una zona desértica fronteriza y cuando ya el encuentro con los perseguidores parecía inminente, un módulo de superficie terrestre haga acto de presencia para establecer el primer contacto. Para los taloides este módulo es una criatura viva y desconocida, un gigantesco dragón que baja de los cielos emitiendo una misteriosa luz violeta. El asombro aumenta cuando ven que junto al dragón están los que parecen ser sus sirvientes, unas extrañas criaturas con carcasa flexible en cuyo interior una masa de aspecto gelatinoso brilla con un intenso calor. Ajenos a este encuentro, el ejército de Kroaxia inicia el ataque sobre los fugitivos, lo que provoca la respuesta armada terrestre y la inmediata e irremisible destrucción del contingente kroaxiano. El asombro de los absortos taloides no cesa cuando finalmente comprenden que los que creían sirvientes del dragón son en realidad los visitantes, y que de hecho el dragón no es más que la obra de éstos, seres vivos que no son máquinas, y que son capaces de crear máquinas. ¿Serán los Creadores de Vida?

Tras el contacto inicial, y una vez que se desarrolla un sistema de traducción (los robots se comunican entre sí mediante ultrasonidos), se concierta una reunión con Kleippur, rey de Cartoghia, para transmitirle los deseos de los terrícolas (“lumianos” para los taloides, debido a su intenso brillo infrarrojo): colaboración para explotar las factorías alienígenas, a cambio de tecnología terrestre (por ejemplo, armamento). Kleippur rechaza sin embargo este trato: el desea que los terrestres les proporcionen conocimiento de sus artes de fabricar vida (es decir, que les enseñen a desarrollar tecnología). Un acuerdo de estas características está fuera de lugar tanto para los dirigentes políticos de la Tierra como para GSEC, que espera obtener billones de la explotación de Titán, por lo que la dirección de la misión decide comenzar una aproximación en los mismos términos con Eskenderom, rey de Kroaxia, mucho más receptivo a la idea puesto que ambiciona conquistar toda Robia (nombre que los taloides le dan a Titán). Sin embargo, la jerarquía religiosa es un contrapoder importante que puede comprometer la realización del plan, por lo que se decide neutralizarla buscando un sumo sacerdote más maleable, al que se aupará gracias a los “milagros” de la tecnología terrestre. Ante la perspectiva que se cierne sobre los taloides, Massey y Zambendorf unirán esfuerzos para conseguir que no acaben como meros esclavos de la Tierra.

Tal como comentaba al comienzo, el desarrollo argumental de la novela incide en la relevancia del individuo frente a la masa, y en la importancia del pensamiento crítico y la ciencia frente a la superstición. No es por ello sorprendente que el telón de fondo guarde bastantes similitudes con la Edad Media. A pesar de que esto supone una visión un tanto antropocéntrica de una civilización alienígena, cabe destacar que tanto el escenario físico (Titán) como la naturaleza de los taloides proporcionan constantemente la oportunidad de hacer volar la imaginación. Máxime cuando gran parte de la acción se nos muestra desde el punto de vista de los taloides, para quienes los humanos son extrañas criaturas que necesitan estar permanentemente bañadas en gases corrosivos a alta temperatura, y cuyo mundo es tan caliente que hay océanos de hielo fundido y el metano sólo existe como gas. Para los taloides las máquinas están vivas, los dispositivos electrónicos de los humanos son “vegetales”, y perciben que el anhelo de los humanos es “domesticar” los bosques salvajes.

La ambientación está muy bien conseguida (destaca el habla medievalizada de los personajes), hay intrigas tanto entre los humanos como entre los taloides, y un amplio abanico de personajes que tienen un papel importante en la trama. A pesar de haber sido publicada originalmente en 1983, y obviando un par de anacronismos sin importancia (e.g., todavía existe la Unión Soviética) la novela aguanta impertérrita el paso del tiempo sin perder frescura. En resumen, una muy recomendable novela para todos los amantes de la ciencia-ficción.

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“Expendable” de James Alan Gardner

Publicado por Carlos en julio 24, 2009

Expendable (James Alan Gardner)
Expendable es una novela de 1997 del escritor y matemático canadiense James Alan Gardner. Es de hecho la opera prima de Gardner, que ya había tenido anteriormente un cierto éxito (premio Aurora y candidaturas a Nebula y Hugo incluidos) con historias cortas. En ella entramos en contacto con el universo de la “Liga de los Pueblos”, telón de fondo de la obra de Gardner y que ha servido de escenario para siete títulos hasta la fecha.

La premisa argumental de este universo es la existencia de una suerte de organización a nivel galáctico –la mencionada Liga de los Pueblos– bajo cuya égida se encuentran aquellas especies con capacidad para el viaje interestelar. Esta organización tiene un imperativo existencial: proteger la vida inteligente. Cualquier especie que anhele expandirse más allá de su sistema estelar debe adherirse a esta directiva, lo que en la práctica implica que toda forma de violencia que conduzca o pueda conducir a la muerte de un ser inteligente (da igual si de la propia especie o de otra distinta) está absolutamente vedada; está prohibido incluso el transporte de armas potencialmente letales a bordo de naves interestelares. El castigo por infringir (por acción o inacción) esta norma básica es la destrucción del infractor tan pronto se encuentre fuera del pozo gravitatorio de su estrella de origen o, en caso de que la infracción sea cometida por la especie en su conjunto o por su cuerpo gobernante, el confinamiento de dicha especie en su sistema natal. Dado que la Liga de los Pueblos comprende a civilizaciones cuyo nivel tecnológico está más allá de toda comprensión, no es posible ocultar ningún acto contra la mencionada directiva, lo que se traduce en la efectiva desaparición de guerras y violencia física en aquellas especies que se acogen a la misma (y que a cambio obtienen el acceso al viaje interestelar, además de otro tipo de avances tecnológicos).

Indudablemente, la interiorización de la no-violencia conduce a profundos cambios sociales en numerosas especies, en particular en la humana (y más concretamente en la fracción de la especie humana que accedió a esta directiva, y que en recompensa obtuvo “Nueva Tierra”, un planeta terraformado virtualmente idéntico a la Tierra original; una parte de la especie humana prefirió seguir con sus usos habituales, y permanecen confinados en la “Vieja Tierra”). De resultas de los avances en ingeniería genética y medicina, combinados con la ausencia de violencia, una muerte humana se convierte en un suceso excepcional y profundamente traumático no sólo para los más cercanos sino incluso para la sociedad en conjunto. Esto supone un problema en relación con la exploración espacial, empresa extremadamente arriesgada y en la que pueden perderse vidas con cierta facilidad.

Enfrentados con esta situación, la Tecnocracia (el cuerpo gobernante de la Humanidad interestelar) encuentra una solución de pura ingeniería social. Dados los medios técnicos existentes es posible corregir cualquier tara física, y de hecho así se hace cuando el sujeto en cuestión tiene una discapacidad seria. Sin embargo, si la persona en cuestión no está inhabilitada física o intelectualmente, la tara (que puede incluir la simple fealdad) no es corregida. A pesar de su absoluta validez, estas personas son percibidas como diferentes por el resto de la sociedad, y de hecho cuando uno de ellos muere el impacto emocional de la sociedad es mucho menor: son los prescindibles a los que el título de la novela hace referencia. Estos prescindibles son seleccionados desde la infancia y asignados al cuerpo de exploradores, la sección de mayor riesgo dentro de la flota espacial, y cuyos deberes incluyen la exploración física de planetas desconocidos. En muchas ocasiones dicha exploración acaba con la muerte confirmada o simplemente con la desaparición del explorador (típicamente marcada por la expresión “Oh, shit”, últimas palabras que suelen oírse antes de que se corte la comunicación con el explorador). El duelo en esta situación es mínimo (“well, you know, that’s what expendable means”).

Festina Ramos, por Luis Royo

(c) Luis Royo

La protagonista de la historia es Festina Ramos, una exploradora cuya tara es una marca roja de nacimiento en una de sus mejillas. A bordo de la nave Jacaranda, Festina recibe una misión: ella y otro explorador deben acompañar a un almirante de la Flota en una exploración de superficie. Cuando dicho almirante llega a la nave se hace patente que sufre de demencia senil (las drogas anti-senectud dejan de ser efectivas eventualmente), y el destino de la misión parece sugerir claramente que la intención final es librar a la Flota de manera discreta de un alto oficial senil. Concretamente, su destino es Melanquin, un planeta aparentemente idéntico a la Tierra en condiciones ambientales, pero que por algún motivo desconocido es un pozo sin fondo de exploradores. Toda persona que puso pie en el planeta dejó de comunicar al cabo de pocos minutos.

Oar, por Luis Royo

(c) Luis Royo

Tras un futil intento de rebelión ante la muerte segura que dicha misión parece suponer, Festina y su compañero Yarrun (y el senil almirante Chee, cuya lucidez es mayor que la que el Alto Consejo imagina) entienden que su única posibilidad es descender a Melanquin bien pertrechados, y provocar un incidente que suponga que la misión se aborte. Sin embargo, esta posibilidad se verá truncada cuando lleguen a la superficie, y Festina se vea sola tras la muerte de sus dos acompañantes. No tardará sin embargo en entablar contacto con los habitantes de Melanquin, seres con remoto origen humano que con el paso del tiempo y a través de ingeniería genética se han convertido en criaturas autótrofas con aspecto de cristal traslúcido, y que a pesar de ser enormemente fuertes e inteligentes, se encuentran evolutiva y socialmente en un callejón sin salida. A través de Oar, uno de estos seres, Festina descubre que hay otros exploradores en Melanquin y acompañada de ella emprende el camino para encontrarse con éstos y buscar la manera de escapar del planeta. En este camino descubriremos el origen de la civilización de Melanquin, el pasado del almirante Chee, y las implicaciones de todos los eventos que ahí se desarrollan en relación con la directiva básica de la Liga de los Pueblos.

La novela tiene un ritmo ágil y una premisa que engancha. El escenario que se plantea una vez Festina está en la superficie provoca un pequeño bajón en las altas expectativas que un planeta con un peligro fatal y absolutamente desconocido creaba, pero el interés se recobra rápidamente cuando se comienza a desentrañar el porqué de Melanquin. Más aún, el viaje en busca de los exploradores tiene bastante acción y hay un clímax final de amplitud planetaria. Un epílogo bastante satisfactorio redondea una novela que se puede calificar de recomendable e interesante (y si alguien se encariña de Oar o de Festina, podrá reencontrarse con ellas en otros títulos de la saga).

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Robots flexibles y manipuladores biomiméticos

Publicado por Carlos en marzo 28, 2009

Uno de los clichés de la ciencia-ficción es la del robot metálico. La literatura y el cine nos han dejado la imagen de robots de inimaginables formas (androides, insectoides, cefalopoides, …) pero que en fondo son simplemente mecanos articulados más o menos complejos. Por supuesto, los cyborgs y otros híbridos biomecánicos también han sido considerados, pero en muchas ocasiones vienen a caer en el mismo saco que los anteriores (véase por ejemplo Terminator). Típicamente estos robots tienen por un lado la ventaja en durabilidad y fuerza que su solidez estructura les proporciona, pero por otro lado la desventaja que su tamaño o rigidez les causa. Una excepción interesante podría ser el T-1000, con su estructura de “polialeación mimética”, pero éste es un caso un tanto extremo. La cuestión básica, centrándonos ya en el mundo real y en las posibles aplicaciones a las que un robot podría dedicarse, es que es concebible que en ciertas circunstancias sea preferible la flexibilidad aun a costa de perder tenacidad.

sentinel

En general un robot sin estructura rígida sería deseable en escenarios en los que haya que manejarse en un entorno muy reducido o irregular, y en los que la destreza en manipular objetos del entorno sea básica. Por ejemplo, en la exploración del fondo marino. Un robot de estas características es indudablemente un desafío ingenieril en el que como en muchas otras ocasiones puede buscarse la ayuda de la Madre Naturaleza, aunque sólo sea como fuente de inspiración. En este caso, un muy buen ejemplo lo constituyen los pulpos y su fenomenal anatomía. Todo el que en alguna ocasión los haya degustado (y más aún si además los ha cocinado) habrá apreciado la consistencia de sus extremidades, sin esqueleto interno pero dotadas de cuatro músculos longitudinales que recorren el tentáculo de extremo a extremo, así como de músculos transversales que rodean a un nervio central. Puede verse un análisis de esta estructura y de su respuesta neurofisiológica en un trabajo titulado

realizado por Henry Matzner et al. y publicado en el Journal of Neurophysiology. Una de las características más destacadas de esta estructura anatómica es su respuesta biomecánica, que guarda cierta similaridad con la de otros hidrostatos musculares como puede ser la lengua de los mamíferos. Básicamente mantienen en todo momento su volumen constante, lo que además de la intuitiva relación de contracción/extensión en músculos antagonistas de la extremidad quiere decir que cuando se produce una elongación de la misma se reduce su grosor, y viceversa, al realizar una contracción longitudinal aumenta la sección transversal, lo que permite una amplificación de la fuerza muscular. Puede verse un análisis detallado de esta dinámica en un trabajo titulado

realizado por William Kier y Kathleen Smith, y publicado en el Zoological Journal of the Linnean Society. Además de fuerza y destreza, esta anatomía dota a los pulpos de gran flexibilidad y maniobrabilidad, como puede verse en el vídeo inferior.

No es de extrañar que la comunidad científica haya puesto sus ojos en este modelo con vistas a su implementación en robots flexibles. Esto es precisamente lo que un grupo de científicos italianos está intentando abordar en los últimos tiempos. Hace un par de años publicaron en la 29th Annual International Conference of the IEEE Engineering in Medicine and Biology Society, un trabajo titulado

en el que intentaban proporcionar una caracterización biomecánica de la citada estructura muscular. Este análisis se ha sustanciado este año en otro trabajo en el que ya proponen un posible diseño robótico para el mismo. Dicho diseño se basa en el empleo de cilindros de goma de silicona para los músculos longitudinales, intercalados con otros de un polímero electroactivo (concretamente un elastómero dieléctrico) que reacciona a las corrientes eléctricas contrayéndose. De esta forma se pueden conseguir los movimientos de torsión en la extremidad. La figura inferior muestra un diagrama explicativo.

Italian Institute of Technology

Credit: Italian Institute of Technology

El artículo en el que han descrito este diseño se titula

y ha sido publicado en Bioinspiration and Biomimetics. Habrá que esperar a la primera implementación del diseño para ver si de veras puede dar de sí lo que promete.

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