La Singularidad Desnuda

Un universo impredecible de pensamientos y cavilaciones sobre ciencia, tecnología y otros conundros

Archive for 31 agosto 2007

Tránsito de Mimas captado por la Cassini

Publicado por Carlos en agosto 31, 2007

La Cassini ha captado esta impresionante imagen de un tránsito de Mimas frente a Saturno. La imagen se tomo casi por casualidad, ya que en ese momento la Cassini estaba realizando una observación de las nubes ecuatoriales de Saturno. Mimas es uno de los 60 satélites conocidos de Saturno, y tiene un diámetro de unos 397 km. La imagen se tomó a 3.1 millones de kilómetros de Saturno, y la escala es de 36 km/pixel.

NASA/JPL/Space Science Institute)
Credit: NASA/JPL/Space Science Institute

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El sargento que detectó un púlsar antes que los astrónomos

Publicado por Carlos en agosto 29, 2007

Ya hemos hablado en alguna ocasión de los púlsares, estrellas de neutrones en rotación que constituyen una suerte de faro cósmico, emitiendo haces de radiación que nos enfocan (si tenemos la suerte de estar alienados con ellos) con precisa regularidad. El avistamiento del primer púlsar fue descrito de manera formal en la literatura científica por Antony Hewish y colaboradores en febrero de 1968, lo que más tarde le valdría el Premio Nobel al primero no sin cierta polémica, ya que el avistamiento fue realizado en la práctica por Jocelyn Bell Burnell, coautora con Hewish del artículo y que era entonces estudiante de doctorado bajo la supervisión de aquél. A esta polémica se le añaden otras anécdotas -más o menos comunes en este tipo de descubrimientos- sobre otros investigadores que pudieron haber detectado púlsares con antelación, pero que los ignoraron atribuyendo la observación a errores en el equipamiento, o a otras causas. A estas anécdotas hay que sumar una especialmente curiosa, como es que un sargento del ejército de los EE.UU. pudo no sólo haber detectado púlsares con anterioridad a Hewish et al., sino que realizó una investigación por su cuenta sobre los mismos, y tomó notas sobre las observaciones.

Crab NebulaLa historia es la de Charles Schisler, que durante el verano de 1967 servía en una estación de radar en Alaska, integrada en el Sistema de Alerta Temprana de Misiles Balísticos, y destinada a detectar cualquier señal de un ataque soviético proveniente de Siberia. El sargento Schisler detectó una tenue señal en el radar que aparecía cada día y 4 minutos más temprano cada vez. Aquí es donde entra la casualidad de que el sargento Schisler hubiera sido navegador de bombardero, y supiera que ése es un efecto que sobre el firmamento tiene la traslación de la Tierra. Armado de paciencia e interés, localizó el origen de la fuente: la Nebulosa del Cangrejo, remanente de una supernova a 6,300 años-luz de distancia, y en la que hoy sabemos que hay un púlsar. Con interés renovado, y con la casualidad adicional de que debido al propósito con el que fue construido, el sistema de radar que manejaba estaba pensado para detectar fuentes pulsantes de radiofrecuencia, el sargento Schisler confeccionó un meticuloso cuadernillo de notas con todas sus observaciones, y sólo ahora que el sistema de alerta temprana en la estación de radar en la que sirvió ha sido puesto fuera de funcionamiento, ha hecho pública la historia, ya desclasificada.

La anécdota -asumiendo su veracidad, lo que en principio no parece descabellado- no tiene en sí misma más valor que el de otras situaciones parecidas (aunque personalmente la encuentro más divertida) y además tampoco se habría anticipado en mucho (apenas unos meses) el descubrimiento formal de los púlsares. No obstante, se muestra una vez más que en la famosa formula del éxito científico -atribuida a Edison, y compuesta por una discutible proporción de transpiración e inspiración- quizás habría que hacer un hueco para una pequeña parte de serendipiedadserendipia.

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La combinatoria de los brotes epidémicos

Publicado por Carlos en agosto 28, 2007

Uno de los aspectos claves para lidiar con brotes epidémicos es la identificación de los mismos (luego viene algo mucho más complejo que es analizar su dinámica para localizar el origen/causa, y predecir su evolución, pero dejemos eso para otra ocasión). Esta identificación no es algo trivial. Indudablemente, si se detectan cientos de casos de una enfermedad muy rara en un área muy reducida se está ante un fenómeno epidémico, pero el objetivo es realizar la identificación en una etapa más temprana, antes de que la enfermedad se disemine sin control. La clave está entonces en realizar una evaluación de cuándo un cierto número de casos de una enfermedad puede estar siendo motivada por un brote epidémico. Esto lógicamente dependerá de diferentes factores, como el número de casos, la prevalencia de la enfermedad, o el tamaño de la comunidad en la que se han detectado los casos. La combinatoria nos puede echar una mano en este caso. Concretamente, el clásico modelo de bolas y cajas puede ser muy útil. Veamos cómo.

Supongamos que tenemos un número N de cajas, sobre las que distribuimos uniformemente al azar B bolas. Cada una de estas cajas representará lógicamente un grupo o comunidad, y cada bola será un caso de la enfermedad en cuestión. La pregunta que queremos hacernos es si el hecho de que hayan caído m bolas en una cierta caja representa un evento estadísticamente improbable y por lo tanto existe una probabilidad no desdeñable de que haya una causa para el mismo más allá del azar. ¿Cuál es la probabilidad de una cierta configuración de bolas en las cajas? Dicha probabilidad viene determinada por la bien conocida distribución multinomial:

P(x_1,\cdots,x_k;p_1,\cdots,p_k) = \frac{x!}{x_1!\cdots x_k!}p_1^{x_1}\cdots p_k^{x_k}

donde pi es la probabilidad del evento i, xi es el número total de veces que se produce dicho evento, y x=x1+…+xk. En nuestro caso suponemos N eventos distintos (elegir una caja concreta), pi=1/N (todas las cajas tienen la misma probabilidad), y si bi es el número de bolas en la caja i, b1+…bN=B. Entonces,

P(b_1,\cdots,b_N) = \frac{B!}{N^Bb_1!b_2!\cdots b_N!}

La probabilidad de que el número de bolas en la caja que más tiene sea menor o igual a m es

P(N,m,B) = \sum_{0\leqslant b_1,\cdots,b_N\leqslant m,\ b_1+\cdots+b_N=B} P(b_1,\cdots,b_N)

Finalmente, la probabilidad de que haya m o más bolas en la caja que más tiene es 1-P(N,m-1,B). El problema que tiene calcular de manera precisa esta expresión es la explosión combinatoria para valores grandes de N y B, motivo por el cual se emplean aproximaciones (por ejemplo basadas en métodos de Monte Carlo). Al menos esto era hasta ahora, ya que Warren J. Ewens, y Herbert S. Wilf, de la Universidad de Pennsylvania, han encontrado una forma eficiente de realizar el cómputo, según describen en un artículo titulado

publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences. El método de Ewens y Wilf se basa en el hecho de que P(N,m,B) es B!/NB veces el coeficiente de xB en la serie em(x)N, donde em(x) es la expansión polinómica de la función ex truncada en el término (m+1)-ésimo, y que estos coeficientes se pueden calcular eficientemente mediante una relación recurrente. De hecho su algoritmo emplea una cantidad de memoria O(m), y tiene un coste computacional O(mN).

Ewens y Wolf ilustran el método con dos ejemplos. En el primero se analiza la aparición de 8 casos de leucemia infantil en un pueblo de 20,000 personas. Durante el periodo en el que surgieron estos casos el número medio en todo el país (EE.UU.) era de 1.6 por 20,000 habitantes, y la población total era por aquel entonces de 180 millones. El análisis se realiza entonces con N=9,000 (180,000,000/20,000), B=14,400 (1.6·9,000), y m=8, resultando en una probabilidad del 90%, lo que no apoya la hipótesis de una causa común para estos casos. En el segundo ejemplo se analizan 12 casos de leucemia linfocítica aguda en un pueblo de 24,000 personas, cuando el número esperado era de 1, y la población total del país es de 288 millones. Tenemos entonces N=12,000, B=12,000, y m=12. En este caso la probabilidad de que todo sea debido al azar es virtualmente cero (ya para m=8 es sólo del 0.6%), por lo que la hipótesis de la causa común no puede ser obviada.

Por supuesto, en ambos casos se trata sólo de una estimación estadística, pero puede ser de gran utilidad para activar los sistemas de alerta, máxime teniendo en cuenta que el cómputo puede realizarse en sólo unos segundos en un ordenador portátil.

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Música para el domingo – What You’re Proposing (Status Quo)

Publicado por Carlos en agosto 26, 2007

El domingo es día de asueto, y nada mejor que un poco de música para amenizarlo. Por ejemplo, este gran clásico de Status Quo de 1980 titulado “What you’re proposing“. Status Quo parece realmente una banda eterna, con una longevidad comparable a la de los Rolling Stones, y aunque sin el aura que rodea a estos últimos, con un número récord de éxitos. Su rock ha ido evolucionando desde sus orígenes en 1962, pero su sonido y la voz de Francis Rossi son inconfundibles. Este tema en concreto rebosa ritmo, y merece la pena ver en el vídeo (correspondiente a una actuación del grupo) las indumentarias que se gastaban en la transición de los 70s a los 80s. ¡Que lo disfruten!

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¿Extremófilos en Marte? Posible uso biológico de agua oxigenada como fluido intracelular

Publicado por Carlos en agosto 25, 2007

En la discusión sobre las posibilidades para el desarrollo de la vida fuera de la Tierra que surgió a cuento de la paradoja de Fermi salió varias veces el caso de Marte y su inhóspito ambiente para la vida terrestre: atmósfera muy débil y sin oxígeno, temperaturas muy bajas, y bombardeo continuo de rayos ultravioleta sobre la superficie. No obstante, este ambiente no fue siempre: hay evidencia geológica de que en el pasado el clima marciano fue húmedo y más cálido, y que en la superficie del joven Marte se formaron desde lagos a océanos. Incluso en épocas más recientes se ha podido producir la presencia esporádica de agua superficial. No resulta descabellado pensar que durante esta acogedora época pasada pudiera haber surgido algún tipo de vida, y que ésta de algún modo haya podido irse adaptando a los cambios ambientales que se han producido en Marte.

¿Qué posibilidades hay para adaptarse a la vida en Marte? Como resumen Dirk Schulze-Makuch, de la Washington State University, y Joop M. Houtkooper, de la Justus-Liebig University of Giessen, en un trabajo titulado

publicado en las actas de la conferencia Lunar and Planetary Science XXXVIII (celebrada en marzo de este año), hay tres opciones:

  1. Adaptarse a la subsistencia al entorno sin nutrientes de debajo la superficie mediante la adopción de un estilo de vida psicrofílico.
  2. Adoptar un estilo de vida formado por ciclos de hibernación profunda cuando las condiciones son adversas y de proliferación profunda cuando esporádicamente se produce un episodio de agua superficial.
  3. Adaptarse a las condiciones marcianas a través de cambios bioquímicos.

Esta tercera posibilidad es en la que se centran los autores en el citado artículo, en el que discuten la hipótesis de la inclusión de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) en los fluidos intracelulares de los organismos. Se trata de una hipótesis muy interesante, y que también estudian con más detalle en otro trabajo titulado

Viking Lander 1 sitepublicado en el International Journal of Astrobiology (preprint disponible aquí) Básicamente esta hipótesis intenta proponer una posible bioquímica adaptada al ambiente marciano, consistente con los resultados de los experimentos de la misión Viking (que aunque detectó cambios químicos en la superficie, parecían descartar vida de acuerdo con los patrones de la misma en la Tierra). La justificación de la hipótesis recae en las propiedades que una mezcla de H2O y H2O2 tendría, y cómo éstas se ajustarían a las necesidades de un hipotético organismo marciano. Para empezar, el punto de congelación se reduciría notablemente, pudiendo llegar a -56.5ºC en el caso de una mezcla con el 61.2% de H2O2. Esto permitiría permanecer activos a dichos organismos a las temperaturas usuales en Marte. Incluso si éstas bajan del punto de congelación, una mezcla con alto porcentaje de H2O2 puede sobreenfriarse y no formar cristales de hielo que rompan las membranas celulares u otras estructuras internas. Por otra parte, la mezcla sería altamente higroscópica, permitiendo al organismo capturar moléculas de agua presentes en forma de vapor en el ambiente. Precisamente por esta capacidad de capturar agua, un exceso de la misma -por ejemplo, durante los experimentos de la Viking en los que se vertió agua sobre suelo marciano- tendría efectos contraproducentes por hiperhidratación (un organismo de este tipo posiblemente encontraría letal la atmósfera terrestre, cálida y rica en vapor de agua).

Según muestran los autores, el agua oxigenada podría producirse bioquímicamente mediante un proceso de fotosíntesis:

CO2 + 3H2O + energía solar CH2O + 2H2O2

y ser luego empleada como fuente de energía mediante su descomposición de H2O y O2:

2H2O2 2H2O + O2

Esto es consistente con los resultados de la Viking que detectaron liberación de oxígeno en el suelo marciano. En un entorno de humedad limitada la hipótesis sería que dicho oxígeno tendría origen metabólico, y tras la humidificación provendría de la posible descomposición de estos hipotéticos organismos.

La verdad es que esta hipótesis resulta en su conjunto sorprendente en primera instancia, ya que si por algo es conocida el agua oxigenada es por su uso desinfectante y de eliminación de bacterias. Sin embargo, los autores apuntan una lista de organismos terrestres que emplean o sintetizan H2O2 de manera habitual (por ejemplo, el escarabajo bombardero emplea una solución al 25% de peróxido de hidrógeno como herramienta defensiva). No obstante, todos estos ejemplos palidecen ante ante el papel central que el H2O2 jugaría en estos hipotéticos organismos.

Quizás la Mars Phoenix pueda arrojar algo de luz sobre esta hipótesis. El punto de aterrizaje de la sonda está en una región con características idóneas para una bioquímica como la descrita. Según la estimación de los autores basada en los datos de la Viking, en un gramo de suelo marciano la biomasa teorizada sería de 1330 partes por millón. Una detección de calor proveniente de reacciones exotérmicas apuntaría entonces en la línea de la presencia de formas de vida microbiana.

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Vídeo de Richard Dawkins, Lewis Wolpert y Steve Jones sobre Evolución y Complejidad

Publicado por Carlos en agosto 23, 2007

El debate sobre evolución y complejidad que tuvo lugar en el Museo de Historia Natural de Londres con Richard Dawkins, Lewis Wolpert y Steve Jones está al fin disponible en vídeo para su descarga aquí. Las opciones son formato .MOV (385×288, 624 MB), o formato .ASF (784×576, 1.29 GB). La duración del debate fue de 84 minutos. Quien tenga paciencia para la descarga se verá recompensado con un debate en el que surgieron cuestiones bastante interesantes.

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Posibilidades de vida en nubes de polvo interestelar

Publicado por Carlos en agosto 22, 2007

Hace un par de días surgió a raíz de la discusión sobre la paradoja de Fermi la cuestión de formas de vida basadas en nubes de polvo interestelar. Se trata de una posibilidad que ha sido más o menos frecuente en el mundo de la ciencia-ficción, y cuya primera mención puede ser la obra de 1957 del astrónomo Fred Hoyle titulada “The Black Cloud”. Aunque en formato de ficción, quizás había cierta carga de especulación, llamémosla seria, por parte de Hoyle en relación a formas de vida de dicho tipo. Una aproximación un tanto más formal fue la que el físico Freeman Dyson abordó en un trabajo titulado

publicado en 1979 en Reviews of Modern Physics (disponible aquí en versión texto puro). Dyson analizaba la posibilidad de vida en el futuro lejano en un universo abierto (como el nuestro, aunque no tengo claro si la premisa de una expansión acelerada es compatible con su análisis), y llegaba a algunas sorprendentes conclusiones, como la posibilidad de experimentar un tiempo subjetivo infinito, durante el que se podrían realizar comunicaciones sin límite, usando una cantidad finita de energía. Las formas de vida que Dyson imaginó alternaban periodos de actividad e hibernación, e irían ralentizando sus relojes internos cada vez más. En palabras de Dyson:

Si sucediera por ejemplo que la materia fuera en última instancia estable frente al colapso en agujeros negros sólo cuando estuviera dividida en granos de polvo de unos micrones de diámetro, entonces la encarnación preferente de la vida sería algo como la nube negra de Hoyle, un gran ensamblado de granos de polvo que portarían cargas positivas y negativas, y que se comunicaría consigo mismo mediante fuerzas electromagnéticas.

Dyson aclaraba que no teníamos de momento forma de saber como un organismo de tales características podría mantener el estado de equilibrio dinámico que caracteriza a la vida. Quizás arroje algo de luz un reciente (recientísimo de hecho, ya que fue publicado hace alrededor de una semana) trabajo de V.N. Tsytovich y colaboradores, de la Academia Rusa de Ciencias, el Instituto Max Planck para la Física Extraterrestre, y de la Universidad de Sydney, titulado:

publicado en el New Journal of Physics. En la introducción (muy recomendable) de este trabajo Tsytovich et al. analizan los requisitos necesarios para considerar la presencia de vida (autonomía, evolución abierta, auto-organización, metabolismo, …), para luego plantear el caso de nubes de polvo inmersos en flujos de plasma. Estos últimos son la “fuente de alimentación”, y su presencia causa efectos un tanto sorprendentes en la nube de polvo. De acuerdo con la función de potencial derivada por los autores, un conjunto de granos de polvo con simetría esférica resulta en una estructura estable, un poli-cristal de plasma de forma esférica.

Lo más interesante es que cualquier asimetría hace que el sistema tienda hacia una estructura cilíndrica que da lugar a dobles hélices similares a las del ADN. Estas estructuras no sólo son estables, sino que la relación entre el diámetro de la hélice y su ángulo de torsión tiene bifurcaciones, lo que resulta en cambios abruptos de silueta que pueden servir como el análogo de “marcas de memoria”. Más aún, y aquí viene lo más sorprendente, estas estructuras helicoidales se pueden “reproducir” gracias a la presencia de vórtices de polvo en el plasma. La presencia de las marcas de memoria origina células de convención simétricas a cada lado del mismo. Si una hélice sin marcas se aproxima a estos vórtices se crean bifurcaciones en esta segunda estructura que resultan en la transferencia de información de la primera hélice a la segunda, tal como se muestra en la figura inferior (figura 5 en el artículo de los autores):

Figure 5 - Tsytovich et al., New J. Phys. 9 (2007) 263
Credit: Tsynovitch et al., New J. Phys. 9 (2007) 263

Aunque los autores no exploran en detalle esta circunstancia, aparentemente este tipo de replicación es potencialmente una clonación imperfecta, lo que abre la puerta a evolución. De hecho, sí comentan que puede producirse competición por la “comida” (los flujos de plasma), lo que resultará en la más rápida reproducción de las hélices más eficientes.

El trabajo es sumamente interesante, aunque hay que reseñar en cualquier caso que todo se basa en simulaciones por ordenador. La predicción está ahí en cualquier caso, para ser verificada o rebatida por la observación experimental. El tiempo dará o quitará razones, como pasa siempre en ciencia.

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“Médula” de Robert Reed

Publicado por Carlos en agosto 21, 2007

“Médula” ( Marrow) es la más exitosa novela hasta la fecha de Robert Reed, escritor estadounidense de ciencia-ficción, biólogo de formación, y que atesora 20 años de experiencia como escritor, así como cuatro designaciones para el premio Hugo y una para el Nébula. “Médula” es una novela que se puede clasificar como space opera, a pesar de que toda la acción transcurre en el interior de una astronave. Claro que no se trata de una astronave cualquiera. La Gran Nave tiene un tamaño comparable al de Júpiter y una masa equivalente a unas 20 Tierras. En su interior hay enormes cámaras equipadas para su ocupación, y debajo de las mismas vastos depósitos de agua, amoniaco, metano y silicio, así como la maquinaria necesaria para sintetizar otros compuestos a partir de los mismos. Más debajo aún hay ingentes tanques de combustible que almacenan océanos de hidrógeno líquido para alimentar las toberas de la nave, cada una del tamaño de un pequeño planeta. Por debajo, roca y un núcleo de hierro. La astronave es también inmensamente antigua; las estimaciones de su edad oscilan en los 6,000-15,000 millones de años, lo que la convierte en un objeto creado en los albores del Universo. Para hacerlo todo más enigmático, esas toberas están ahora apagadas, y en el interior de la nave no hay ningún rastro de los Constructores de la misma, ni indicación del propósito por el que la construyeron.

Por motivos de cercanía espacial, los primeros en llegar a la Gran Nave cuando ésta se aproxima a la Vía Láctea son humanos. Otras especies intentan hacerse con el control de la nave por supuesto, pero dado que su casco de hiperfibra es capaz de soportar sin inmutarse el impacto de un cometa a velocidades relativistas, no hay forma de conquistarla por la fuerza desde fuera. El control de la nave por parte de los humanos es pues definitivo. Cuando estos analizan la situación, llegan a la conclusión de que dada la inmensa velocidad de la nave es imposible detenerla: los motores de fusión sólo permiten realizar ajustes en el rumbo. Por este motivo, deciden circunvalar la galaxia, y abrir la astronave a cualquier especie que quiera habitar en una de sus cámaras (y pueda pagar el precio para ello). Eventualmente la astronave llega a estar ocupada por cientos de miles de millones de individuos de centenares de especies alienígenas. El control de la nave se mantiene siempre en manos de una jerarquía de capitanes humanos.

A pesar de la continua ocupación y exploración de las diferentes cámaras de la nave, un artefacto de ese tamaño y antigüedad guarda sorpresas. El impacto casual de un cometa contra el casco genera ondas sísmicas que revelan que en el núcleo de la astronave hay una enorme cámara en cuyo interior hay un objeto del tamaño de Marte. Se organiza una misión encubierta con los mejores capitanes de la nave para llegar hasta este mundo oculto que recibe el nombre de Médula. Mientras todos los miembros de la expedición se hallan sobre este planeta interior, un súbito fenómeno de formidable energía -el Incidente- destruye su vía de comunicación y los deja aislados en la superficie. Con la incertidumbre de si el Incidente ha podido eliminar todo rastro de vida en el resto de la nave, los capitanes han de reinventar la civilización en Médula, un mundo de hierro que a pesar de su enorme inestabilidad sísmica y volcánica alberga una flora y fauna de diversidad sin precedentes. El objetivo es retornar a la Gran Nave, y para ello hay que embarcarse en un periplo de cinco milenios, y superar una división entre los miembros de la expedición (y sus descendientes) motivada por el surgimiento de una mitología sobre los Constructores y sus lucha contra unos seres coetáneos de aquellos, los Inhóspitos. La acción y los secretos de la astronave se precipitarán cuando el retorno a la Gran Nave sea un hecho…

El punto de partida de la historia y algunos de los elementos que van surgiendo le dan a la trama un sabor a tiempo profundo y a escala cósmica que la hacen muy atractiva. La novela tiene un buen ritmo y se lee fácilmente, aunque algunos detalles pueden resultar un poco insatisfactorios. Por ejemplo, los humanos proceden de un futuro no muy lejano en el que gracias a la ingeniería genética, la nanotecnología y los cráneos de biocerámica, la inmortalidad es prácticamente un hecho. En esto se podría trazar una analogía con Schild’s Ladder de Greg Egan, y como en aquel caso contribuye a que la tensión por la supervivencia de un individuo, y la simpatía por los mismos sea bastante pequeña. No obstante, hay que decir que mientras que en Schild’s Ladder los individuos guardaban copias de seguridad remotas de la mente y podían recontruirse a partir de las mismas en cualquier momento, aquí la reconstrucción requiere la recuperación física del cráneo de biocerámica, por lo que su destrucción es de facto la muerte final. Esto le da algo de fragilidad a los humanos, y se agradece en las situaciones de peligro. Puede también encontrarse alguna similitud en la trama relativa al aislamiento en la superficie de Médula con los acontecimientos de Pushing Ice de Alastair Reynolds. El cambio de ritmo una vez se rompe dicho aislamiento es brutal, y a partir de ahí el ritmo es mucho más rápido, lo que por una parte se agradece, pero por otra hace pensar que el tramo final podía haberse alargado un poco más. El desenlace final es un tanto ambiguo, en la medida en la que aunque se da una hipótesis consistente sobre el propósito de la nave, no se llega a verificar fehacientemente. Las posibilidades para una secuela son evidentes, y de hecho dicha secuela ya existe: The Well of Stars.

En resumen, “Médula” es una lectura amena y me ha dejado con ganas de hacerme con la secuela. De 1 a 5, la califico con 3.5 estrellas.

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Música para el domingo – Hyperactive (Thomas Dolby)

Publicado por Carlos en agosto 19, 2007

El domingo es día de asueto y nada mejor que un poco de música para amenizarlo. Por ejemplo, esta canción de Thomas Dolby de 1984 titulada “Hyperactive“. Esta canción fue quizás su mayor éxito, y en cierto sentido su canto del cisne, ya que a partir de ahí dejó los circuitos comerciales principales y se convirtió básicamente en un artista de culto. Además de por su peculiar estilo electro-funk, este tema tiene un vídeo muy interesante que hace uso de efectos visuales bastante buenos para la época, y que resultan divertidos de ver hoy en día. ¡Que lo disfruten!

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El magnetismo de las rocas de Marte

Publicado por Carlos en agosto 17, 2007

Viking on Mars¿Qué diferencias hay entre una roca de Marte y otra de la Tierra? Dependerá de la roca por supuesto, pero vamos a suponer que las dos son de composición química similar. ¿Habría entonces alguna diferencia notable? Pues sí: con gran probabilidad la roca de Marte estaría magnetizada mientras que la de la Tierra no. Esto puede resultar extraño a la vista de que mientras que la Tierra tiene un nada desdeñable campo magnético activo (que entre otras cosas nos protege de la radiación cósmica), Marte no lo tiene. La sorprendente explicación es que dicho magnetismo es una reliquia de hace más de mil de millones de años, cuando Marte era un planeta geológicamente activo que disfrutaba de un campo magnético análogo al de la Tierra. Entonces, ¿por qué no observamos ese fenómeno en la Tierra? La respuesta es que sí lo observamos, aunque no es lo más común. La mayor parte de las rocas terrestres tienen magnetismo inducido, esto es, alinean su momento magnético con el de la Tierra. A medida que la tectónica de placas hace que las masas continentales circulen, dicho magnetismo inducido cambia gradualmente, siempre de acuerdo con la alineación del campo magnético terrestre.

Sin embargo, no todas las rocas terrestres exhiben este tipo de magnetismo inducido. Hay algunas en las que su momento magnético permanece alineado con el que tenía la Tierra en el momento en el que la roca se creo. Se habla en este caso de magnetismo remanente. Podemos encontrar ese magnetismo remanente en diferentes formaciones rocosas terrestres. Por ejemplo, Phillip W. Schmidt y colaboradores, del CSIRO Industrial Physics de Australia y del Geological Survey de Noruega acaban de publicar un trabajo titulado

en el Journal of Geophysical Research. En este trabajo estudian la Peculiar Knob Formation sita en el Sur de Australia, de más de mil millones de años de antigüedad y con un magnetismo remanente más de 30 veces superior al de otras rocas de similar composición. La clave de dicho magnetismo está en la microestructura de la roca, y en la presencia de hematita con inclusiones nanométricas de magnetita en el interior de la formación rocosa. Un fenómeno similar se da en algunas zonas de Noruega, en las que el campo magnético remanente es tan fuerte que cancela más de la mitad del campo magnético terrestre, y hace imposible por ejemplo usar una brújula en dicha área. En este caso la presencia de nanopartículas de ilmenita dentro de los bloques de hematita crea un campo magnético estable que puede persistir durante eones. Puede verse por ejemplo el trabajo de Peter Robinson y colaboradores titulado

publicado en Nature hace cinco años. ¿Tendrán las rocas de Marte la misma microestructura? Habrá que ir allí a por unas cuantas y estudiarlas.

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